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Majora’s Mask, o ‘El primer amor nunca se olvida’.

Mi copia de Majora’s Mask amaneció, al igual que Ocarina of Time, en la mañana siguiente de Día de Reyes. Estaba envuelta en mis cobijas, en un gran blíster con el Expansion Pack incluido. Feliz, corté el empaque en mil pedazos y fui a probarlo, acompañada de mi hermano.

A pesar de los gráficos similares, la diferencia con Ocarina of time nos resultó obvia a toda la familia, dado el matiz más oscuro de este videojuego. En esta ocasión, solo yo me quedé atrapada por las rarezas que traía esta segunda entrega del juego que llegaba a mis manos. Intentando retomar el ritual de OoT, mi papá lo jugó durante un tiempo, pero extrañamente lo abandonó muy pronto. Fue el turno de Yakio de sacar la casta de la familia, y dedicarse a terminar el juego.

 

Cursaba yo el 6° año de primaria. No muchas personas compartían mi afición por Zelda. Hasta que, una vez, me senté a platicar con él…

No recuerdo exactamente cómo fue que pasó, o cuándo lo vi, o cuándo me acerqué a él. Yakio tenía pocos amigos (dos amigas, en realidad, pero eran muy buenas amigas n_n), así que no sé por qué empecé a hablar con él. Era un muchacho delgado, de cabello negro y lacio, ojos vivarachos y como soñadores, siempre estaba jugando futbol o metiéndose en problemas. Llamémosle Miguel.

A mi mejor amiga de aquel entonces (Zuilly, mi compañera de videojuegos) le confesé que me gustaba ese niño. No sé muy bien qué sentía en aquel entonces, yo sólo sabía que Miguel me gustaba. Me gustaba verlo, me gustaba escucharlo, me gustaba pasar cerca de él. Pero, en realidad, creo que nunca hice nada para hablarle, mi madre siempre me dijo que yo era muy chica para andar pensando en amores (y si, en verdad lo era). Al menos, hasta que él me habló. Creo que me preguntó qué me gustaba hacer. “Juego videojuegos”, respondí sin ahondar demasiado en el tema. “¿Cuáles juegas?”, preguntó él de nuevo con cierto interés. “Ahorita estoy jugando Zelda: Majora’s Mask”.

“¿En serio?”, preguntó él con un brillo raro en los ojos, “¡Yo también! ¿En qué vas?”

¡Él también jugaba! ¿Sentiría la misma pasión que yo por Zelda? ¡No me importó! Sólo recuerdo que platicamos durante todo el receso. Él me dijo que estaba camino al templo del pico nevado (que yo ya había pasado) y que no podía en ciertas partes. Al terminar nuestra charla, se despidió prometiendo que platicaríamos al día siguiente.

Mi corazoncito empezaba sus pininos en esto de fijarse en alguien. De un momento a otro, ya empezaba yo a jugar MM para encontrar todos los secretos antes que Miguel, y poder compartírselos cada que lo veía. Seguramente era yo demasiado obvia, porque muchos otros compañeros me hacían burla cada que él estaba cerca, o yo me quedaba mirándolo, o preguntaba por él… Tal vez, Miguel lo notó.

Mi sub- búsqueda favorita de Majora’s Mask (y seguramente la de muchos fans) es, sin duda, la de Kafei y Anju. Ese era un amor tangible en un videojuego, el primero que no tenía que imaginar porque era explícito. Sin embargo, creo que no valoré la historia lo suficiente sino hasta muchos años después. Pero cuando completé esa búsqueda por primera vez, lo único que pasó por mi mente fue platicárselo a Miguel. Haber conseguido la Couple Mask (lo dejo en su idioma original por aquello de las malas traducciones :P ) no me había resultado sencillo, ya que eran demasiados pasos que tenía que recordar y seguir al pie, me equivoqué en muchas ocasiones y tuve que volver a empezar… en fin, me llevó varias semanas. Comencé a buscar a Miguel en la escuela, pero ya casi no lo veía. A veces sólo me saludaba de lejos. Al más puro estilo de una tétrica acosadora, comencé a seguirlo. Error, se alejó más. Alguna vez le pregunté en qué iba del juego, y me respondió con un seco “Ya casi lo acabo”.

Mi amiga Zuilly me reveló el porqué del cambio de Miguel.

 

Había cientos de niñas en la escuela, y él parecía interesado en una. Carmen, creo que era su nombre. A mí me parecía muy alta, y tenía formas mucho más femeninas que otras niñas de nuestra edad. Ahora que la recuerdo, quizá era un poco tosca. Llevaba la falda del uniforme escolar discretamente más arriba de lo permitido. Y además, era muy creída.

Junto con el amor, descubrí los celos. Miguel siempre se acercaba con ella, platicaban, y los veía comiendo juntos en el descanso. Yo seguía deseosa de platicar con él acerca de la Couple Mask.

No sé cuánto tiempo pasó hasta que tuve oportunidad de hablar con él. Creo que ya casi acababa el ciclo escolar. Me parece que fue durante algún evento escolar en el que había muchos niños fuera de clases. Nos pusieron en alguna formación para ver un bailable, y quedé muy cerca de él. Ése era mi momento. Me sentía triunfante, tan triunfante que un pensamiento nuevo me llegó a la mente: “Carmen jamás compartiría un Zelda con él”.

“ ¡Hola!”, saludé con la alegría de siempre, “¿Cómo vas con el Majora’s? ¿Qué crees? Conseguí otra máscara bien difícil.”

“ Ah.” Respondió él secamente, “ Pues yo ya casi no juego. Los videojuegos son cosas de niños”.

Luego me miró como con tristeza.

“ Cosas de niños, ¿entiendes? Se supone que sólo los niños juegan videojuegos. Eres como un niño.”

Esa fue la primera vez que mi corazoncito hizo ‘crack’. Pero no tanto por el hecho de haber sido tan fríamente rechazada por Miguel, si no por lo otro que dijo. ¿Acaso jugar videojuegos me hacía menos femenina?

Llegué a casa, triste. Hice mis deberes, mi ayuda en el hogar, y me dispuse a seguir jugando. Acababa de pasar el cañón Ikana, ya con la máscara de Garo. La canción de la Casa de Música, los gemidos de los gibdos, todo el terrorífico ambiente propicio para ponerle los pelos de punta a cualquiera…no hicieron mella en mí. Seguía pensando en las palabras de Miguel, y mi mamá lo notó. Con toda mi confianza, le platiqué a mi progenitora lo que me había dicho ese ingrato. Su respuesta me dejó aún más fría.

“Tiene razón, eso ya se te hizo vicio. Ya vas a entrar a la secundaria, deberías madurar.”

Segundo KO en el día. Apagué mi N64, y me fui a mi habitación. Pensé muchísimas cosas aquella tarde. ¿Mi mamá realmente opinaba eso? ¿Qué había de las noches jugando OoT? ¿Qué había sido de aquella mujer viciada con el Super Mario Bros y Galaga? ¿Por qué me estaban dando algo que, en su opinión, no debería tener?

Dos veces más intenté jugar de nuevo en los días sucedáneos. No pude.

La primaria terminó, y la última vez que vi a Miguel fue en la ‘graduación’. No me dirigió la palabra.

 

Mi Nintendo 64 quedó algún tiempo en el olvido, con la partida de Majora’s inconclusa. La transición de un nivel escolar a otro trajo consigo muchos cambios, tanto físicos como mentales. Cambié los videojuegos por el anime (furor que regresó a mi país por aquellos años), pero a mi madre tampoco le parecía eso, “Las caricaturas son cosas de chiquitos. Y más eso que ves, SON DE NIÑOS”. Parece que todo en el mundo está estereotipado en cosas de niñas o niños. ¡Carajo! ¿Quién escribió que los videojuegos o el anime son para un género u otro? 

A mediados del segundo año de secundaria hubo un evento que me hizo cambiar mi forma de pensar (evento que les narraré en otro post, ya que también tiene que ver con Zelda). Más bien, me tranquilizó. Aquella tarde regresé a casa, desempolvé mi N64, y coloqué mi cartucho dorado con su etiqueta en 3D. Mi madre me lanzó una mirada inquisitoria, pero no me dijo nada. Mi juego seguía donde lo había dejado salvado, el Valle Ikana, cerca de la casa de música. Como tenía años que no tocaba ese juego, se me puso la piel de gallina al escuchar la melodía y los lamentos de los gibdos. ¿Cómo había cambiado esa emoción por algo tan falaz como un comentario infantil? Seguí jugando toda la tarde. Y muchas tardes más, hasta que lo acabé. Y lo terminé con todas las máscaras y, por supuesto, la Fierce Deity Mask (OH, DIOSAS!!!!).

Al acabar en aquella primera ocasión Majora’s Mask entendí muchas cosas más del juego que cuando era más niña. Volví a jugarlo, y mi corazón se estrujó al entender ya más de los diálogos, de las situaciones. Y claro, más sobre la historia de Kafei y Anju, que desde entonces me ha inspirado para escribir muchísimas historias.

Esta situación me llevó a entender muchas cosas. Lo que yo sentía al jugar, tal vez no muchos ‘niños’ lo sentían. Ni todos los niños juegan videojuegos, ni todas las niñas visten como adultas y buscan pareja. A lo mejor si hay videojuegos dedicados para un género u otro, pero definitivamente Zelda no está entre esos. La profundidad, y al mismo tiempo simpleza en la historia, la variedad de sus personajes…las evidentes historias de amor, de amistad, y particularmente en Majora’s Mask, el sentimentalismo oscuro que rodea cada una de las historias, me dejó un muy rico sabor de boca. Desde entonces, ya no me interesa si me dicen que esta o tal cosa es para varones, si ya estoy grande para jugar, o cualquier cosa. El chiste es sentirse bien con uno mismo, haciendo lo que más nos gusta (mientras que esto no dañe a terceros), y si tiene algo que ver con TLOZ, mejor.

Pero, ¿y qué pasó con Miguel?

No lo vi en muchos años, prácticamente desde que acabamos la primaria. Casualmente, lo encontré hace algunos meses, en una zona cercana a nuestra vieja escuela. Me vio y me saludó muy efusivamente. A mí también me dio mucho gusto verlo, ya somos adultos, y seguramente hay muchas cosas que nos dijimos de niños, que no recordamos. Me platicó que estudió una carrera en una universidad de paga, que tuvo problemas de alcoholismo, y que actualmente trabaja y le va muy bien.  Sigue siendo muy simpático, con su cabello lacio y negro y sus ojos vivarachos y soñadores, ahora es mucho más alto y, he de decir, de buen cuerpo.

Me dijo que si salíamos algún día. He olvidado llamarlo :P

 

¿Has tenido problemas por tu gusto hacia esta saga? ¿Te has sentido orgulloso por tu fanatismo desmesurado? ¡Compártelo con todos!

 

PS: Agradezco la respuesta que tuvo mi primer artículo en esta gran página. Si me lo permiten, me gustaría escribirles, al menos una vez por semana, alguna de mis aventuras relacionadas con The Legend of Zelda. Esto, a menos que haya alguna noticia que merezca prioridad, ¿Les parece? ¡Gracias totales!



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  • Edgar Zavala Flores

    No conocía esta faceta de ti Yakio. Eres una verdadera Gamer, Y quien diría que ahora esas cosas que supuesta-mente estaban resguardadas para “niños”, son jugadas por falsas Gamers, que ironía que con eso ya estas chicas hasta “ligan”.