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Cuando Zelda intercambio heroísmo por la moralidad de los sueños

Articulo escrito originalmente en Ingles por Anthony John Agnello, redactor de la sección Gameologic de la revista AVClub. Traducción por Wallace.

 

El vacío moral de los sueños es desconcertante. La otra vez me encontraba caminando con mi gato en las rutas de Pennsylvania, de vuelta a la universidad. Estaba distraído y me había saltado otra clase. Típico. Cuando un auto golpea a mi gato, alcanzo al conductor a pie y le golpeo hasta que pierde el conocimiento. ¿Qué demonios estaba ocurriendo? Descuidé mis responsabilidades como estudiante, amo y pacifista. Pero mi persona en sueños sólo se deja llevar. En el mundo de los sueños no existen límites morales, y estamos ante su merced.

Una de las características más importantes de La Leyenda de Zelda es su certitud moral. Link salva la princesa cercenando a un monstruoso cerdo azulado. Navega el vasto océano para evitar que la oscuridad cubra el mundo. Pero Link’s Awakening no es tan sencillo. Link no salva al mundo al final de su desventura de Game Boy, él simplemente despierta como soñador perturbado por pesadillas, y como cualquier otra imagen de ensueño—sea arquetipo jungiano o simple residuo mental—no está claro si lo que se hizo fue lo correcto. Por cuestionar la voluntad de Link, por su matiz de incertidumbre, y por capturar la corriente ilógica de los sueños, Link’s Awakening se siente mas humano que cualquier otro juego de Zelda.

Al igual que los sueños alimentados de comida chatarra, Link’s Awakening transiciona tranquilamente hacia su rareza transmutada. En contraste con el siniestro y rotundo surrealismo de Majora’s Mask, a Link’s Awakening se lo siente familiar aunque retorcido al comenzar la aventura. Nuestro héroe, cansado de su típica búsqueda de triángulos dorados en Hyrule, se aventura al vasto océano, pero una tempestad voltea su embarcación, y Link naufraga. Al despertar en la verde isla de Koholint no hay aventura todavía. Una mujer llamada Marin rescató a un Link con sólo su túnica y un escudo. Su padre afirma la existencia de una espada, pero peligrosas criaturas merodean los alrededores, por lo que Link deberá recogerla por su cuenta.

Buscar los objetos necesarios para la aventura es el procedimiento usual de un Zelda. Aun en el extraño Koholint, la jornada de Link le será familiar a cualquier aventurero. Hay una tranquila aldea poblada por los excéntricos de siempre, y una típica infestación de monstruos por la playa. Como si de un Hyrule retorcido se tratara. Pero es cuando Link recupera su espada en la playa que las cosas se ponen raras. Un enorme búho se le aparece volando y le dice que el único camino para abandonar la isla es despertando al Pez Viento, y que aclarará las cosas cuando vuelvan a encontrarse al norte de ahí.

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Puedo imaginarme lo aburridos que estarán los amigos de Link del relato del sueño : “En serio, tío, fue ridículo. Me desperté en una playa, ¿verdad? Y esta chica me estaba cuidando en un lugar que parecía Hyrule, pero no era Hyrule. ¡Y un búho parlante dijo que debía despertar a un Pez Viento! ¿Qué crees que signifique?” En el juego, nunca te detienes a pensar qué significa todo esto. Link no tiene ninguna razón para seguir al búho o despertar al pez—no es lo correcto para hacer, sino una posible ruta de escape de la isla. Como en la nebulosa de los sueños, la única elección es seguir adelante a pesar de la carente lógica.

Y así la gira de Link por por Koholint continúa con un non sequitur tras otro. El Pez Viento duerme en un huevo gigante en la cima de una montaña. Lo despiertas reuniendo ocho instrumentos y tocando una triste canción a los animales solitarios. Para obtener uno de esos instrumentos, debes rescatar a un perro que come plantas indestructibles. Koholint carece de la lógica interna que guía a la típica historia de fantasía, esta aventura en cambio es guiada por impulso. Cada vez que el deber de Link parece tan ilógico como para detener y hacer dudar a una persona consciente—”¿Estoy soñando?”—el búho aparece y le empuja hacia adelante.

Debido a lo fácil que es dejarse llevar por este impulso, uno puede tardar en comprender que las acciones de Link no son necesariamente buenas. Los habitantes del pueblo viven tranquilamente sin Link (a excepción del ocasional secuestro de perros). Los monstruos que protegen los instrumentos musicales no causan problemas a nadie. Link es quien entra a sus casas, rompe sus cosas, y los despoja de sus tambores y violines. Los guardianes al final de cada laberinto tampoco simpatizan con las “conquistas” de nuestro héroe. Son grotescos y de advertencias inquietantes. “No pareces entender qué clase de isla es ésta,” dice el gusano gigante escondido tras las paredes del calabozo. “¡Si el Pez Viento despierta, todo en esta isla desaparecerá por siempre! Y me refiero a todo.” expresa un rostro que emerge del suelo.

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Más tarde, cuando Link encuentra un mural representando aparentemente una enorme ballena con un búho de guía, parecen confirmarse las palabras de los monstruos: Koholint solo existe en la mente del Pez Viento. No sólo tu aventura es éticamente cuestionable, sino también podría amenazar tu propia existencia. En el mejor de los escenarios, el despertar del Pez Viento te dejaría varado en medio del océano. En el peor, tú también serías parte del sueño.

Pero no tienes elección. Lo único que puedes hacer es continuar con el juego, reunir los instrumentos, posarte frente al pez, y tocar “La Balada del Pez Viento”. Existe un alivio al doblegarse uno al destino. Los sueños acaban, y si no es un sueño, todo acabará eventualmente. Aun aburrido en Hyrule salvando princesas, Link tendría que lidiar con su eventual muerte. Link’s Awakening se convierte en un juego donde debes poner un pie frente al otro aun después de darte cuenta del inevitable final. Una fatal marcha sin el noble manto de salvar al mundo, pero que es una experiencia mucho más universal.

De una forma muy acorde al resto del juego, el huevo del Pez Viento no deja libre a un pez mágico cuando Link toca su balada. Dentro hay otro laberinto que esconde a un último monstruo, una forma cancerígena que va mutando durante la lucha. Cuando le das el golpe final, tu enemigo te explica quien estaba protegiendo los instrumentos: Las bestias eran pesadillas que no querían morir. Es posible que Koholint desaparezca con el despertar del Pez Viento, o tal vez no. Sea cual sea el caso ya es muy tarde: Link despertó al Pez Viento, una ballena alada cubierta en diamantes y alfombras persas. El búho es parte del alma del pez. Por supuesto que lo es. ¿Por qué no? Cuando el pez cayó dormido, soñó este mundo y fue atrapado en un huevo. El pez entonces le pide a Link despertar juntos.

Ocurre como en el mejor de los escenarios. Link despierta del sueño en el océano, rodeado por el naufragio de su embarcación. Mira al cielo y ve una nube cubriendo al sol, o quizás una enorme ballena cubierta en alfombras. ¿Realmente ocurrió? ¿Es Link todavía un héroe si mató a esos monstruos que sólo deseaban seguir viviendo? ¿Qué significó todo esto?

¿Quién sabe? Los sueños carecen de sentido. Son fuerzas de la naturaleza, fuera de nuestro control. Son algo humano, y por eso Link’s Awakening trasciende de sus sus raíces fantásticas. Sea la experiencia un sueño de Link o del Pez Viento, ambos deben confrontar algo que muchos confrontamos cada mañana al emerger del mundo de los sueños a una supuesta realidad más significativa.

 

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