Historia El robo de Ura Zelda

Tema en 'Fan-O-Rama' iniciado por Akito_Kun, 7 Feb 2018.

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  1. Akito_Kun

    Fortianitas recibidas:
    1
    Demonclaw permaneció arrellanado en el asiento trasero del auto que manejaba Zombiefolk. Era extraño que se conocieran a través de unos apodos tan poco ortodoxos.

    De hecho, hasta unos pocos días atrás en que lograron concertar una reunión por Skype, aún no se habían visto los rostros y sólo habían hablado a través de un foro perdido en los confines del Internet.

    Avanzaron por las calles más sórdidas de la ciudad, hasta que se detuvieron ante una vieja casa de madera. Al bajar, Demonclaw miraba en derredor suyo como si supiera que estaba siendo observado, y extrajo ceremoniosamente un caramelo de banana de su bolsillo.

    Zombiefolk tocó el timbre y permaneció a la espera hasta que la puerta se entornó con un chirrido.

    Ambos se miraron con desconfianza y avanzaron por el portal hasta que se encontraron con algo que no esperaban.

    Allí había un ser enfundado en un extenso manto. Su rostro estaba cubierto por la oscuridad con la excepción de un ojo ciclópeo que emanaba un resplandar rojizo. Detrás de él habían una serie de estanterías con frascos, dentro de los cuales se hallaban unos pequeños seres fatuos que se contorsionaban frenéticamente en la cautividad de su prisión y bullían por salir.

    Zombiefolk y Demonclaw abrieron sus mochilas y extrajeron unos frascos con un contenido idéntico.

    -¿Esas son sus almas? - preguntó el extraño ser con una voz gutural.

    Demonclaw asintió.

    -¿Y qué esperan que les conceda a cambio de ellas?

    -Queremos un cartucho de Ura Zelda - respondió Zombiefolk intimidado.

    -Mmm, temo que esto no es suficiente. Y aún si quisiera, no podría darles lo que desean.

    -¡Rayos! - exclamó Demonclaw

    -Pese a lo cual, puedo revelarles la ubicación del cartucho. Tengo un interés personal en el artículo, pero no soy lo suficientemente estúpido como para intentar robarlo.

    -Nosotros sí. Y bien, ¿Dónde está?

    El ser misterioso le hizo un ademán a Demonclaw para que se acercara, y entonces le susurró al oído las siguientes palabras:

    Nintendo Research Center, Kyoto, Japón

    -¿Y cómo se supone que llegaremos hasta allí?- preguntó Zombiefolk incrédulo.

    -Soy un traficante de espíritus, no un agente de viajes. Buen día caballeros.

    Zombiefolk adoptó una expresión resignada.

    -Me voy a jugar Skyrim. See you later, homie.

    15 AÑOS DESPUÉS

    Los dos amigos avanzaban a la luz de una potente linterna adosada a un rifle M16 a través de un amplio almacén donde habían cajas y cajas cuidadosamente selladas.

    -¿Buscaban esto? - preguntó una voz de marcado acento japonés.

    Ambos se voltearon sobresaltados. Ante ellos se hallaba un hombre enmascarado.

    En su mano izquierda empuñaba una réplica increíblemente fiel de la Espada Maestra. Y en su mano derecha se hallaba un cartucho con la carátula de Ocarina of Time ligeramente alterada y con texto en japonés.

    Los dos ladrones apuntaron con sus armas instintivamente:

    -Quien quiera que seas, no queremos lastimarte. Entréganos el cartucho.

    -Por supuesto que no quieren lastimarme. ¡Por supuesto que no osarían dispararle al padre de la franquicia de videojuegos más magnífica de todos los tiempos!

    El hombre se despojó de la máscara y la arrojó a un lado.

    -¡Shigeru Miya...!

    Antes de que Zombiefolk lograra terminar su frase, Miyamoto había ensartado su espada en el corazón de su adversario.

    -Parece que no aprendieron nada de mis juegos. Nunca deben perder la concentración.

    Entonces, el afamado desarrollador de videojuegos ejecutó un backflip asesino que arrojó a su contrincante varios metros por el aire hasta que su cuerpo sin vida se estrelló violentamente contra una estantería y quedó sepultado debajo de decenas de pesadas cajas de Virtual Boys fuera de circulación comercial.

    Demonclaw temblaba de pies a cabeza, perplejo como estaba. Miyamoto saco un pañuelo de su bolsillo y limpió la hoja de la espada, al tiempo que decía:

    -Este lugar ya no es seguro ¿Sabes? Lo volaremos en pedazos. Pero no te preocupes. Voy a cumplir tu último deseo.

    Miyamoto extendió su mano y despidió un poderoso haz de luz que impactó de lleno sobre Demonclaw, quien sintió un dolor devastador que le hizo perder el conocimiento.

    Cuando despertó, estaba fuertemente atado en una silla soldada al suelo. Frente a él se hallaba una Nintendo 64 con el fatídico 64DD adosado a su parte superior y el cartucho de Ura Zelda enchufado.

    La consola tenía la peculiaridad de poseer una pequeña pantalla con un contador decreciente. En dos horas, Demonclaw moriría.

    Se dice que media hora antes de perecer, Lloyd Smith inició el traspaso de los archivos del cartucho a una tarjeta flashcart que arrojó por un tragaluz. El dispositivo habría sido parcialmente alcanzado por la explosión, lo cual incrementó la distancia de su trayectoria exponencialmente y hoy día cientos de personas exploran los alrededores de Kyoto con la esperanza de dar con él.
     
    Wallace le dio Fortianita a este mensaje

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