El Templo de Piedra [En Juego]

Tema en 'Dados' iniciado por Pali, 18 Ago 2013.

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  1. Xavier

    Xavier Xanatos Gambit
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    ¡Una lechuga salvaje ha aparecido!

    En los días libres

    A Furanku

    Revisas detenidamente las inscripciones del cuchillo, pero no sabes reconocerlas ni te suena haber leído sobre ellas hoy. Sin embargo hay algo en ellas que te parece vagamente familiar, aun si no distingues exactamente qué.

    A Furanku y Legend

    Los guardias los dejan pasar gracias a la carta que Tahmid le dio a Fegaer. La biblioteca sigue abierta, pero Taska, la bibliotecaria, ya no se encuentra en ella. Intentan buscar ustedes mismos información al respecto, pero sin la guía de un experto es difícil. La biblioteca es un recinto enorme y los estantes dan la impresión de llegar hasta el cielo. ¿Por dónde empezar? Mientras recorren las filas de libreros, un zora de aspecto grave les detiene el paso.

    -Lo siento, pero ya es hora de cerrar la biblioteca. ¿Estaban buscando algo específico? Sus rostros no me suenan de nada, ¿se supone que estudian aquí?

    Cuando le explican su situación y muestran el cuchillo, el zora se queda pensando unos momentos.

    -No me suena ese estilo de escritura, así que no sabría decirles si aquí hay algo al respecto. Pero conozco a un hombre que tal vez sea lo que buscan. Es un erudito en cuestiones de historia y culturas antiguas. Su nombre es Duncan Hervon. Vive con su nieta y su sobrina a diez minutos de aquí caminando hacia el norte. Esperen que les anote las indicaciones precisas.

    Siguiendo las indicaciones del hombre, se apresuran a buscar la casa del señor Hervon. Pronto encuentran un hogar que coincide con la descripción dada y tocan a la puerta. Quien la abre es una niña humana que no puede pasar de los diez años.

    -¿Qué necesitan? -pregunta mirándolos con curiosidad.

    Cuando le explican lo que pasa, la niña hace un gesto de puchero.

    -Abuelito no está, fue a visitar a un amigo. Vuelvan después, ¿sí?

    Pero la niña ve algo detrás de ustedes que la hace sonreír y agitar las manos. Cuando se giran para averiguar de qué se trata ven a una muchacha humana de pelo café oscuro y aspecto tímido cargando entre sus brazos una pesada bolsa.

    A Furanku

    La muchacha que se acerca a ustedes y que parece haber sido recibida con gusto por la pequeña es nada más y nada menos que Taska. La bibliotecaria parece muy sorprendida por verte en el portal de su hogar.

    A Furanku y Legend

    -¿Qué haces aquí? -pregunta la muchacha dirigiéndose a Fegaer-. ¿Me buscabas para algo? No sé si puedo serte de mucha ayuda para cosas que no estén relacionadas a la biblioteca...

    -¡Buscaban a Abuelito, Taska! ¡Necesitan su ayuda para algo!

    -¡Oh! ¡Gracias, Sole! -Taska levanta las cejas y asiente luego de dirigirse a la niña-. ¿Necesitaban a mi tío Duncan? ¿Puedo preguntar exactamente para qué?

    Acciones
    -Libres.

    [hr]

    A Säbel

    -Sí, se les olvidó, ¿puedes creerlo? -te pregunta con un tono de indignación-. Pues, el pobre estaba en condiciones horribles, lo tenían en las mazmorras más oscuras y descuidadas del Palacio, llevaba varios días sin comer y apestaba horriblemente. Lo primero que hice fue ofrecerle comida antes de ordenarle que se diera un largo baño. Desde entonces no ha salido de casa porque le dio fiebre y ha estado débil, pero espero que pronto pueda recuperarse y volver a ayudarme aquí en la herrería.
    -El placer ha sido mío, y gracias a ti, de no ser por ti no sé qué hubiera pasado con mi hijo, un simple cuchillo no puede pagar que le hayas salvado la vida. Siéntete libre de pedirme cualquier cosa que necesites, estoy a tus servicios -termina mientras estrecha tu mano.

    En el funeral

    El teniente te mira esperando pacientemente a que termines de ordenar tus ideas. Tratando de recordar, te percatas de que te equivocabas, pues realmente no viste a ningún zora en el grupo al que Donter daba órdenes. Eran siete humanos que parecían muy asustados, tres de los cuales tenían mucha sangre por toda su ropa, aunque no estás segura de si era por heridas propias o no. Los tres heridos corrieron en una dirección, los otros cuatro se dividieron en dos parejas y cada una se fue en direcciones disintas también. Un miembro de una de las parejas cojeaba, situación que te pareció extraña porque no parecía tener heridas.

    A Furanku, Kike y Säbel

    En el banquete

    Bagu baja la cabeza y suspira profundamente al escuchar eso.

    -Eso me hace sentirme peor, porque es cierto, él buscó acercarse a mí y yo lo rechacé. Fui un pésimo hijo...

    [hr]

    A Furanku, Kike, Legend, Säbel, Soria y Yuki

    Con Tahmid, luego del funeral

    Tahmid escucha toda la confesión de Adyna sin hacer ni un gesto. No corresponde ni siquiera a la sonrisa que la zora le prodiga al final de su historia. Lo único que el Príncipe hace es observarla seriamente recargado en su asiento. Luego de unos segundos Tahmid suspira y mira al suelo.

    -Sabes lo que opino de lo que hiciste, Adyna. No creo que haya sido tu momento más brillante y el que hayas estado ahí podría traer problemas incluso si al final no contribuiste a liberar a Ephrym. Todavía más motivo para sacarte pronto de la ciudad. Creo que será mejor que salgamos mañana en la mañana, antes de que tengan tiempo de organizarse y averiguar de alguna manera que estuviste ahí.

    El príncipe mira a sus manos y luego sigue hablando.

    -Lo que me pregunto entonces es quién era ese sujeto con una daga mágica. ¿Por qué liberar a Ephrym? ¿Por qué esconder su identidad? Tal vez la Resistencia coló a alguien en el Palacio, tal vez tienen a gente encubierta trabajando aquí. Antes de partir hablaré con Petuel al respecto para que organice una investigación. Si puedo confiar en alguien que esté ahora mismo en el Consejo es en él. Namir partió luego de la ceremonia del funeral a Launa, parece que habían asuntos urgentes allá, aunque aparentemente no estaban relacionados con nuestro querido grupo de insurgentes.

    A Soria

    Cuando encuentras tu mirada con la del príncipe, primero te responde duramente. Pero a los cuantos segundos, lo ves encogerse ligerísimamente de hombros y dedicarte una fugaz sonrisa.

    A Legend y Yuki

    Tahmid les echa a los dos una mirada extraña en cuanto escucha eso. No parece molesto, pero definitivamente no parece complacido. ¿Acaso será que sabe todo y sólo no lo ha querido mencionar? Sin embargo el tema de la conversación pasa inmediatamente a otras cosas y el Príncipe no parece dedicarles ninguna otra atención especial.

    A Furanku, Kike, Legend, Säbel, Soria y Yuki

    -Me gustaría escuchar la información que sacaste de esa conversación, sí -dice el príncipe sin dar mucha señal de sorpresa-. Pero me interesan más las conclusiones que sacaste al respecto.
    Tahmid ahora sí parece sorprendido por esa reacción. Lo ven levantar mucho las cejas y mirar a Brizala casi con cautela.

    -Bueeeno -dice lentamente con un tono que sugiere levedad-, procuraré no cometer ningún error a partir de ahora. No quisiera tener que vérmelas contigo...

    Tahmid espera tu reacción antes de seguir hablando.

    -Ahora en serio, escuché un poco de la oportunidad de la que hablas y creo que te entiendo. Lo único que quiero asegurarte es que no debes sentirte obligada a acompañarnos. Si crees que tu lugar está aquí cumpliendo con tu meta, lo entiendo perfectamente. Si aun así quieres arriesgarte a acompañarnos, lo entiendo también y te recibo en nuestro grupo con todo el gusto del mundo.
    [hr]

    A Vicho

    Te acercas al librero y comienzas a sacar uno a uno los libros, de izquierda a derecha y comenzando desde arriba. Sin prestar atención a sus portadas o contenidos, simplemente haces distintas pilas según las filas para poder volver a acomodarlos una vez que hayas terminado. Cuando vas por las filas de abajo, te encuentras con que hay una grieta en la pared. Te sientas en el suelo para alcanzar la grieta con más comodidad, metes tu mano en ella y jalas esa parte de la pared, así notas que la grieta es en realidad la ranura de una puerta que conduce a un hueco. Adentro de ese hueco está un cofre que corresponde perfectamente a la descripción que te dio Tahmid. Lo tomas con mucha fuerza, pues parece pesado, pero te das cuenta en el último momento de que era demasiado ligero y, por hacer tanto esfuerzo, terminas cayéndote sobre tu espalda y tirando la última pila de libros.

    Te reincorporas rápidamente y acomodas cada una de las pilas de libros en su lugar, excepto la última, pues perdiste el orden en que iban, así que los regresas al librero de manera aleatoria. Luego de eso sales apresuradamente de la habitación y vas hasta la oficina de Tahmid.

    Al llegar, lo encuentras detrás de su escritorio. Lo saludas y él responde a tu saludo, luego te acercas y dejas el cofre encima de su escritorio.

    -Excelente trabajo, Kiogh, pero tenemos qué hablar. El escape del prisionero está sucitando muchos problemas. El Palacio ya no es seguro para mis asociados y yo también prefiero desaparecer del mapa un rato. Lamentablemente, eso también aplica para ti. Pronto investigarán y se darán cuenta de que hay un guardia nadie conocía y que empezó a trabajar justo cuando Ephrym llegó aquí. Por eso estaba pensando que podrías acompañarnos. Vamos camino a la Antigua Ikana a hablar con un antiguo amigo mío. No estoy muy seguro de si conoces allá, pero es un lugar muy bonito que todos deberían ver al menos una vez en sus vidas. ¿Qué opinas? Si te parece bien, mañana temprano te veré afuera de la muralla norte del Palacio.
    [hr]

    A Caballero Verde

    Después del funeral de Gladius, Tahmid te llamó por segunda vez en esa semana. Su mensajero te alcanzó antes de que abandonaras el palacio, pues te quedaste luego del banquete, así que te apresuraste por los corredores y jardines hasta su torre, para luego subir las escaleras y llegar a su oficina. Cuando vas cruzando su puerta te topas con un guardia que va de salida, pero no le haces mucho caso. Tahmid está, como usualmente cuando espera a alguien, sentado detrás de su escritorio. Llama tu atención que encima de él tiene un cofre azul con adornos de oro, que asumes que probablemente es el mismo del que te habló antes, la causa por la que requiere que viajes con él.

    En cuanto el Príncipe te ve, hace una leve y rápida inclinación de cabeza en señal de saludo.

    -¿Recuerdas lo que te había dicho? -te pregunta-. Resulta que surgieron algunas cosas y ahora tengo mucha prisa por salir, así que partimos mañana mismo. ¿Me acompañarás como habíamos quedado?

    [hr]

    Mañana del 26 de mayo del año 769 de la dinastía de Santral

    A Furanku, Kike, Legend, Säbel, Soria y Yuki

    La mañana del viaje ha llegado por fin. Las muchachas que atienden a Tahmid los despiertan y les muestran que les han preparado a cada uno una bolsa de equipaje con raciones de comida, tiendas de campaña y demás instrumentos útiles para andar por el despoblado. Tahmid los espera a las afueras de la muralla norte del Palacio, esta vez vestido como un trovador andante, con colores brillantes, un sombrero de tela e incluso un laúd colgado en su espalda. Debajo del sombrero su cabello se ve más oscuro de lo que suele estar. Cuando los nota, él les guiña un ojo y extiende los brazos como presumiendo su atuendo.

    Junto a él ya se encuentran ensillados los caballos y ponies que el grupo de Launa usó para viajar y regresar, caballos nuevos para Adyna y para Tahmid y, sorprendentemente, otras dos monturas. El Príncipe les sonríe enigmáticamente cuando nota que se percataron de eso, pero no dice más.

    Al cabo de un rato se acerca a ustedes un humano que debe estar en los veintes. Tiene rasgos afilados y pelo oscuro y largo que lleva atado en una coleta. Viste ropas de colores apagados, porta una espada atada en el cinto y tiene una expresión bastante seria, incluso quizá de desagrado. Tahmid se acerca a recibirlo y le da un par de palmadas en la espalda. Lo dirige a ustedes y los presenta.

    -Les presento a Kiogh Sohn, un buen amigo mío que lleva unos cuantos días haciendo trabajos encubiertos para mí. Él tuvo a bien en recuperar para nosotros el cofre que es nuestra única guía ahora -el Príncipe señala a un bulto especialmente grande que trae cargado su caballo-. Por ahora Kiogh se unirá también a nuestro viaje. Kiogh, ellos son Adyna, Brizala, Fegaer, Kyrek, Thymus y James.

    A Säbel, Soria y Yuki

    Ahora que lo ven de cerca, Kiogh les parece extremadamente familiar. Primero no logran distinguir exactamente de dónde, pero entonces recuerdan el rostro del guardia que los recibió durante sus respectivas visitas a la prisión de Ephrym. Definitivamente se trata de la misma persona. Sólo ha cambiado su peinado y su vestimenta.

    A Vicho

    A la mañana siguiente te presentas en el Palacio listo para el viaje, tal y como te pidió Tahmid. Cuando llegas a la muralla norte, ya se encuentra ahí el príncipe acompañado por un singular grupo. Hay dos mujeres y un varón zora, un humano bastante fornido y de aspecto rudo y dos pequeños deku que por su vestimenta también deben ser varones. Cuando te acercas más, te percatas de que conoces a las dos zora y a uno de los deku, pues fueron a visitar a Ephrym y sostuvieron interesantes conversaciones con él. Te es un poco incómodo verlos de nuevo, esta vez sin tu disfraz de guardia, pero haces lo posible por ignorarlo.

    El príncipe se acerca a recibirte y te presenta con el resto del grupo.

    -Les presento a Kiogh Sohn, un buen amigo mío que lleva unos cuantos días haciendo trabajos encubiertos para mí. Él tuvo a bien en recuperar para nosotros el cofre que es nuestra única guía ahora -el Príncipe señala a un bulto especialmente grande que trae cargado su caballo, que seguramente tiene el cofre que robaste la tarde anterior-. Por ahora Kiogh se unirá también a nuestro viaje. Kiogh, ellos son Adyna, Brizala, Fegaer, Kyrek, Thymus y James.

    A Furanku, Kike, Legend, Säbel, Soria, Vicho y Yuki

    Después de poco rato se acerca a ustedes otro humano varón. Se trata de un hombre con ya algo de edad, aun si no tiene una gran cantidad de arrugas. Su pelo es blanco inmaculado, liso y baja suelto hasta sus hombros. Trae un bigote de tamaño medio y una perilla que no es exactamente una barba, ambos del mismo color que su cabello. Tiene ojos grises y están cubiertos por un par de quevedos que le dan cierto aire intelectual. Trae pantalones oscuros y una camisa blanca que cubre con un abrigo de gran cuello color azabache. Lleva unas botas oscuras con detalles plateados y porta una gran bolsa en su espalda. Su mano izquierda está adornada por un vistoso anillo dorado que tiene una piedra roja en su centro.

    -Éste es Duncan Hervon -les dice Tahmid cuando el hombre se ha parado junto a ustedes y los observa con algo de curiosidad-. Es un profesor de la Academia que imparte historia, geografía, filosofía y cualquier humanidad que le pongas enfrente, y tengo entendido que últimamente le ha dado por estudiar algo de magia. Es un buen amigo tanto de Gladius como de la persona que vamos a ir a ver, y aparte es un hombre de mi total confianza, así que le pedí que nos acompañara para facilitarnos las cosas. Duncan, ellos son Adyna, Brizala, Fegaer, Kyrek, Kiogh, Thymus y James.

    A Caballero Verde

    A la mañana siguiente te presentas en el Palacio listo para el viaje, tal y como te pidió Tahmid. Cuando llegas a la muralla norte, ya se encuentra ahí el príncipe acompañado por un singular grupo. Hay dos mujeres y un varón zora, el último de los cuales te parece vagamente familiar, un humano bastante fornido y de aspecto rudo, otro humano mucho más delgado y de aspecto muy serio y dos pequeños deku varones.

    Cuando estás cerca del grupo, Tahmid te hace una seña y los presenta.

    -Este es Duncan Hervon. Es un profesor de la Academia que imparte historia, geografía, filosofía y cualquier humanidad que le pongas enfrente, y tengo entendido que últimamente le ha dado por estudiar algo de magia -eso último lo dice con cierto tono escéptico que te hace preguntarte qué opina al respecto-. Es un buen amigo tanto de Gladius como de la persona que vamos a ir a ver, y aparte es un hombre de mi total confianza, así que le pedí que nos acompañara para facilitarnos las cosas. Duncan, ellos son Adyna, Brizala, Fegaer, Kyrek, Kiogh, Thymus y James.

    A todos

    -Una cosa más -les dice Tahmid cuando las presentaciones han terminado-. Como es obvio, no puedo andar por ahí y decir que soy el príncipe. Esta vez tomaré el papel de un trovador andante, así que mi nombre será Bravlio, aunque supongo que pueden decirme Brav si les parece muy largo. Obviamente también habrá que dejar atrás todos esos molestos modos formales que se suele usar con la gente en mi posición. ¿Qué les parece?

    Una vez que todos están listos, parten de inmediato. Como aún no se levanta el alba, Santral está todavía en total silencio, no encuentran apenas a ninguna persona, pero así es mejor, considerando lo que están por hacer. Al llegar a la salida oeste de la ciudad, Tahmid se baja de su caballo y le entrega al guardia que la cuida una carta sellada. El guardia la abre y la lee con curiosidad, pero se aparta y empieza a abrir para ustedes las puertas, no sin echarles una mirada de desconfianza.

    Una vez en el campo se sienten más libres de lo que se sintieron estando en la ciudad. Tahmid les insiste que cabalguen a todo galope para poner distancia entre la ciudad y ustedes, así que gran parte de la mañana se la pasan concentrados en avanzar todo lo posible. Por la tarde los caballos y ponies parecen agotados, así que rebajan el paso y comienzan a disfrutar del paisaje. Hay tiempo para conversaciones y Tahmid les demuestra que sabe usar el laúd y que tiene una voz bastante melodiosa para cantar. Todo el día solo hacen las paradas básicas para comer y estirar las piernas, pero el Príncipe no permite que se detengan realmente hasta que la noche empieza a caer. El lugar que elige el Príncipe es la orilla de un río, con mucho pasto para que los caballos puedan alimentarse y un espacio cubierto por árboles que es genial para poner sus tiendas de campaña y protegerse de las inclemencias del tiempo. Pero incluso por encima de los árboles, se levanta la Torre de Piedra que durante todo el día han visto crecer lentamente frente a ustedes. Saben que actualmente es la base militar más grande del reino, pero aun si su uso es algo común hay algo en su presencia y el motivo que originó este segundo viaje que los hace sentirse un poco incómodos.

    A Soria

    Este lugar te resulta bastante conocido, pues se trata del mismo río en el que pasaste aquella primera noche de guardia con Tahmid. En aquel entonces el grupo con el que estabas era completamente distinto. Ahora la única constante es el mismo Príncipe.

    A Caballero Verde

    Este lugar te resulta vagamente conocido, pero de buenas a primeras no recuerdas exactamente por qué. Sin embargo, cuando volteas hacia Tahmid y lo ves atareado montando una tienda de campaña te viene a la mente una ocasión al menos ocho años atrás en la que el joven Príncipe y Gladius te acompañaron a la Antigua Ikana. Esa vez acamparon justo en este punto y, a la luz de la fogata, les contaste una de tantas leyendas asociadas a la construcción de la Torre de Piedra, aunque ahora mismo no puedes recordar qué versión fue. Te preguntas si Tahmid se acuerda de esa ocasión y si el lugar le recordará a Gladius. Pero el Príncipe no da muestra alguna de tristeza ni en sus gestos ni en sus palabras ni en su mirada. Claro, sabes que eso de mostrar emociones negativas no ha sido algo común en él desde hace ya bastantes años. Si alguien podría engañarte y fingir sus emociones es el mismo Tahmid.

    A todos

    Una vez que se han establecido y el Príncipe ha encendido hábilmente una fogata, se reúnen en torno a ella para calentar sus manos y tomar una pequeña cena.

    -Deberíamos tomar guardias -les comenta Tahmid cuando termina de comer-. No es que estemos esperando mala compañía ahora mismo, pero siempre es útil ser precavidos. Somos nueve personas, así que podemos hacer turnos de dos horas en parejas. Yo puedo estar en dos turnos, no soy muy bueno para dormir cuando estoy viajando. ¿Qué opinan?

    Acciones
    -Se ponen de acuerdo para hacer guardia.
    -Como verán, hay mucho para interactuar y esas cosas bonitas de las que se tratan los juegos de rol :roll:

     
     
  2. Soria

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    Cuando escucho esta respuesta, no siento remordimiento ni preocupación por mi persona… únicamente siento mucho complicarle las cosas al príncipe y seguir aún aquí. Algo en lo más profundo me dice que debo mantener la seriedad, de suerte que aprieto ligeramente los labios al escuchar los planes del príncipe y al final hago un asentimiento con la cabeza.

    Lo que me sorprende al final es que los dekus no hayan dicho nada, digo… no tienen por qué ocultar las cosas si estamos… en confianza. Aunque no puedo culparlos tampoco.

    Después de hablar sobre lo ocurrido, me sorprende la risa de la muchacha Brizala, así que vuelvo ligeramente la mirada y escucho lo que tenga que decir. Después dice algo que me toma totalmente por sorpresa:

    Inconscientemente despego los labios y frunzo ligeramente el ceño.

    No estoy muy segura de entender bien: ¿no debemos hacer tonterías que arruinen su oportunidad?

    Recargo mi espalda del respaldo, echo mi cabeza hacia atrás y cruzo mis brazos sobre mi pecho.

    Es una advertencia extraña, una petición difícil. ¿Quién puede ser capaz de asegurar que las decisiones tomadas traerán un buen o mal resultado? ¿Acaso se pueden prever las consecuencias? Al menos a mí me parece difícil, puesto que soy de la idea que aún cuando evaluemos todas las probabilidades, nada nos garantiza que nuestra decisión es la mejor. Yo creo que estamos un poco a merced del azar, de manera que aún cuando mis intenciones sean no arruinar la oportunidad de alguien, nada me asegura que incluso lo más lógico y “correcto” tendrá un feliz desenlace. Además… creo que si me encontrase en la misma situación, si se me obligase a decidir de nuevo, elegiría una y mil veces salvar a un hombre, por sobre todas las cosas. Todo lo que ocurre en vida puede arreglarse, o al menos llegar a un acuerdo. Sin embargo, la muerte no tiene remedio alguno.

    Cuando escucho las palabras que el príncipe le dirige a la muchacha, sonrío. Usualmente intentaría decir algo parecido, pero aún cuando tenga ganas de hablar… siento que no debo hacerlo, ¡qué extraño!

    Finalmente me encuentro con los ojos del príncipe y me parece advertir, al menos por un momento, una sonrisa. Supongo que eso quiere decir que aún cuando esté molesto conmigo no piensa... deshacerse de mí.

    ***

    A la mañana siguiente, muy temprano, las doncellas nos guían al lugar donde habremos de partir. Ahí me encuentro con un nuevo caballo, pero además veo al príncipe vestido de manera escandalosa… ¿eso es ir encubierto? Después nos explica que se hará pasar por un trovador callejero y que le llamemos Brav, ¡Brav mis aletas! Así corto parece el nombre de un quinceañero. Bravlio es un mejor nombre, más imponente.

    Oh, sí, he visto antes a esos trovadores en Lábrida… son esos los que cantan en los bares, ¿no? Me gustan esos sujetos, siempre que están presentes en los bares hay ríos de cerveza, canciones y gritos de alegría. Uno olvida quién es y se siente unido a todos los presentes a través de las canciones, sea goron, sea zora, sea humano, así vomite o diga estupideces. Sí, qué buenos recuerdos, creo que llegué a prodigar fuertes palmadas en la espalda de algún humano, y llegué a recibir abrazos de algún goron que amenazaba con romperme, "cariñosamente", todos los huesos.

    Sumergida en mis recuerdos, escucho la presentación de dos hombres. ¡Y menuda sorpresa me llevo! Resulta que uno de los amigos del príncipe es uno de los guardias a los que golpee. ¡Fabulosa manera de comenzar! Aunque… si es tan circunspecto el tipo, quizá nuestro primer encuentro tarde para convertirse en una graciosa anécdota.

    El otro sujeto es, al parecer, un hombre mayor. Lo interesante de este hombre, Duncan, es que parece una persona que puede contar muchísimos cuentos e historias. Será genial escucharlo, sin duda.

    Mmmm, es curioso, pero aún no tengo muchos deseos de hablar. Es como si estuviera de luto por alguna estúpida razón. Así pues, al supuesto soldado, al humano llamado Kiogh, le saludo levantando una mano y dibujando una media sonrisa. Mejor darle su espacio… capaz y está ardido y me regresa el golpe. Mmmm, sí, mejor pasaré un par de días lejos del alcance de ese hombre, jeje.

    Al abuelo Duncan le estrecho la mano con interés y sonrío con verdadero entusiasmo.

    -Adyna, un placer – le digo al hombre –. Me gustará muchísimo escuchar las historias que tengas a bien contar.

    Después de saludar, me concentro en prodigar una caricia a Volvi. Y como el príncipe sugiere un viaje a galope, tendré que llevar al perro, aunque no le guste, conmigo… probablemente en alguna de las alforjas que cuelgan del caballo, quizá le guste ir con la cabeza de fuera.

    Y entonces comienza nuestro viaje. Esto me trae recuerdos, cuando emprendimos nuestro viaje por primera vez y nos encontramos con Ada… es decir, con Tanaya. Recuerdo que en aquella ocasión no pudimos hacer parada en la Antigua Ikana.

    No me conviene ir en silencio, recordando el pasado, porque éste a menudo me rompe y no quiero que eso suceda. Pero es extraño, hacía muchísimo tiempo que no sentía la necesidad de cabalgar en silencio.

    A lo lejos, se vislumbra la Torre de Piedra, y entonces lanzo un suspiro casi doloroso. Ay, hace no pocos días venía con Ramita y Andrew, y les preguntaba sobre sus andanzas y experiencias. Me pregunto por qué decidieron retirarse.

    Extiendo una mano para acariciar al perro.

    Sean cuales sean aquellas razones, debieron ser muy fuertes. Me pregunto si yo también debí haberme alejado por el bien de este nuevo equipo. No sé, mi cerebro al parecer funciona de manera muy diferente, y eso me hace pensar que sólo los meteré en más problemas… y entonces, tendría que vérmelas con la furia de Brizala, jejeje.

    Cuando le príncipe sugiere acampar en la orilla de un río, me doy cuenta que fue precisamente la primera parada que hicimos en aquella ocasión. Cielos, cuántos recuerdos extraños. Siento como si hubiesen pasado meses desde entonces, aunque en realidad sólo hayan sido unos cuantos días.

    Todos nos dedicamos a levantar las tiendas de campaña, y recuerdo cuando patee el trasero de Andrew, cuando fuimos a coger ramas junto al príncipe, y cuando Ramita comenzó a ponerse de malas como si fuese una señorita en campo abierto, jeje. Definitivamente extraño muchísimo a aquel par.

    A la hora de la cena, alrededor de una fogata, me mantengo en silencio por un rato… pero como ahora mis pensamientos amenazan con recordar cosas que ya no son tan agradables, no puedo evitar moverme nerviosamente, esperando a que alguien hable… pues, ¡mierda, caca, popo! ¡Parece que aún tengo un candado en la boca! ¡Qué coraje!

    Veo el crepitar del fuego y recuerdo la historia que el príncipe nos contó en aquella ocasión. Sonrío y después despego los labios:

    -Señor, ehhh, Duncan – digo entonces, casi sin reflexionar –. Tengo bien entendido que usted sabe muchas historias y leyendas, ¿no es así? ¿Por qué no nos cuenta un cuento antes de ir… a la cama? – digo casi como si fuera la niña Adyna pidiendo un cuento a su padre.

    Solo falta que el abuelo me mande a volar, excusándose de estar muy cansado… lo cual comprendería teniendo en cuenta su posible edad, jeje.

    Cuando el príncipe propone hacer guardia en parejas, un recuerdo viene a mi mente como por encanto. Recuerdo con una sonrisa en los labios cuando fue el mismo príncipe quien pidió hacer la primera guardia conmigo, pues al parecer quería dejar en claro un pequeño malentendido que habíamos tenido.

    En automático levanto mi mano y digo:

    -Pido mi primera guardia con Bravlio, si no hay objeción alguna.

    Si el príncipe acepta, dejaré que Volvi ande por ahí, me sentaré a la orilla del río, me quitaré las botas y meteré mis piernas al agua. Y después de unos breves instantes de silencio, le preguntaré:

    -¿Aún estás molesto conmigo?

    Después de que me responda, muevo suavemente mis piernas para sentir el tacto del agua y vuelvo mi mirada al príncipe.

    -Mucho me temo que no estoy muy cuerda, ¿sabes? No estoy segura si debí haber actuado de otra manera, pues toda mi razón me decía que no podía permitir que alguien pagara por un crimen que no cometió. Yo tenía la esperanza de que iba a llevarse a cabo un juicio, un procedimiento justo… además, yo… – trago saliva –, le di mi palabra de que lo defendería. De verdad que no veía otra opción... o al menos las otras opciones parecían que me iban a hacer sentir la peor mierda del mundo.

    Aprieto mis labios y miro al cielo.

    -No estoy segura de prometerte no hacer alguna locura, porque no sé distinguir la línea que separa la osadía de la demencia. Pero… puedo prometerte que te tomaré en cuenta antes de tomar alguna decisión, ¿o acaso hay algo más que deba hacer para tomar una buena decisión? Ni siquiera sé cómo se toman decisiones... con sensatez.
     
  3. Säbel

    Säbel Administrator
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    44
    En el funeral

    -Ah, ya lo recuerdo - digo, mirando al teniente - No habían zoras en el grupo, eran siete humanos además de Donter. Tres de ellos podrían estar heridos porque tenían mucha sangre en la ropa, y entre los cuatro que parecían sanos había uno que cojeaba mucho. Lo que sí tenían todos es que lucían muy asustados. Yo... lamento no ser de más ayuda, es todo lo que recuerdo - agrego, algo apenada

    = = = = = = = = = = 

    Con Bagu

    Pobre hombre, me causa mucha tristeza verlo asi. Le doy algunas palmadas en la espalda, sin saber muy bien qué decirle. Al final me decido por volver a hablarle:

    -Yo creo que tu padre sabía en el fondo que no decías esas cosas en serio, y también entendería que te comportaras asi con él por lo que pasaste siendo un niño. No te tortures con eso Bagu - digo suavemente, antes de tomar un tono más animado - No te quedes con el ser un pésimo hijo, nadie nace sabiendo ser bueno en eso ni en cómo ser padres. Quédate con lo bueno que pudo dejarte Gladius, aunque no convivieran mucho entre ustedes. Vive siendo un buen hombre, como a él le habría gustado que fueras. Es lo mejor y lo más sano que puedes hacer.

    = = = = = = = = = = 

    Tras el funeral

    Me mantengo seria, mientras el príncipe habla sobre lo que hizo Adyna. Estoy de acuerdo, no fue lo más brillante que pudo hacer, pero el agua ya se derramó y no hay mucho que hacer más que asumir las consecuencias.

    También es inquietante lo del sujeto con la daga, y que la Resistencia tenga gente infiltrada aqui. Si, es muy problable, ¿pero quién podría ser? Porque seguro también es alguien que tiene acceso o está dentro del Palacio. Suspiro, ojalá no le pase nada al maestro Petuel mientras se investiga el incidente.



    -¿Recuerdas que comenté que me parecía que los usaban para causar el caos? Al parecer los usan, pero de una forma diferente - me cruzo de brazos - Supe que Elisia enfrentaba algunos problemas en Launa, a los que no le habían dado mucha importancia, pero con eso y lo que escucharan Fegaer y Kyrek tenemos un antecedente de que no están conformes con ellos. Al parecer Donter, el goron que andaba con Elisia, no habría hecho lo que hizo si no estuviese convencido que era lo mejor... y no es muy difícil sonar convincente para lavarle la cabeza a un goron.

    -Quizá sea una conclusión muy rápida, pero todo indica que les están tendiendo una trampa a Elisia y a la gente muy cercana a ella, para quitarlos del camino. ¿Con qué fin? Quizá para tomar el liderazgo y hacer otro tipo de cosas con mayores repercusiones, que no necesariamente son actos nobles o con intenciones buenas. Si no es que ya están aprovechando para hacerlo, ahora que los ojos de la Corona deberían estar puestos sobre ellos dos con lo que pasó. Y quizá también sobre Ephrym, me parecería que lo más lógico que podrçia hacer tras el escape es ir a ver a su hermana - muevo la cabeza - Quien planeó todo esto tiene una mente muy macabra...

    -Muy bien pensado. Así ya no tendré que poner sal en tus heridas cuando las cosas salgan mal - digo con fingida severidad, ya más en tono de broma, asintiendo con la cabeza -Y los demás deberían seguir su ejemplo.



    -Ojalá las cosas fueran tan sencillas como sólo quedarme y hacer la vista gorda ante lo demás. No Tahmid, no es asi. 

    Sonrío, negando con la cabeza, antes de hablar otra vez:


    -Mi labor como curandera es estar para apoyar a mis compañeros en lo que necesiten, para ver por su bienestar aunque a veces me den cólicos por las decisiones que puedan tomar. Es una responsabilidad muy grande que he asumido con gusto cuando comencé en el oficio y desde que empezó todo esto, por hablar de los sucesos más actuales. Poder estudiar en la Academia Mágica de Santral sería algo fantástico para perfeccionarme, pero se aprende más estando afuera, haciendo trabajo de campo. - me encojo de hombros, sonriendo ligeramente - Además no soy tan cruel, no podría hacer que el pobrecillo de Tabit cargara él solito con la tarea de cuidar a un montón de locos. ¿Crees que mi corazón estaría en paz si permito eso?

    = = = = = = = = = 

    Al día siguiente

    Miro con interés a los recién llegados cuando nos presentan ante ellos. No me extraña nada que Kiogh sea el mismo guardia que estaba con Ephrym, era natural que el príncipe quisiera tener controlada esa situación lo más que pudiera.

    -Soy Brizala, pero puedes llamarme Briza - digo, tras estrecharle la mano al muchacho - Es fantástico que pudieras recuperar ese objeto, gracias a ti puedo estar más tranquila.

    Por otro lado, me pregunto qué hará un profesor de la Academia metido en esto. Será interesante acercarme más tarde al señor Duncan, por lo pronto lo saludaré:

    -Me siento honrada por viajar con un profesor de la Academia - digo con respeto, mientras le tiendo la mano al señor Duncan - Soy Brizala Urydi, pero puede llamarme Briza si desea.

    Ladeo un poco la cabeza mientras escucho los detalles. ¿Bravlio, un juglar? No puedo evitar sentirme inquieta, lo que dijo Ephrym del bribón encubierto tiene una similitud muy grande con esto para que sea sólo una casualidad. Yo no me puedo quedar con la duda, tengo que encontrar una oportunidad para hablar con Tahmid sobre esto.

    La Torre de Piedra es imponente, es todo lo que puedo pensar. Es lo ideal para una base militar, desde aqui puedes dominar básicamente todo Ikana. Y... bueno, no creo que nos hayan sacado de Santral sólo por precaución, es obvio que vamos a intervenir en el conflicto que se está desatando de una forma que no nos tienda tantas ataduras. Lo único que espero es que todo termine bien.

    Me mantengo pensativa durante la cena, pero no me negaré si alguien está dispuesto a entablar una conversación conmigo. Cuando Tahmid habla de las guardias, yo levanto la mano tras Adyna:


    -Te acompañaré en la segunda guardia, Brav. - sonrío un poco, me resulta extraño llamarlo asi

    Una vez llegue el turno que me corresponde, me dirijo a Tahmid con discreción, para que nadie de nuestros compañeros nos escuche:

    -Me gustaría aprovechar el rato de la guardia para charlar contigo, si estás dispuesto a ello - digo, mirando a Tahmid con tranquilidad - Lo otro que hablé con Ephrym fue sobre el origen del conflicto en Daiton, y hubo algo que me inquietó bastante, que el culpable de lo que ocurrió con la muchacha fuese un hombre encantador que iba de incógnito, disfrazado como juglar.

    Hago una pequeña pausa, antes de continuar:

    -Yo no soy nadie para juzgar y las cosas no van a cambiar por lo que puedas decirme, pero me gustaría comprender el trasfondo de todo, y conocer bien el otro lado de la moneda ayudaría mucho. ¿Podrías contarme la verdad sobre lo que ocurrió en Daiton, sin ningún tapujo? - miro a Tahmid de forma tranquila, pero cálida - No espero que me respondas si no quieres hablar de eso. Pero me gustaría ofrecerte la tranquilidad de que será algo estrictamente confidencial, juro por mis dos aletas que no contaré nada de lo que me digas.
     
  4. Kike El MataDarknuts

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    Había dormido mucho tiempo ahí en el castillo, era un reposo para mi, tanto como de la misión como de la incómoda circunstancia a la que llegamos en el castillo.

    -Yo tomare tercera.

    Realmente me hubiera intrigado conocer más al príncipe y saber más sobre la persona por la que peleo, pero seguramente tendría más cosa que discutir con otros.

    Esperando un poco a que se hiciera más de noche recorro un poco el lugar, sin alejarme mucho, siempre con mis dos espadas en mano mientras las jugueteaba con un niño que se siente seguro con una vara de madera.
    Hice esto un poco de tiempo hasta que notaba como todos se marchaban a las tiendas y yo igual lo haría, claro, para tener energías cuando mi turno siguiera.

    Había nuevos integrantes por lo que no podía mostrarme apartado de ellos, me acerco a Kiogh y Duncan para dar un cordial saludo.

    -Me llamo Kyrek, es alegre tener caras nuevas por aquí.
     
  5. Pali

    Pali Administrator
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    Miniactualización​


    A Säbel

    En el funeral

    -Hm -el teniente se queda pensativo -sí, el señor Durkham nos describió eso mismo, así que también hemos estado buscando a ese grupo, pero todavía no hay resultados. Aunque... no recuerdo ninguna mención sobre alguien que cojeara -termina.

    [hr]

    A Furanku, Kike y Säbel

    En el banquete

    -Gracias por tu consejo, supongo que tienes razón, aun si me arrepiento de haberlo alejado ya no puedo hacer otra cosa más que seguir adelante.

    Bagu levanta la cabeza y les dedica una ligera sonrisa que parece forzada.

    [hr]

    A Soria

    -¿Molesto? -Tahmid deja salir un suspiro y te mira firmemente a los ojos-. No, Adyna, no estoy molesto contigo. Estar molesto sería muy fácil. Es la forma más fácil en la que podría haber reaccionado. No, lo que estoy es quizá un poco decepcionado. Creía que teníamos un acuerdo implícito, ¿sabes? Creía que confiabas en mi criterio y en mis decisiones y por eso yo confiaba en los tuyos. Estaba seguro que si alguien era incapaz de hacer algo en contra de mi voluntad, eras tú. Nos consideraba, y aun nos considero, un equipo. Incluso sin contar a todos los demás, me refiero únicamente a los que estuvimos en Daiton.

    Tahmid te dedica media sonrisa que no tiene un aspecto muy animado.

    -Y aun con todo, quiero confiar en ti. Estuve dándole muchas consideraciones a que hacer. ¿Hacer como que nada pasó? ¿Dejarte atrás? Ninguna de las alternativas me gustaban. No sé si me las habría podido arreglar en este segundo viaje sin ninguno de los que me acompañaron antes. Así que no te preocupes, estoy dispuesto a olvidar lo que pasó antes. Pero lo que dije en el Palacio es cierto, ahora mismo necesito aliados en los que sé que puedo confiar. Necesito seguridad de que sé lo que está pasando, porque sólo así puedo adelantarme a lo que más probablemente va a pasar. ¿Me entiendes?

    [hr]

    A Säbel

    Mientras le hablas, Tahmid no te observa a ti sino que tiene la mirada fija en el río. Sus cejas están ligeramente fruncidas y sus labios un poco apretados. Tal parece que tus palabras lo están enviando a un viaje de recuerdos, aunque no es muy fácil adivinar qué es lo que está recordando. Cuando terminas de asegurar tu confianza, Tahmid todavía se toma unos cuantos segundos antes de girar la cabeza para entablar contacto directo contigo y hasta entonces comienza a hablar con una discreta sonrisa en su rostro y ambas cejas arqueadas.

    -¿Juzgar? ¿Guardar el secreto? No sé qué estás tratando de sugerir, Brizala, pero sea lo que sea... seguramente no es algo bonito -el Príncipe te sonríe y agita la cabeza-. ¿Quieres saber qué pasó hace cinco años? Está bien, te lo contaré. Un súbdito y amigo mío cometió un terrible terrible error. Pero su error no es lo que estás pensando. Su error fue dejarse manipular por una mujer que sabía lo que hacía. A mi amigo le tendieron una trampa terrible. Esa muchacha mintió, posiblemente guiada por el maestro de los dos hermanos. Y eso fue tomado por la resistencia como bandera para justificar una agresión en contra de los que dirigían Daiton. Fue entonces cuando me vi obligado a intervenir y pasó lo que les conté.
     
  6. Soria

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    Cuando escucho sus palabras, no puedo evitar tragar saliva y despegar los labios. 

    "Decepcionado".

    Y aquellas palabras, por primera vez, me desgarran el pecho... pero, ¿por qué? ¡Es lo esperable! Es normal que no pueda confiar en mí, pero... supongo que yo también esperaba que me comprendiera. ¿Acaso nos hemos decepcionado mutuamente?

    -Francamente - digo, casi en un murmullo mientras escondo mi rostro -, pensaba que no cuestionaba tu voluntad. Yo pensaba: "no, seguramente él tampoco está de acuerdo con esto". Y tomé la decisión por mi cuenta porque, ¿qué clase de amigo diría "sí, ve, te apoyo"? Si yo hubiera estado en tu lugar, no lo hubiera permitido. Ya veo que mi error era pretender saber lo que pensabas o lo que querías. No puedo más que disculparme por eso. 

    Aún no tengo las fuerzas suficientes para voltear a ver al príncipe sin que mi visaje sea el reflejo de mi debilidad. Pero cuando las lágrimas parecen querer salir de mis ojos, siento entonces un poco de enojo, y aprovecho ese sentimiento para sobreponerme. Empuño mis manos, me pongo de pie y me acerco al príncipe, hasta tener su rostro muy cerca del mío y ver en sus ojos... pero mi intención no es mirar en su interior, sino dejar abierto mi propio interior.

    -Necesitas seguridad de saber lo que está pasando - digo, con voz bien firme y denodada -, ¿crees que yo no? ¿crees que no me gustaría saber todo lo que pasa? ¿saber todo lo que sabes sobre esto? Pero, adivina qué, amigo mío, ¡no me importa si no estoy segura de lo que pasa! No me importó lo que dijeron sobre ti en Daiton, no me importó que Ephrym intentara meterme dudas sobre ti. Porque creo en ti a pesar de lo poco que sé. Porque creo, con toda mi convicción, que no estoy equivocada con respecto a ti, que eres un amigo al que confiaría mi vida. Y yo haré lo que sea por ti. 

    Respiro profunda y rápidamente para tranquilizarme. No le aparto la mirada de encima. Cuando sé que puedo hacer que mi voz suene más tranquila y menos... acusadora, le digo:

    -Sí, yo te entiendo. De verdad, te entiendo. La pregunta es si tú me entiendes y si serías capaz de lidiar con mis tonterías, ¿serías capaz de perdonarme si llego a equivocarme de nuevo? No quiero poner un precio a mi lealtad o mi amistad, porque aunque me mandes al diablo yo te seguiré. Pero hago la pregunta por si no te la habías hecho antes... la respuesta a la interrogante es para ti mismo. 
     
     
  7. Caballero Verde

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    Con Tahmid, la noche antes

    Cruzo los brazos, metiendo mis manos entre las mangas de mi abrigo, mirándolo detenidamente:

    -No supone ningún problema. Ya avisé en la Academia de mi inminente ausencia por algunos días, y también me he encargado de mis otros quehaceres-incluida mi dedicación en las tardes y la supervisión de mi nieta, pienso. Lanzo una fija mirada al cofre- He de suponer que se trata del mismo del que me hablaste. Esperaba una ornamentación distinta si de verdad contiene una de las Tablas, pero los Antiguos seguramente no quisieron darle más llamatividad de la que tendría cualquier otro cofre del tesoro. Inteligentes, pero muy celosos para sus secretos.

    Hago un pequeño gesto con la cabeza, como si señalase el cofre, esperando poder acercarme para tomarlo entre mis manos. De ser así, doy un paso al frente y lo tomo con ambas manos, tratando de ver sus detalles:

    -No estoy seguro de que él pueda ayudarnos con esto-comento con tono dubitativo mientras examino el cofre o en su defecto simplemente mirarlo desde mi lugar- Pero te daré el beneficio de la duda al ser quien es. Su lugar de trabajo diario es el único factor que me hace pensar que pueda saber algo más al respecto que los venerables Katzir y Petuel-dejo el cofre nuevamente en la mesa, con el nulo resultado que ya esperaba y observo a Tahmid- ¿Crees que podemos confiar en él? Comprendo que no te queda otra alternativa, no al menos a corto plazo, pero al igual que con su padre tengo lagunas de dudas acerca del honor que pueda tener.

    Vuelvo a cruzar los brazos, volviendo a esconder las manos en mis propias mangas. Observo el rostro de Tahmid y en especial sus ojos, tan variables como siempre. Por un momento asomaban tristeza, pero enseguida cambian a otros estados de ánimo que me impiden afirmarlo. Dejo que el silencio reine en la oficina por varios segundos, lejos de las voces del banquete y de cualquier otra cosa. Esta torre parecía la entrada a otro mundo, o a la de un santuario al que nadie podía entrar. Nadie excepto nosotros dos:

    -No ha sido el mejor de los discursos, pero sí el que Gladius merecía-mi voz serena se entremezcla con un tono comprensivo, aunque duro- En su tierra, al menos antaño, era costumbre colocar una pieza de madera con forma de triángulo encima del pecho del fallecido. Tenían la creencia de que sus deidades, tras juzgarles por los actos cometidos en vida, tomarían el triángulo y lo bañarían en una luz dorada que iluminaría su sendero; fuese el de la Redención o el del Paraíso-cierro los ojos, manteniendo la posición- Gladius amaba esta tierra y a su gente como los buenos reyes acostumbran a hacer, pero sabemos que siempre mantuvo un contacto trascendental con su tierra natal-abro los ojos, examinando de nuevo a Tahmid- Aunque tengo la seguridad de que, aunque no se le haya otorgado los ritos funerarios de su tierra, Gladius no necesitaría triángulo alguno que alumbrase su último viaje.

    Sobrevivir a Gladius era algo que no esperaba, pero al mismo tiempo no me sorprendía. Vuelvo a cerrar los ojos, recordando su figura de nuevo y su persona. El tiempo de la pena había pasado ya para mí, al menos de la que era normal en una relación como la que teníamos Gladius y yo, pero hasta el día siguiente era normal que no todos lo hiciesen:

    -Llorar no tiene nada de malo, muchacho. Pero, y esto es lo importante, debes superarlo-una vez más enfoco mi vista en Tahmid- Estoy conforme con tu actitud ahí fuera y con la que ahora mismo me muestras. Simplemente te lo digo para que lo pienses cuando esta torre te otorgue la absoluta soledad de la noche. Nada más.

    Cuando noto que mi tiempo se acaba, doy media vuelta, con los brazos caídos. Antes de salir del recinto me detengo en seco, y sin mirar hacia Tahmid, menciono algo:

    -No es mi asunto toda esta aventura que pareces estar teniendo. Tan solo quiero decirte que igual que compartía la opinión de Gladius de que un rey debe mostrarse cercano, también creo que al mismo tiempo debe ser una figura lejana, como la de un dios. Inmiscuirte demasiado en todos esos problemas... podría no ser la mejor opción.

    Me giro de lado y asiento con la cabeza antes de marchar. Camino por los pasillos del pequeño baluarte de Tahmid mientras mi cabeza se sumerge en pensamientos. En algún momento, mientras bajo las escaleras, un ataque de tos me obliga a apoyarme en la pared con una de mis manos. Por desgracia la vejez es una enfermedad que todos acabamos poseyendo si antes no acaba con nosotros otra cosa. Sólo espero tener fuerzas para estos días, quizás y en cierto modo algunos de los más importantes. ¿Que por qué? Bueno, eso ahora da igual. Sole y Taska deben estar esperándome, especialmente si mi sobrina no ha podido cocinar algo.

    ---------------------

    En la mañana, ante el grupo

    No he dormido esta noche.

    Al principio pensé que era por la emoción de volver a viajar, aunque sea por poco tiempo, después de estos años. Y es cierto que siempre hay una emoción latente ante estos eventos, pero mucho me temo que no es simplemente eso. Observo mi mesa de trabajo donde escribo mis historias y plasmo las leyendas que a lo largo de mi vida he escuchado e investigado. Hasta hace unos días pensaba que aquí yacería hasta el fin, pero parece que el Destino, la Fortuna o los dioses, como cada uno prefiera llamarlo, me tiene reservado aún una sorpresa. Una sorpresa de la que no espero mucho, pero es de mala educación al menos no tener cierta expectativa con ese "cambio".

    Tomo mi equipaje y camino por el pasillo de mi casa. Giro raudamente mi cabeza en dirección al cuarto de Taska, de donde salen unos ronquidos. Aún recuerdo mi sorpresa ante quién los provocaba. Me acerco al marco de la puerta y la observo por unos segundos antes de proseguir mi camino. Es una buena chica y es trabajadora; no tendrá problemas en la Academia durante mi ausencia.

    Mi siguiente parada es el pequeño cuarto de Sole que, como es normal, permanece tranquilamente en su cama, durmiendo. Le acompaña ese muñeco que le compré en su último cumpleaños... ¿cómo se llamaba? ¿Farby Pion Pion? No lo sé, es uno de esos nombres que se inventan ahora para algunos juguetes. Me inclino sobre ella y le dejo un beso en la frente, retirándome de su cuarto hasta llegar a la entrada de la casa. Echo un vistazo a mi alrededor y suelto un profundo suspiro.

    Bueno, siempre estoy listo para un nuevo viaje.

    Salgo de mi casa y me encamino a la zona norte del castillo. Como seguramente me toque conocer a ese grupo del que me habló Tahmid, tomo mis quevedos y me los coloco para examinar cada detalle de ellos y no confundirles. Y digo esto último porque la mayoría no son humanos; no me gustaría equivocarme de Deku o de Zora al referirme a alguno en concreto. Mientras me dirijo hacia allí, presencio la soledad de Santral y su tranquilidad. Alcanzo a ver algún gato rebuscando entre los restos del mercado, pero nada más reseñable. Eso sí, el cielo a estas horas es sublime; pronto se entremezclará la noche con el amanecer. He de darme prisa en llegar.

    Finalmente me reuno con Tahmid y su variopinto grupo. Tres Zoras, dos humanos y dos Dekus. Le lanzo una mirada a Tahmid que bien puede ser de incredulidad; ¿cómo pretende este chico que pasemos desapercibidos con semejante tropa? Pero será mejor dejar estarlo. Me presenta y noto que algo le hace reaccionar ante el dato deque hace poco haya iniciado estudios de magia, pero lo dejo pasar hasta que decida él mismo comentarme algo al respecto. Una vez ha acabado, me llevo un brazo hasta el hombro contrario y hago una leve reverencia en señal de saludo ante todos ellos. Cuando ya les he observado lo suficiente, me quito los quevedos y los dejo caer al vacío, manteniéndose a la altura de mi pecho gracias a la cadena a la que están atados.

    -Encantado, Adyna. Por supuesto puedo contaros algunas historias el tiempo que permanezcamos juntos, y siempre que la situación amerite el relato de alguno en concreto. Pero no esperéis mucho de mí.

    Finalizo con un tono amable, aunque sin sonreír.

    -Te agradezco el comentario, pero no tienes por qué; en este viaje poco importa lo que seamos en la rutina-estrecho la mano y un recuerdo aparece en mi cabeza- ¿Urydi? Conocí a un Zora con ese apellido. ¿Eres de Dalbergia?

    Nunca entablé amistad con el susodicho, pero se prestó a contarme alguna de sus vivencias de su día a día. No sería raro que esta Zora sea su hija o incluso nieta; hace mucho de aquella vez, y su especie es menos longeva que la mía.

    ---------------------

    Noche

    Poco puedo decir del viaje. Hacía años que no salía de las murallas de Santral y observé el paisaje con el detenimiento que la cabalgata pudiese ofrecerme. En principio nada parecía haber cambiado en demasía desde entonces, al menos no respecto a hace treinta años. Pero es normal; dudo mucho que vuelva a ver un cambio semejante en lo que me resta de vida. Lo que siempre ha permanecido inalterable, sin embargo, es la Torre de Piedra. Tengo la sensación de que nunca ha despegado su vista de mí desde que vine a este mundo.

    Cuando anochece y llega la hora de acampar, busco una piedra o la base de algún tronco que me sirva de soporte. Si la encuentro, monto la pequeña tienda de campaña a su alrededor; lo cual al principio me cuesta, he de reconocer. Hacía mucho que no hacía esto, y más en este lugar en concreto. Recuerdo aquella noche en la que Tahmid y Gladius me acompañaron en un pequeño viaje que hice a la Antigua Ikana. Puedo suponer que este sitio en mitad de la nada es un vestigio de tiempos más felices para Tahmid, al menos respecto a ahora. Y no le culpo, en parte hasta yo mismo siento que todo era muy distinto en aquel entonces respecto a ahora.

    En algún momento Tahmid enciende una fogata y nos sentamos alrededor de ella. Cada uno come de sus raciones; por mi parte simplemente corto algo de queso con un poco de pan y varios tragos de vino. Una vez termino pierdo mi vista en el fuego, oyendo su crepitar como si tratase de descifrar unas palabras.

    Ladeo levemente la cabeza ante la pequeña broma de Adyna. No obstante parece ser una buena propuesta; hasta ahora el grupo no ha sido de muchas palabras. Parecen ser de los que escuchan, ¿y qué mejor público que ese? Ahora me vienen a la cabeza los cuentos que narro a Sole y a los niños, pero aunque son divertidos y hasta tienen su enseñanza personal, este grupo evidentemente no es de infantes. Podría recurrir a las leyendas que explico en algunas de mis clases, pero este grupo no son mis alumnos y tampoco pretendo pasarme en extensión. Entonces... ah, claro. ¿Por qué no? Me llevo una mano a la perilla y me la acaricio mientras miro a Adyna:

    -Contar alguna de las leyendas de la Torre de Piedra sería lo más lógico-y no hago gesto alguno siquiera ya que es obvio por qué lo digo; sólo hay que mirar el horizonte- Pero esa es una historia que cualquiera podría contar. Bravlio me dijo que érais personas de confianza, así que me parece justo como muestra de buena fe contaros un pequeño cuento completamente desconocido para las gentes de Ikana. Proviene de un lugar más allá de Daiton, más allá del reino de Ikana, en las llamadas tierras salvajes del Oeste. Lo llamo cuento, pero para algunos podría ser una leyenda que sigue vigente entre la gente de la que lo aprendí.

    Hace mucho tiempo, cuando ni los Goron aún poseeían su famosa muletilla, existía un pueblo en una fría montaña. Allí vivían muchos Gorons, todos con sus quehaceres y sus obligaciones diarias. Entre ellos había uno de nombre Darcan. Darcan era un Goron querido por todos, pues siempre prestaba su atención a quien lo necesitase. Su tienda era la más famosa de la montaña y hasta gente de países lejanos acudía a ella.

    Un día, el oráculo del pueblo vaticinó una desgracia. El próximo invierno iba a ser el más duro de todos los inviernos que aquellas montañas hubiesen presenciado. Los Gorons temieron por su supervivencia, pero Darcan les habló con su amable voz.

    -¡Yo salvaré a nuestro pueblo!

    Y Darcan desapareció. Pasaron los días y las semanas y nadie recibió noticia alguna del Goron. Cuando pasaron cuarenta días y cuarenta noches, y todos creían que una desgracia le había acaecido, Darcan volvió a la ciudad. Tenía sus nudillos destrozados y ensagrentados, pero una gran sonrisa era visible en su rostro.

    -¡Venid, venid!

    Y les llevó al lugar donde había estado. Durante aquellos cuarenta días, había construido con sus puños una inmensa ciudad subterránea bajo la montaña. El frío no les alcanzaría y nunca antes habían tenido mayor seguridad. El pueblo aclamó a Darcan y festejaron cuarenta noches en su honor, además de embellecer la ciudad como ninguna otra de la superficie.

    Pero el invierno llegó y los Goron no vieron que aquello bastase. Necesitaban alimento, pues el frío había congelado las rocas que ellos disponían, y no había fuego capaz de descongelarlas. Darcan volvió a hablar.

    -¡Yo salvaré a nuestro pueblo!

    Repitió aquellas mismas palabras y los Goron supieron que podían contar con él. Así la historia volvió a repetirse; Darcan desapareció, y esta vez tardó diez días y nueve noches en volver. Cuando lo hizo, traía consigo una inmensa caravana y rocas provenientes de las cálidas tierras del sur.

    -¡Comed, comed!

    Una vez más el pueblo celebró una fiesta en su honor, y esta vez fue nombrado Rey de la Montaña; el título que el monarca de los Goron recibía. Darcan había creado una ruta comercial que no sólo les procuró alimento a su gente, sino que enriqueció a la ciudad y a él mismo. Un ciclo de eventos se repitieron una y otra vez; los Goron estaban en peligro y Darcan traía una solución, no sin antes abandonarles siempre por varios días. Nunca antes la montaña había presenciado tales días de gloria en los que, incluso al acabar el largo y duro invierno, no se acababa la dicha.

    Un día, entre uno de los tantos visitantes que recibían, hubo un Zora de demacrado aspecto que habló con varios de los Goron.

    -¿Pero cómo aceptáis por propia voluntad a Darcan como rey? ¿Es que no lo sabéis, atrapados entre estas montañas? Es un monstruo. Le llaman "Mano Roja" por la sangre de los inocentes a los que masacra él mismo. Ningún mercader monta ahora su negocio sin antes rendir cuentas con él, ¡y ay pobre del que no lo haga! Y esta ciudad, ¿decís que la construyó él? Esto era el hogar de una raza de pequeña estatura pero gran corazón. Ahora ya no existen por culpa de aquel que se sienta en vuestro trono. ¡Preguntadle, y que se atreva a mentiros!

    Los Goron, furiosos por las insolentes palabras del Zora, lo echaron de la ciudad bajo la montaña. Pero cuando el tiempo pasó, las dudas carcomieron a los lugareños. ¿Y sí tenía razón? Al fin y al cabo ningún Goron acompañaba nunca a Darcan en ninguno de sus milagrosos viajes. Sólo tenían su palabra... hasta la llegada del Zora. Así que una noche, el pueblo pidió la presencia del Rey de la Montaña. Darcan los recibió con su habitual sonrisa, pero cada uno de los Goron notaron la oscura aura de su voz por primera vez.

    -¿Y qué importa lo que hiciese? Todo lo que hice, hago y haré siempré será por vosotros. Por vosotros aniquilé a una raza. Por vosotros hice grande esta ciudad. Por vosotros me he convertido en un tirano en las otras tierras. Pero aquí siempre seré el buen rey que soy. Ningún Goron tendrá nunca que temer por su vida y su bienestar, pues yo evitaré su desgracia aunque tenga que recibir ridículos apodos como el que mencionaba ese Zora. Una vez más os lo diré; esto no hubiese pasado de no ser por vosotros.

    Por vosotros. Por vosotros.

    Por vosotros.

    Nadie sabe qué respuesta le dio el pueblo. Tampoco se sabe del destino que sufrió aquella ciudad subterránea, guardiana de tesoros inimaginables de los que nunca se supieron. Lo único cierto de esta leyenda es que el único Zora bueno es el que cabeza no tiene."


    Mantengo mi vista fija en la fogata, escuchando su crepitar como único sonido entre nosotros. Quitando algunas de las lecciones que doy en las clases de la Academia, hacía mucho que no contaba algo ligeramente tétrico. Tras unos segundos vuelvo a hablar, levantando la vista:

    -No hagáis caso de la última frase. La verdad es que la hubiese omitido, pero estaba tan concentrado procurando entonar correctamente este cuento que no ha sido objeto de mi atención. Tened en cuenta que tiene como mínimo varias décadas; forma parte de un tiempo en el que el racismo y el odio entre Goron y Zoras era mucho más común; o mejor dicho, entre todas las especies. Demos gracias de vivir en tiempos, como mínimo, más pacíficos en ese aspecto.

    Me llevo una mano a la perilla y me la acaricio suavemente:

    -Espero que hayáis disfrutado del relato; sois los primeros de Ikana en oírlo. Pero hay una pregunta que quiero haceros; ¿qué moraleja creéis que presenta este cuento o leyenda? No tengáis reparos en compartir vuestros pensamientos. Esto no es un examen; y desde luego podría haber más de una respuesta válida.

    Les dejo un momento a aquellos que se animen a hacerlo. Cuando lo considero oportuno, vuelvo a hablar:

    -¿Y bien? Levantad la mano para hablar; es importante respetar el turno de los demás.

    -------------------

    En la noche, pero algo más avanzada

    -Yo tomaré la tercera o la cuarta guardia. No tengo problema con alguna de las dos, así que dejo en manos de otros la opción de escoger.

    Después me levanto y me sacudo el polvo que haya podido llegar a mis ropas. Justo antes de entrar en mi tienda, veo que el muchacho de nombre Kyrek me saluda junto al otro chico:

    Asiento con la cabeza en señal de saludo. El chico parece bastante jovial; ya son dos que así me lo parecen. Quizás luego tenga oportunidad de tener un mejor juicio de cualquier otro de los presentes.

    Entro en la tienda y me siento de rodillas ante la piedra que antes buscaba. Agarro mi equipaje y busco en él, sin demasiada dificultad, el libro que llevo junto a la pluma y al bote de tinta. Coloco el libro sobre mi mesa por esta noche y preparo una pequeña vela que sólo alumbre alrededor del libro. Después queda el último paso; quitar el tapón de la tinta y mojar la punta de la pluma en ella para poder escribir.

    ¿Que qué escribiré? Ya veremos.

     
     
  8. vichoxD

    Fortianitas recibidas:
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    Cuando me reuno con el príncipe en el punto acordado, veo un gran grupo de personas, todas desconocidas, a excepción del príncipe.
    Veo como una zora me saluda con una sonrisa y mano en alto. Ella fue quien me golpeó en la cárcel, cuando custodiaba a Ephrym. Algunos de los demás también estuvieron en el incidente. 

    Me pregunto si Tahmid sabe esto... Yo le dije que unas zoras y unos dekus habían liberado a Ephrym, pero nunca le dije cómo eran... Bah, seguramente ya está enterado de esto

    Luego se me acerca la otra zora, también involucrada en el incidente.
    La miro a los ojos, intentando evadir la incomodidad que me producía aquél momento.
    -Si, claro... Yo solo hacía lo que se me ordenó- le quito la mirada - De todos modos, un gusto...- digo con seriedad
    Cuando la zora se retira, llega un humano.
    -Me llamo Kiogh, aunque eso ya lo dijo Tahmid... Espero que tengamos buenos andares juntos.

    Luego espero a que me saluden los demás. Miro fijamente a todos los del grupo. En mis viajes, aprendí a penetrar con la mirada, a extraer sentimientos mediante los ojos. Todos tienen sus problemas, y a veces son éstos los más detectables al observar a alguien. Algunos se ponen nerviosos cuando los miro fijo, en especial un pequeño deku, pero sin embargo nadie me llama mucho la atención, excepto un zora. Fegaer, si no estoy mal, es su nombre. En él resalta algo que no había visto antes, una extrañeza o seriedad entrañable. Definitivamente es alguien con quien debo hablar.

    A continuación Tahmid nos dice que le llamemos Brav, se hará pasar como un trovador. Otra identidad falsa de este hombre. Ya pareciera que no tiene una consistente... Cuando lo conocí se llamaba Hassan, luego me dijo que su verdadero nombre es Tahmid, y ahora se llama Bravlio. Sabe manipular gente, engañar y actuar muy bien, y de esto ha vivido por mucho tiempo, pero no es que sea algo malo. Cada uno busca su verdad, y él ya encontró la suya. En fin, ya es hora de viajar.

    Durante el viaje admiro el paisaje, como todos, y empiezo a pensar distintas cosas. ¿Qué me deparará el destino? ¿Hay algo preparado para mí? En mis tiempos de vagabundo, oí muchas frases y consejos, pero el que siempre ha resonado en mi cabeza es: "Todo pasa por algo, no te impacientes".  
    Es increíble lo que he aprendido en tan poco tiempo. Me pregunto si alguien del grupo compartirá mi filosofía y pensamiento. Me vuelvo a Fegaer, y parece perdido pensando también. Conforme lo observo, mi interés en él aumenta.

    Quizá deba hablarle... No, no es el momento adecuado... Ya tendré la oportunidad

    Al cabo de un rato, Brav saca un laúd y empieza a tocar mientras canta. Para sorpresa de todos, saco mi flauta, y empiezo a tocar con él. Todos se voltean hacia mí y Brav se detiene y yo, sin embargo, seguí tocando. Aquella canción me la enseñó Ariann. Recuerdo aquellas tardes en los tejados tocando con ella a mi lado, escuchándome. Miles de momentos revivieron en mí, su rostro, su expresión al escucharme tocar... Todo. Creía ya haberme olvidado de ella, pero esa canción me la trajo a la mente una vez más. Ardí en deseos de volver a verla, incluso llegué a verla a mi lado espectante y me transporté años atrás. Pero fue en ese momento cuando la dura realidad me golpeó. No estaba en Selatan con Ariann, estaba con Bravlio y el grupo viajando, huyendo de Santral. Me invadió una tristeza gigante, sin embargo seguí tocando, ignorando las miradas expectantes de todo el grupo, hasta haber terminado la canción.

    Tras eso, Bravlio siguió tocando por un rato. Poco después se me acercó y me preguntó acerca de lo que había pasado. Le expliqué todo, y luego de eso me dio unas palmadas en la espalda, como para consolarme, pero no le presté mucha atención. Haberla recordado no me entristeció, si no que me motivó a seguir con mi misión, para poder recuperarla algún día.


    Al caer la noche, Brav nos dice que es hora de descansar. Empezamos a establecernos en el lugar 

    -Me parece bien... Pido turno con Fegaer, si es que no hay problema.




     

     

     

     

     

     

     

     

     
     
  9. Säbel

    Säbel Administrator
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    Antes de salir de Santral

    -Oh, no necesitas ponerte serio. Yo soy la culpable en todo caso - digo apenada - De no haber confiado tan ciegamente en ciertas personas para haber soltado asi el cofre, seguro no te habrían hecho pasar por eso. Me disculpo si eso te ha molestado - termino, con una ligera inclinación de la cabeza.

    -Si, soy de Dalbergia. Mi padre es Cadal Urydi, solía ser parte del ejército antes de dejarlo por una lesión, por eso mis padres se mudaron a ese pueblo. Ahi vivía también mi abuelo, me parece que él trabajaba en la biblioteca en Santral y al hacerse demasiado viejo regresó a descansar a Dalbergia; él se llamaba Rishi. Lamentablemente no tuve la oportunidad de conocerlo, murió poco antes de que yo naciera.

    = = = = = = = 

    En la fogata

    Frunzo el ceño al terminar de escuchar la historia del maestro Duncan. ¡Vaya relato! ¡Es completamente digno de las tierras salvajes! ¿Que el mejor zora es el que no tiene cabeza? ¡BAH! ¿Qué... qué clase de mierda tenían en la cabeza para poner como algo bueno y aceptable el pasar por encima de alguien que no la teme ni la debe?

    Levanto la mano, al parecer a nadie le interesa mucho o todos se han quedado pasmados:

    -Una moraleja podría ser que no deberíamos fastidiar al prójimo para sustentar el bienestar propio. Que debemos aprender a llevar nuestras diferencias sin atacarnos, y que podemos obrar pensando en que hacemos el bien, pero "hacer el bien" es un concepto que no siempre es neutral. No sé si me explico...

    = = = = = = = 

    Con Tahmid

    Son muy interesantes las reacciones de Tahmid, ya me imaginaba que la pregunta lo incomodaría bastante. Me alegra de cierto modo que me responda pese a que la idea no le agrada y lo hace notar.

    -Sé que suena muy mal, pero lo menciono porque Ephrym lo dijo e hizo una alusión a eso antes de irme. Según lo que entendí, al parecer la idea implícita en ese comentario fue una sospecha que tenía Elisia, y me causa curiosidad por qué podrían pensar algo asi, es todo. - respondo de la misma forma tranquila, quizá con una leve y fugaz sonrisa - La versión que a mi me contaron fue que este conquistador incógnito engatusó a la pobre joven, la llevó a un sitio en donde ya los esperaban cuatro sujetos más, que atraparon a la muchacha y luego pasó lo que dicen ellos. ¿Sabes? No me extrañaría que ella hubiera mentido y engatusado a tu amigo, más si ya tenían trazado un plan para causar disturbios en Daiton. Es gracioso, pueden tratar a las mujeres peor que a sus animales de trabajo, pero que no lleguen a acusar a alguien de una violación porque entonces se vuelven protectores celosos de su integridad, bah...

    Miro un momento al río, guardando silencio, mientras escucho el correr del agua. Vuelvo a posar la vista en Tahmid antes de seguir hablando:

    -El maestro de los gemelos tenía una mente maquiavélica, ¿no es asi? ¿Ya había causado problemas en el reino antes de todo lo que ocurrió en Daiton?
     
  10. Legend

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    Veo que Fegaer ya conocia a la chica... Sheska? no creo que ese era de un anime... Taska la llamo la niña, y parece que se conocieron en la biblioteca, trabajara ella alla? Como sea, soy yo el motivo de la visita, asi que supongo que deberia hablar yo.

    -Ehh... disculpe señorita, me llamo James y soy amigo de Fegaer- Hablo timidamente, esforzandome por sacar la voz -El me ayudaba a buscar informacion en la biblioteca sobre estos grabados- Le muestro el cuchilo con cuidado para no asustarla por desenfundar el arma -Pero una señora ahi nos dio esta direccion, dijo que aqui alguien nos podria ayudar... el señor Duncan Hervon...-

    Si ella en verdad trabajaba en la biblioteca como mis dotes de detective me sugieren, quizas sepa algo, asi que no pierdo nada en enseñarle el cuchillo.



    -Con Tahmid-

    Agh... el rostro del principe... su mirada mas bien... pero... como lo sabria? no puede.... o si?



    -A la mañana siguiente...-

    Al despertar recibo las cosas que nos tienen preparadas y bajo con los demas a donde se encuentra Tahmid... no puedo evitar reir para mis adentros al verlo...

    Al rato llegan dos nuevos miembros del equipo, el principe, digo, Bravlio, los presenta... el segundo es un profesor! todo lo opuesto a mi que apenas si se leer... un momento, Duncan Hervon?!

    Ensancho los ojos al oir el nombre, vaya casualidad...

    Finalmente partimos, no puedo evitar cabecear las primeras horas de galope, quizas no estaria tan cansado de haber dormido mas, pero la mirada inquisitiva del principe me tiene preocupado, sabe o no sabe? que miedo... En cada parada, entre comidas y cantos del princi... de nuestro Bardo, veo la Torre de Piedra que cada vez se hace mas grande, es perturbadoramente majestuosa... aunque no puedo evitar pensar si contendra algo interesante dentro, alguna reliquia o tesoro milenario que aun nadie haya visto, claro, solo divago, nada mas.

    Finalmente acampamos y cenamos, durante este tiempo evito verle la cara al principe, la duda me carcome por dentro, veo que Adyna tampoco esta mucho mas animada, y eso que ella si lo confeso... veo a Tabit, esperando egoistamente que el se sienta igual o peor que yo...

    Cuando Brav sugiere las parejas de vigilancia, y peor que el haria dos turnos, mis nervios aumentan, pero me calmo al oir como lo piden rapidamente para los dos turnos, que alivio!

    Al ver como se arman rapido los grupos noto lo logico, que puede que me toque con Tabit, y aunque es mi mejor amigo entre todo el grupo, quisiera tener la oportunidad de charlar con el señor Duncan, asi que cuando el pide turno, alzo timidamente la mano para ofrecerme con el.

    Si se da la posibilidad de ser con el, llegado el turno me acerco y, aunque desearia decir mas, todo lo que sale es un suave y timido -Hola...- Bien James! tan hablador como siempre! cielos...
     
  11. Soria

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    Cuando el abuelo Duncan acepta contar una historia, dibujo una automática y entusiasmada sonrisa, e inclino mi espalda hacia delante. Cuando pongo mis codos en las rodillas, me dispongo a escuchar el relato... totalmente desconocido en la tierra de Ikana. Y aunque el cuento fuera del dominio de cualquier borracho de taberna, no hubiera sido conocido para mí de cualquier manera.

    El relato habla sobre una aldea de goron y de un héroe que procura liberarlos de toda clase de penurias. Debo admitir que ni el héroe, ni el pueblo, son de mi completo agrado mientras escucho la historia. Cuando la historia se desarrolla, y el zora cuenta las verdades de su héroe al pueblo, abro mis ojos con sorpresa por semejante giro. No estoy segura de entender el final de la historia, o siquiera si he comprendido la moraleja, pero cuando el abuelo Duncan nos pregunta nuestra opinión como si estuviésemos en una escuela, levanto mi brazo muy alto, casi al mismo tiempo que Brizala.

    Es Brizala la primera en comentar sus impresiones y yo asiento apenas perceptiblemente. Cuando es mi turno, me aclaro la garganta y digo:

    -No sé cuál es el mensaje de esta leyenda, pero quiero comentar lo muy interesante que me pareció y lo sumamente desagradable que se me antojaron los protagonistas. Para empezar, ese Darcan me parece un tipo idiota, pero de esos que merecen toda nuestra pena. Me parece que ese sujeto era de esos cuya frustración y hastío por la vida le hacía poner sus ojos en cosas más... elevadas. De esos tipos que, no sabiendo para qué vivir, ni intentando, ni aceptando su existencia, buscan la aprobación de los otros, el reconocimiento popular, sentirse vivos porque alguien le dice "Viva, eres mi héroe, ¡quiero tus hijos!". "Yo los salvaré", ¡menudas palabras! Creo yo que son típicas de los que no tienen ojos para nadie más.

    -¡Y el pueblo! Qué decir del pueblo. Sujetos huidizos que se mean en sus pantalones, o quizá en sus piernas desnudas, a saber. Personas también dignas de pena, personas que se sienten indefensas ante las circunstancias, que temen hacer más de lo que se espera de ellas porque no saben para qué sirve la vida, ni qué hacer con ella, pero que de todos modos temen la muerte. Ese pueblo parecía temeroso no sólo de la muerte, sino de tomar decisiones, de ser ellos mismos, de ver por ellos mismos. Y entonces, cuando llega Darcan con sus sugestivas palabras "yo los salvaré, ¡ámenme!", pueblo y sujeto controlador encuentran consuelo mutuamente.

    -El pueblo no quiere saber nada, ni se preguntaba dónde estaría su héroe, si estaría aún con vida, o si había logrado su empresa. No, ellos tenían a su rey... tenían a alguien a quién culpar si las cosas no salían bien, no sentían responsabilidad alguna porque no tomaban decisión alguna. Y aquel Darcan, pillo Darcan, ¿qué le importaba aniquilar a una raza débil? Después de todo, todos pisamos hormigas y nadie llora por ellas, seguro que ése era su razonamiento. ¿Qué importaba si destruia o si robaba a otras razas? Después de todo, aquellas razas no eran como él, seguro eran inferiores, seguro que ellas no sentían como él, ¡ni sufrían como él! Y si no sufrían, seguramente era porque aquellas razas no se daban cuenta que vivían, de suerte que el asesinato no quería decir gran cosa, ¿por qué tener compasión si cuando llegaba a donde su pueblo recibía su aplauso y su reconocimiento y entonces sabría que estaba vivo, y que para eso era la vida? ¿Qué sentido tenía volver sin nada y encontrarse con los "buuu, buuu" de su pueblo?

    Cierro la boca repentinamente. Hacía muchísimo que no hablaba de esta manera, con tanta prisa y entusiasmo, como si las palabras fuesen un torrente, un líquido que había estado reteniendo por mucho tiempo, como un pedo atorado que por fin podía sacar, y dándome cuenta que lo he lanzado ruidoso, y probablemente fétido, enfrente de muchas personas, me avergüenzo un poco de haber dicho tanto en tan poco tiempo... y cosas que quizá ni siquiera tengan sentido.

    -Sí, bueno... - digo, no sabiendo ya cómo terminar. Tan sólo me llevo una mano al cuello y comienzo a masajearlo -, ya digo que no sé qué enseñanza podría extraer del cuento... ¿quizá aceptar la libertad y arriesgarse a tomar decisiones probablemente aterradoras... y a no ensimismarse, ni intentar medir el valor de las cosas de acuerdo a los beneficios que de ellas obtenemos? No sé... en todo caso, lo primero que quería decir, pero que no dije, era "gracias por contarnos esta leyenda tan interesante"
     
  12. vichoxD

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    Escucho con atención lo que Duncan narra. Tras terminar su relato, Brizala levanta la mano y da su opinión.
    -Te entiendo. En todo caso, la neutralidad está siempre presente, en todos nuestros actos, en lo considerado "moral" y lo "inmoral". De hecho, diría que lo "moral" y lo "inmoral" son una subjetiva clasificación hecha por el hombre, un mísero intento de quitarle lo absoluto a lo absoluto. ¿Quién te dijo que lo moral es lo correcto? ¿Es alguna entidad superior? ¿Una ley absoluta impuesta por un ser absoluto? No. Sólo hay una verdad, y es que nada es verdad.


    La que luego habla es Adyna. Lo hace con prisa y entusiasmo, al parecer le gustó la historia.
    -Eso es una debilidad, o enfermedad, que sin duda hay que superar. Muchas veces nos domina el miedo, así como puede hacerlo cualquier emoción lo suficientemente fuerte, pero hay que sobreponerse a ella. Cuando el individuo no lo logra, puede decirse que ha sido subyugado por la emoción o el sentimiento, y se le puede denominar "enfermo". Ahora, ¿qué es lo que haces con un enfermo? Cuidarlo, intentar sacarlo de su enfermedad, y no tratarlo con desprecio y desdén, como es que tu lo haces.
    Luego callo y espero una respuesta.

     

     

     

     
     
  13. Furanku

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    Agrego a lo que James dijo.

    -Mi compañero tiene una daga con unos grabado que no logramos entender. Nos dijeron que acá vive un hombre que podría descifrarlo, por eso vinimos. Aunque veo que no está en casa...

    [hr]

    Después de despertar, me levanto y estiro los brazos pegando un bostezo. Es otro día, otro capítulo. Hoy emprenderemos el viaje por el misterio del cofre... ¿Qué tendrá dentro en verdad?

    Tomo la mochila que me dan. No acostumbro a empacar pesado, pero supongo que podré soportarlo. Me dirijo al punto de encuentro y veo a Tahmid... es... ¿Extraño? Dudo que pase desapercibido con ese atuendo, y por la misma razón veo probable que nadie piense que ese sujeto de ropas excéntricas sea realmente el príncipe de Ikana... ¿Eso es genialidad o estupidez? Tal vez un poco de ambas. ¡Y no está solo! También están nuestras monturas. Uno, dos, tres... ¿No sobran dos? ¿Alguien más nos acompañará? ¡Ey! Ese es mi caballo, blanco como la nieve... creo que no le puse nombre la otra vez... se quedará así un rato más, tal vez se me ocurra uno mientras andamos.

    De forma que este sujeto es quien se encargo del cofre, imagino que tiene pies ligeros. Su expresión es bastante seria, cara de pocos amigos, se podría decir... ¿Así de hostil me veré yo también? Cuando Tahmid menciona mi nombre, lo saludo de una forma bastante formal, la buena convivencia parte de los modales.

    -Un gusto, Kiogh Sohn- Digo, mientras me inclino levemente en son de reverencia.

    Al rato, se acerca otro -aparentemente- miembro de la compañía. ¿Duncan Hervon? Duncan Hervon... Duncan Hervon... ¡Es él! El sujeto al que nos encomendaron sobre la daga del deku. Aunque... no recuerdo en que acabó eso. En cualquier caso, se ve sabio, James podría preguntarle más adelante, cuando estemos descansando, tal vez aún sabe algo que nosotros no.

    -Es un agrado conocerlo, Señor Hervon- digo, de la misma forma que me comporte con Kiogh.

    "Bravlio".... mmm... deberé recordarlo. Si alguien fuese tan descuidado de decir su verdadero nombre frente a la persona equivocada podría traer problemas CofcofZELDENREALIDADFUEMUNIXATTE.XAVIERcofcof. Bueno, encuentro más... ¿Agradable? Que finja ser trovador a un vago... ¿Sabrá tocar un instrumento de verdad? Y bueno, ya no habrá más formalidades por título... aunque ahora que caigo en cuenta, creo que jamás lo hice... que descortés. Al menos parece que no le gustan, es un ligero alivio. Supongo que deberé ser más informal aun.

    -Ok- Respondo.

    Una vez todos presentados, partimos. A estas horas de la mañana Santral es completamente diferente, es... tan calmo. Inspiro profundo, retengo, Espiro. Se siente bien. Cabalgamos con prisa, sin tregua. Como aun me cuesta un poco, me concentro en ello y esta vez no presto mucha atención al paisaje. A ratos nos detenemos, para que los caballos recuperen energías y, en alguna de esas breves paradas, Bravlio se pone a tocar el laúd ¡Si sabe tocar! Una razón más para que sea creíble su atuendo. Sin embargo, no es sino hasta el atardecer, cuando ya casi anochece, que nos detenemos de verdad.

    Algunos hacen sus tiendas, yo no. Prefiero dormir viendo el cielo, aunque suene raro. Dejo mi mochila en el suelo y me quedo parado un rato, con los ojos cerrados. Siento como mi túnica se mueve sutilmente bajo la suave brisa del ocaso. Escucho el susurro del río... y siento calma. Abro los ojos lentamente y diviso el bello páramo en el que estamos. Entre tanta naturaleza, un objeto se levanta imponente y lejano: la Torre de Piedra... ¿Qué propósito habrá existo para los antiguos para motivarlos a construirla? ¿...Qué tan cierto será la leyenda que nos relato Gladius? Es enigmática e intimida un poco.

    [hr]

    Interesante, Duncan es un buen cuentacuentos. Sin duda, el relato juega con las perspectivas: un héroe para un pueblo, un tirano para otro. ¿Hasta que punto está bien actuar por el bien de los propios? Una vez leí "La libertad de uno... termina justo en donde comienza la de los otros". Creo que en este mundo hay suficiente para todos, y no es necesario ni aceptable pisotear a otros para conseguir lo que se quiere.

    ¿Qué interés tendrá conmigo para decir que quiere turno junto a mi con tanta seguridad, siendo que apenas sabe mi nombre? Es... curioso. En cualquier caso, con alguien tendré que hacer guardia, así que no me complica... de hecho, se ve callado.

    -No, no hay problema- Digo, monótono.
     
  14. Kike El MataDarknuts

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    Intentó observar si a lo lejos se vislumbra la torre de piedra, sería posible que tuviera un papel significativo en esta aventura? En el fondo me gustaría creer que sí, así existiría mínimo una manera de frenar conflictos de una manera casi divina.
    Eso me hizo pensar en lo de la tabla, que uso tendrá? Y porqué el príncipe si esta interesado en ella, mientras el mismo rey dio caso casi omiso a esta, parece que su mentalidad es la de doblegar con acero al acero, pero aunque fuera una simple roca o no, El príncipe o ahora juglar Brav, tenía intensiones más pacíficas que quizás el resto de la Familia real y sus leales.

    Me desplazo aún caminando entre el pasto, siempre volteando a ver a mis compañeros como se sentaban en la fogata y conversaban entre ellos, no sabía aún como actuar, me había presentado sereno y jovial, pero había terminado serio y frío con todos los incidentes, que un que olvidados si actuara como si nada hubiera pasado y anduviera por ahí platicando con ellos pensarían que sufrí de bipolaridad, sería mejor llevar esto con calma e ir re introduciéndome poco a poco, pero es difícil ignorar la enseñanzas que tuve de la primera misión, a cuentas justas solo poseía una confianza absoluta hacia el príncipe, y lo que hiciera sería por el.

    Muevo mis espadas desenfundadas por el airé un poco cortando un poco de césped largo, mientras solitario repasó líneas en mi mente que me tenían bastante curioso desde hace tiempo.

    Pensaba que esa carta de Gladius iría a tener otro significado, pero técnicamente dependo de mis compañeros, o eso dijo el príncipe (digo) Bravilo, un héroe era bastante diferente a lo que creía, pero si realmente esa carta decía eso le tomaría la palabra a Brav y el porque de Gladius.

    Me relajo un poco mientras miró al cielo y respiró el aroma del campo que pensé tardaría en regresar a uno.
     
  15. Furanku

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    Mientras algunos comentan la historia del profesor, observo a Kyrek alejado del grupo ¿Aún se sentirá sesgado por todo el conflicto que ha pasado entre nosotros?

    Me levando sin prisa y camino donde él. Me detengo a varios pasos, como manteniendo un poco la distancia.

    -¿Seguro que quieres estar sólo? Ahí al fuego están tus compañeros, no lo olvides- le digo, con el tono neutral que frecuento.

    Esperaré un rato su respuesta y, venga o no, volveré a mi lugar, con los otros.
     
  16. Kike El MataDarknuts

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    -Yo... Sólo caminaba un poco todo esta bien.

    No quería parecer extraño o un poco desconfiado, por lo que sigo a Feager, de regreso a la fogata con todos.

    Cuando fue que el que no solía hablar me vino a buscar, que curioso pero tiene razón, ahí estaba mi equipo.
     
  17. Pali

    Pali Administrator
    Miembro del equipo

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    Interludio 1.1​

    Qué es esto, preguntó.

    Es una persona, le respondieron.

    Observó larga y detenidamente a la persona, estudiando cada aspecto de ella. Parecía estar buscando algo pero su rostro mostraba la insatisfacción de quien no encuentra lo que quiere.

    Es igual a mí, dijo al final con profunda decepción y preguntó cómo era eso posible.

    Tú también eres una persona, le dijeron, pero no eres una persona como esta.

    Entonces, inquirió, cuál es la diferencia.

    La diferencia es obvia, le respondieron. Solo necesitas mirarle y mirarte a ti.

    No entiendo, dijo. Y de verdad no entendía.

    Eres superior, le dijeron. Estás más en alto de lo que esta persona nunca hubiera estado.

    Superior, repitió lentamente. La respuesta le había extrañado pues no concebía como podía ser cierta. No pudo contenerse e insistió, preguntando en qué era superior. Por qué es que estoy más en alto, dijo. Físicamente al menos eso no era nada cierto.

    Es obvio, le dijeron, en todo. Ahora continuemos.

    Pero se quedó de pie en el mismo lugar. No, dijo tranquilamente, quiero saber.

    No hay nada que saber, respondieron, las cosas son simplemente como son y tú eres superior. Continuemos.

    No me siento superior.

    Pues lo eres y no hay discusión. Vamos.

    No.

    Qué es lo que estás esperando, le preguntaron.

    Pensó un momento su respuesta antes de articularla con sus palabras.

    A la verdad, dijo simplemente al final.

    No hay más verdad que esta, le respondieron. La única verdad, explicaron, es que eres superior y no se hable más.

    No, no lo soy, dijo y sintió que su impaciencia tomaba dominio. El tamaño de mi cuerpo es mucho menor y mis músculos están menos desarrollados. Si nos hubieran arrojado a una isla desierta en solitario, habría sido mi muerte y la persona habría sobrevivido. Eso me hace inferior.

    Eso es mentira, le dijeron. Para empezar, aun te faltan muchos años por crecer. E incluso una vez que hayas crecido, eso probablemente seguirá igual y te hace superior. Te hace superior porque esa persona necesitaba valerse por sí misma y tú no lo necesitas. Tú no tienes qué esforzarte por tener las cosas por las que esa persona debía luchar.

    Y cómo me hace eso superior, preguntó. Soy inútil.

    No lo eres, respondieron, pero de inmediato desviaron el tema hacia la pregunta de siempre. Podemos irnos ya, por favor.

    Está bien, respondió. Pero sus dudas no estaban satisfechas. La persona seguía dando vueltas en su mente, su fragilidad y lo mucho más valiosa que era, a pesar de lo que le dijeron. Y entonces se hizo una pregunta a su propia mente, cuál es mi valor real. Y fue gracias a esa pregunta que a partir de ese día se fijó la gran meta de su vida. Descubrir la verdad.


    [hr]


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    En los días libres

    A Furanku y Legend

    La chica mira con interés tus manos mientras le acercas el cuchillo. Una vez que se lo extiendes, lo toma, lo pone por encima de su vista y levanta la cabeza para observarlo con detenimiento.

    -Mi tío no se encuentra ahora mismo -dice mientras continúa examinando el arma.

    -¿Puedo verla? ¿Puedo verla? -pregunta la niña pequeña entre saltos -anda, Taska, ¡déjame verla!

    -No, Sole, es un objeto puntiagudo, podrías cortarte -contesta la muchacha, aún observando el cuchillo.

    -¡Le voy a decir a abuelito! -grita la niña antes de correr al interior de la casa.

    -No le hagan caso, es una dramática -dice Taska mientras se encoge de hombros, mirándolos nuevamente-. Por lo que veo, éste parece ser un artefacto mágico, incluso tiene grabados que parece ser algún tipo de escritura -les muestra la parte de la hoja en la que tiene grabaciones -pero... no sé leerlo, definitivamente necesitan consultarlo con mi tío.

    [hr]

    Noche del 25 de mayo del año 769 de la dinastía de Santral

    A Caballero Verde

    Tahmid abre mucho los ojos por un instante y voltea a ver el cofre. Entonces se lleva una mano a la cara como si hubiera olvidado algo.

    -Creo que no lo puse de la manera adecuada -te dice mientras lo gira y te muestra otro ángulo-. Mira lo que tiene aquí.

    Lo que el príncipe te señala es un símbolo de media luna con una estrella en el centro. Sabes bien de lo que se trata, es el escudo de las piratas pelirrojas.

    Cuando lo tomas entre tus manos, no ves mucho más de tu interés. La ornamentación es muy bonita y está muy elaborada, debe ser un cofre bastante caro. Aun así no tiene nada que te llame la atención. No hay nada escrito en ningún idioma o código que reconozcas ni tiene alguna otra marca que tenga un significado especial para ti. Lo único destacable es la cerradura tiene una forma extraña, pero no sabes mucho al respecto así que no puedes identificar más.

    Tahmid se echa a reír.

    -Nunca te ha caído bien, ¿eh? No te culpo, ni siquiera estoy muy seguro de por qué le tengo aprecio yo. Pero en momentos de extrema necesidad le confiaría mi vida, y creo que este es uno de esos momentos de extrema necesidad. Me tiene más fidelidad que a su padre, hará lo que sea par tratar de decepcionarlo un poco más.

    Tahmid hace una mueca y mira al suelo.

    -Un hombre tiene qué hacer lo que un hombre tiene qué hacer. Esa es una lección que me enseñó Gladius hace años, cuando más lo necesitaba. No hay tiempo para lamentarse mientras queda trabajo pendiente y yo tengo mucho, como bien sabes.

    No te extraña que el príncipe diga eso, sabiendo que Gladius reaccionó de la misma manera hace años cuando perdió a su familia. No puedes evitar sentir un poco de pena al recordar que fue probablemente por eso que enfocó todas sus energías en educar apropiadamente al joven príncipe.

    El muchacho te da una sonrisa con cierto dejo de tristeza.

    -Mi padre goza de buena salud y de excelentes relaciones con la corte. Yo creo que me faltan todavía bastantes años para tener que pensar en cosas desagradables como tomar su lugar. Mientras eso pasa, tengo que hacer mi mejor esfuerzo para proteger la integridad del reino que algún día voy a heredar, ¿no crees? Al menos eso era lo que decía Gladius: "No dejes que otros hagan el trabajo sucio que tú deberías hacer. Un líder conoce a su gente, habla con ellos, convive con ellos, come con ellos, se baña con ellos y duerme junto a ellos. No puedes gobernar si no sabes sobre quiénes estás gobernando, si no conoces sus problemas y si no te ensucias las manos para ayudarlos." Evidentemente no voy a poder seguir haciendo eso en el potencial futuro en el que herede el trono, entonces sí deberé ser lejano como un dios, pero mientras tanto soy un agente del reino que vela por su seguridad. Por eso es justamente que voy de incógnito y dejo que poca gente se entere de quién soy. No sacaría nada bueno de lo contrario.

    [hr]

    Noche del 26 de mayo del año 769 de la dinastía de Santral

    A todos

    A la historia de Duncan

    Tahmid levanta la mano después de Kiogh.

    -No estoy de acuerdo, al menos no del todo. No estoy seguro de que el goron de la historia estuviera mal. Quiero decir... desde nuestra perspectiva estaba mal, ¿pero desde la suya? ¿Desde la de su gente? ¿Qué son para ellos los zora, al no estar acostumbrados a tratar con ellos? ¿Qué era para ellos esa otra raza? No creo que el líder fuera cobarde ni se ocultara, el líder quería ser un héroe y lo era a su manera. Adyna dice que el pueblo era cobarde, pero los goron por naturaleza son fraternales, tal vez demasiado. Es algo que comparten los dos pueblos de goron que hay en el reino y me imagino que es algo que comparten la mayor parte. Así que los goron tenían miedo y hambre y querían a un salvador. No es que sean tontos, simplemente su cultura y su manera de ver la vida es de una forma distinta. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar esa parte de ellos? Critiquemos que el líder fuera un dictador, critiquemos que esa raza sin nombre hubiera sido erradicada, pero no veo el derecho que tenemos de criticar en lo que piensan y en lo que creen.

    [hr]

    A Soria

    Tahmid te mira con especial interés cuando dices esto.

    -¿A qué te refieres? ¿Qué te dijo Ephrym sobre mí? -pregunta directamente.

    -Adyna, tranquila, si te invité a esta expedición fue porque te considero necesaria e importante. ¿No crees que me hubiera sido muy fácil enviarte a casa luego de todo lo que ocurrió en el Palacio? Pero no podría hacer eso, pues demostraste hacer un buen trabajo en Daiton y, a pesar de los sucesos de Santral, sigues teniendo mi confianza. Estoy consciente de que cualquiera de ustedes puede cometer errores, pero eso es un riesgo inevitable en cualquier situación como ésta.

    A Säbel

    Al inicio Tahmid desvía su mirada de ti, pero conforme sigues hablando vuelve a mirarte con atención.

    -En efecto, mi compañero cayó en esa trampa. Supongo que los hermanos no tuvieron nada que ver en eso, no creo que Elisia accediera a llevar a cabo un plan así, ella es muy noble y correcta. Posiblemente sólo su maestro y otras pocas personas fueron parte de ese acto e hicieron creer al resto la historia que te contaron.

    -¿Gemelos? -pregunta mientras arquea las cejas-. Pues... sólo cosas a pequeña escala, hasta donde sé. Era un líder que reunía a grupos pequeños de gente para quejarse de lo injusto del gobierno de Daiton, pero nunca antes hizo un movimiento tan fuerte como el de aquella vez.

    [hr]

    Cuando acaba la guardia, Tahmid se encarga de despertar a los siguientes y te hace una seña para que intentes descansar.

    A Kike y Yuki

    Tahmid los despierta suavemente indicándoles que es la hora de su guardia y se va a dormir. La noche es apacible y tranquila, no parece haber absolutamente nada moviéndose allá afuera. Se sientan a la luz de la fogata para protegerse del frío y esperan.

    [hr]

    Cuando el tiempo de la guardia termina, se apresuran a despertar a Fegaer y Kiogh y seguir durmiendo.

    A Furanku y Vicho

    Kyrek y Tabit los despiertan, dejándolos pronto solos para su guardia. La noche está extremadamente tranquila, no distinguen prácticamente ningún sonido en el fondo. Se sientan a la luz de la fogata para calentarse y esperan.

    [hr]

    Cuando la guardia ha terminado, se dirigen a despertar a Duncan y James y se dirigen a intentar dormir las últimas dos horas que les quedan.

    A Caballero Verde y Legend

    Fegaer y Kiogh los despiertan y se retiran a dormir. La noche está tranquila y silenciosa como ninguna otra, no hay ningún sonido en la cercanía. Se sientan a la luz de la fogata esperando ser recibidos por su calor y esperan.

    [hr]

    Cuando la guardia finaliza y el alba empieza a apreciarse en el cielo, se disponen a despertarlos a todos para seguir el viaje.

    Mañana del 27 de mayo del año 769 de la dinastía de Santral

    A todos

    Cuando todos están despiertos y listos la mañana ya se ha terminado de levantar. Tahmid los anima a que se preparen rápido y continúan el viaje hacia la Antigua Ikana.

    Al llegar el medio día, se dan cuenta de que la Torre de Piedra está muy cerca de ustedes, cosa que no les extraña considerando que han estado cabalgando desde que salió el sol. Antes de llegar a ella, sin embargo, el camino es bloqueado por una gran elevación de tierra, que al parecer sólo puede ser atravesada por una cueva, así que siguen al guía Tahmid a través del oscuro túnel, cuya única luz es la que logra filtrarse del exterior.

    -¿Alguno de ustedes conoce la leyenda de esta cueva? Les daré una pista, su nombre es el Manantial del Compositor.

    A Soria

    Tras decir esto, el príncipe voltea a verte y te guiña un ojo.

    Recuerdas que la última vez que cruzaste el lugar, el príncipe les contó la leyenda de un compositor que fue a esa cueva a llorar sus penas. La música que interpretaba en su tristeza era hermosa como ninguna otra, pero el pobre terminó ahogado en sus propias lágrimas. La pequeña corriente de agua que sale del manantial y se dirige hacia la Torre de Piedra se supone que es el único rastro que queda de que alguna vez estuvo ahí.

    A todos

    De un agujero en la pared brota agua que baja hasta el suelo y lo inunda, haciendo que las patas de sus caballos se mojen y salpiquen a cada paso. Dentro de la cueva se siente una gran humedad y un intenso olor a tierra mojada. El agua fluye hacia el exterior en la misma dirección en la que ustedes van, así que no se estanca. No tardan mucho en comenzar a ver la luz del otro lado.

    Al salir de la cueva, lo primero que ven es un gran campamento, incontables tiendas de campaña y casas se distribuyen a sus lados y, más cerca que nunca, a su derecha se ven los cimientos de la gran estructura que los ha estado guiando, la Torre de Piedra. El área de la entrada está bien vigilada por cuatro soldados que podrían ser confundidos fácilmente con estatuas por lo inmóviles que están.

    -Les presento la base militar de la Torre de Piedra -les dice el príncipe-. Pero nuestro destino está más al oeste, así que sigamos andando.

    Tarde del 27 de mayo del año 769 de la dinastía de Santral

    Ubicación actual
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    Llega la tarde y finalmente comienzan a ver las murallas de Antigua Ikana. Están agotados, pues han andado todo el día bajo un intenso sol, así que se alegran de estar por fin cruzando las puertas de la ciudad. Lo primero que ven al entrar son grandes extensiones de tierras labradas para la agricultura al lado del camino, y a la distancia se alcanzan a ver tierras que ya tienen grandes, numerosos y variados cultivos.

    Continúan por el camino hasta que pueden ver muchas casas a los lados, se trata de la zona residencial de Antigua Ikana. Más adelante llegan a una gran plaza de piedra rodeada de bonitos jardines, y que en el centro tiene un monumento con la forma de una dramática escena, un hombre está en el suelo y otro está de pie junto a él, poniendo la punta de su espada sobre su pecho. Una corona se encuentra tirada en el suelo entre los dos hombres.

    Tahmid les señala la estatua.

    -Esta estatua la mandó hacer mi ancestro para recordarle a los habitantes de la ciudad quién había derrotado al rey. Evidentemente la estatua representa a Ivar I y a Igos V, la corona que está entre ellos es la que se cayó de la cabeza de Igos luego de ser derrotado.

    Aparte de ustedes, en la plaza hay muchas personas caminando, otras corriendo, otras sentadas disfrutando del cálido día.

    -Estamos cerca -dice el Príncipe mientras apunta con un dedo hacia el sur -ahí está el museo.

    Miran en la dirección en la que Tahmid les señala y, más allá de la zona residencial, logran ver un gran castillo. Mientras se van acercando, les da la impresión de que sí es muy antiguo, pues su decoración y arquitectura no se parece en nada a la del Palacio de Santral, ésta es más clásica, llena de piedra gris, bordes irregulares y pequeñas torres en los extremos rodeadas por una alta muralla. Cuando están finalmente frente al edificio, Tahmiid da media vuelta y les hace una seña para que se detengan.

    -Hay algo que debería advertirles antes de entrar a la ciudad -les dice-. Como les dije antes, la eminencia que venimos a ver es la persona encargada de manejar el museo, aunque tal vez no estaría mal extender un poco mi explicación, considerando por lo que algunos de ustedes han pasado. Como ya todos sabrán, la ciudad de Ikana era la capital del reino con el mismo nombre hace poco más de setecientos años. Mi ancestro, Ivar I era en esa época el general de los ejércitos del reino y decidió levantarse en armas contra Igos V, un terrible rey opresor. Cuando tanto el rey como toda su familia directa fueron asesinados, Ivar despreció la capital como el centro de gobierno y en vez de eso mandó construir desde cero una ciudad completamente nueva que hoy conocemos como Santral. Aunque el Castillo desde el que Igos solía gobernar quedó abandonado en ese tiempo, un rey posterior lo convirtió en un museo en el que se guardaron todo tipo de artefactos, textos y demás objetos antiguos. Una familia muy importante que vivía en la ciudad recibió la responsabilidad de administrarlo y han seguido haciendo eso generación tras generación. Quien tiene ese encargo en esta época es alguien que algunos de ustedes han conocido bien, Ghilan Kiran. Pero Kiran lleva viviendo ya bastantes años en el Palacio de Santral por su puesto como Consejero y Tesorero, así que le cedió la responsabilidad a su hijo menor, que se llama Ghalib.

    Tahmid los mira a todos un instante como evaluando sus reacciones.

    -Claro está, Ghalib no es como su papá. De hecho están en algo así como malos términos. No están precisamente peleados, pero cada uno se avergüenza del otro. Y Ghalib es un buen amigo mío desde hace más de diez años, así que lo conozco bastante bien. Es una persona un poco... excéntrica, pero muy en el fondo tiene buenas intenciones. Solo intenten que lo que sea que diga no les cale mucho. Si les afecta lo que sea que escuchen, Ghalib habrá logrado su propósito y le habrán dado material para reírse un rato.

    Atraviesan las murallas y se encuentran con los jardines exteriores del antiguo Castillo. Todo el patio es muy bonito, está lleno de flores y plantas de todos los colores que brillan por la intensa luz del día, también se desprenden fragancias muy agradables que hacen que en el ambiente se sienta la primavera.

    Llegan hasta las puertas del castillo y, un rato después de que Tahmid hable con uno de los guardias, llega un hombre que dibuja en su cara media sonrisa al ver a Tahmid. El hombre les es sin duda familiar. Es corto de estatura igual que su padre y sus rasgos les recuerdan vagamente a él, pero no tiene ningún tipo de barba. Los observa un instante, pero su atención se centra inmediatamente en Tahmid.

    A Kike y Vicho

    Cuando el hombre le echa una mirada al grupo, sienten inmediatamente un escalofrío. No es que los haya mirado feo o que se desprenda una actitud negativa de él, sino que están seguros de que, por solo un instante casi imperceptible, los observó detenidamente de pies a cabeza. Pero no tienen tiempo de comprobarlo, pues su atención se centra inmediatamente en Tahmid.

    A Caballero Verde

    No tienes nada para comprobarlo, pero tienes la desagradable sospecha de que el hombre está haciendo todo lo posible para evitar reconocer que estás presente, considerando que no hace ni un gesto hacia tu dirección.

    A todos

    Cuando el hombre ve a Tahmid, estalla en una risotada bastante escandalosa.

    -¿De qué se supone que estás disfrazado?

    -De Bravlio el Trovador -responde orgullosamente Tahmid extendiendo los brazos para presumir su atuendo-. ¿Qué te parece?

    -Me parece que el nombre te queda muy bien. Necesitas ser bastante valiente para salir a la calle vestido así.

    El príncipe se ríe con él y se encoge de hombros. Se dirige a ustedes y señala al hombre.

    -Les presento a Ghalib Kiran -les dice con tono dramático-, el curador del museo.

    El hombre ignora la presentación y sigue dirigiéndose a Tahmid.

    -Vaya grupo variado que conseguiste esta vez -le dice con una sonrisa-. ¿De qué esquina los sacaste?

    -De la misma de donde tú sacas a rastras a tu hermana todos los días.

    El hombre se ríe al escuchar eso.

    -¿Se supone que eso me ofenda?

    -No -responde Tahmid riéndose también-, pero siempre es divertido insultarla, como bien sabes.

    -Oh, sí, lo sé bien.

    El príncipe gira la cabeza lateralmente y señala al interior.

    -¿Te parece si nos dejas pasar a un lugar más acogedor?

    -Está bien -responde el hombre-, pero les pido que dejen a sus mascotas afuera. Acabo de mandar limpiar todo el castillo a fondo y no me gustaría que se ensuciara de nuevo.

    Tahmid ignora ese comentario y toma a Volvi en sus brazos antes de entrar. El hombre lo deja pasar sin interponerse, pero se queda mirando al resto del grupo.

    -Mascotas afuera, dije.

    Tahmid se limita a darle una palmada en el hombro y arrastrarlo con él.

    -Vengan con nosotros -les dice el príncipe con un suspiro-, iremos a hablar a donde podamos sentarnos.

    Ambos hombres los conducen a través de largos pasillos de piedra. En cierta forma el aspecto del interior del museo es similar al del Palacio de Santral, pero este sin duda se siente de alguna forma más antiguo y más grandioso. Tal vez son las antorchas encendidas colgadas por todos lados, la falta de decoración aparte de eso o la falta de personas, pero algo hace que el lugar realmente se sienta como un sitio cargado de historia.

    Mientras caminan, los dos humanos conversan plácidamente.

    -¿Qué tal estuvo la fiesta, por cierto? -pregunta Ghalib.

    -¿Fiesta? -pregunta Tahmid-. ¿Te refieres al funeral de Gladius?

    -Eso, es lo mismo. ¿No celebraron todos en la corte?

    -No externamente -el príncipe encoge ligeramente los hombros-. No puedo decir que me extrañó no verte.

    -¿Qué quieres que te diga? Estaba ocupado.

    -¿Sacándote los mocos?

    -Investigando. Hice un viaje corto al noroeste para enterarme de las últimas noticias.

    -¿Y encontraste algo de interés?

    -Nada.

    -Como siempre.

    -Aparte, creo que nadie hubiera estado contento de verme ahí.

    -¿Ni siquiera el mismo Gladius?

    -¡Exactamente!

    Al final llegan a una habitación con muchas sillas acomodadas en los extremos. Ghalib se apresura en acercar cuatro sillas y pasárselas a Tahmid, Kiogh, Kyrek y Duncan. Al ver esto, Tahmid deja a Volvi en el piso y el perro comienza a andar por todos lados. El príncipe suspira y acerca por sí mismo asientos para el resto del grupo. Ghalib parece ver eso con el más ínfimo de los desagrados, pero decide no comentar nada. En vez de eso se sienta él mismo frente a ustedes y por primera vez en todo el rato mira fijamente a Duncan.

    -¿Y tú qué haces aquí? -le pregunta

    Tahmid, una vez que se ha asegurado de que todos se hayan sentado, procede a hacer lo mismo y a cortar a Ghalib con voz seria.

    -Hay algo que necesitamos de ti.

    -Sí -dice el anfitrión plácidamente-, me imagino que no volverías a visitarme tan pronto solo para decirme que me extrañaste. Últimamente no te recibo más que para hacerte favores, comienzo a sentirme utilizado.

    Tahmid responde con una risa.

    -Lo que me sorprende es que apenas empieces a sentirte así. Si yo fuera tú, ya hubiera abierto un servicio de paga.

    -Tal vez debería... tal vez debería... Aunque lo triste es que creo que serías mi único cliente. Toda la gente importante de la capital parece empeñada en hacer como que no existo. Aunque la gente importante de aquí parece hacer lo mismo.

    Tahmid se ríe de nuevo.

    -Me imagino lo doloroso que debe ser para ti.

    -¡Claro! ¿Qué haría sin esa gente falsa y vacía que solo ve por sus propias riquezas y desprecia el valor de una buena historia?

    -Siempre tan fino -es la única respuesta del príncipe.

    -Mejor déjate de rodeos -responde Ghalib-. ¿Qué necesitas?

    -Necesito... esto -dice el príncipe dramáticamente mientras extiende sobre sus piernas el bulto que traía cargado y le muestra a Ghalib el cofre.

    A Soria

    Lo que ves es un bonito cofre azul con adornos dorados. En el centro tiene un curioso símbolo que representa una media luna con una estrella en el centro.

    A todos

    Ghalib Kiran levanta ambas cejas al verlo y se acerca para estudiarlo con detenimiento.

    -Esto es mejor que tus aburridos problemas personales juntos, Tam. ¿De dónde sacaste un cofre de las piratas?

    -Yo no lo saqué, lo encontraron varios de mis asociados en Launa, hace poco más de una semana, durante un ataque.

    -¿Y se lo robaron?

    -Lo encontraron con poca protección y no pudieron evitar pensar que era importante. Después el mismo Gladius les dijo que el cofre era muy importante y que deberían regresarlo a Santral.

    -Típico del imbécil de Rae, si yo encontrara algo muy importante lo último que haría sería llevarlo a Santral.

    -Él, a diferencia de ti, es respetado en Santral.

    -Era.

    -Te sorprendería, mi buen amigo, la fidelidad que todavía reúne.

    -En ese particular caso, todo es humo y espejos, como bien sabes.

    Tahmid hace una mueca de desagrado.

    -Si hubieras visto la reacción de Su Majestad, no estarías diciendo eso.

    -Uuh, ¿te pegó?

    -Aun peor, organizó toda una reunión con el Consejo solo para que le informara los pormenores.

    -¿Y qué opinó mi padre de todo eso?

    Tahmid se ríe y los voltea a mirar a ustedes.

    -Pregúntales a ellos, los que estaban en Launa tuvieron un encuentro cercano con él cuando recién volvieron.

    Ghalib no los voltea a ver, pues sigue enfocado en Tahmid.

    -¿Entonces fue por todo esto que se murió Rae?

    -Precisamente.

    -¿...qué fue lo que pasó?

    -Los detalles dan igual -el príncipe se encoge de hombros-. Lo que importa es que Gladius, cuando vio el cofre, les contó la historia de la creación de la Torre de Piedra.

    -¿Cuál de todas?

    -¿Importa? Todas son iguales, solo cambian los detalles.

    -Todas las que conoces. Ese edificio tiene más de mil quinientos años, quizá incluso más de dos mil, le tienen leyendas e historias hasta los zora de la Gran Bahía al oeste, y eso que esos nunca salen de abajo del agua.

    -No te hagas el listo, sabes cuáles conozco.

    -Es más fácil saber eso que las que no conoces, sí -Ghalib sonríe-. Entonces... ¿crees que Rae sospechaba que el cofre tenía una?

    -No se me ocurre otro motivo para que intentara resguardar el cofre y les contara esa leyenda -responde Tahmid-. Lo otro que me llamó la atención fue tu padre.

    -Otra persona no muy perspicaz.

    -Estoy en total desacuerdo -Tahmid hace de nuevo una mueca de desagrado.

    -Te impresionas por nada.

    -¿Harías el favor de escucharme? -el príncipe suspira.

    -¿Cuál sería la diversión en eso?

    -No espero que te diviertas.

    -Eres una pésima persona. Anda, sigue.

    -Como te decía, tu padre tomó el cofre cuando ese grupo volvió de Launa con el cadáver de Gladius y lo escondió del resto del Consejo. Cuando yo llegué nadie estaba enterado de su existencia y me tardé en lograr que tu padre aceptara que lo tenía resguardado. Les expliqué su importanca y lo que creía que Gladius sospechaba, Katzir se rió en mi cara y Petuel trató de tranquilizarme como si fuera un niño diciendo tonterías.

    -Me hubiera gustado ver eso.

    -No lo dudo -responde sarcásticamente Tahmid-. El caso es que el Consejo, que en este caso me refiero solo a Namir, pidió la opinión de Katzir y Petuel para que quedara dicha oficialmente, y ambos estuvieron de acuerdo en que posiblemente era algún tipo de arma o artefacto mágico, o tal vez en realidad era una de las tablas, pero que en ese caso era una superstición pirata y que no había nada que temer. Tu padre se ofreció a poner gente a tratar de abrirlo y hasta ahí llegó el asunto. Dos semanas después, el cofre seguía cerrado detrás de un de sus estantes.

    -Ah, sus estantes. Siempre piensa que a nadie se le ocurriría buscar ahí. ¿Ves por qué te digo que no es una persona muy perspicaz?

    -Como sea, el caso es que yo tampoco pude abrirlo. Siempre se me ha dado bien abrir candados, pero no esta vez. Es un candado extremadamente complejo y sospecho que en algún punto tiene algún componente mágico que actúa como seguridad.

    -Eso me interesa -Ghalib toma el cofre entre sus manos y empieza a examinar la cerradura. Después lo pone entre sus piernas, cierra uno de sus puños que tiene un anillo con una piedra roja y lo acerca al cofre con los ojos cerrados-. Interesante, el cofre tiene energía mágica en algún lugar. La señal es distinta de la de las tablas, pero no estoy muy seguro de qué es exactamente. Voy a necesitar más tiempo para analizar el cofre.

    -Pero sigo sin entender del todo por qué Gladius le daría tanta importancia. El resto del Consejo solía variar entre apatía y burla cuando yo intentaba que se discutiera eso. Es obvio que lo de las tablas es un tema que no se había tocado ahí ¿Qué podría Gladius saber que no supiera nadie más?

    -Esa es una buena pregunta -responde Ghalib apoyando su barbilla sobre la palma de su mano-. Como dije, Rae no era una persona muy perceptiva... o muy brillante.

    Tahmid levanta una ceja de forma interrogante al escuchar eso pero no dice nada.

    -No digo que no fuera hábil con lo que hacía -añade Ghalib dedicándole una sonrisa de complicidad a Tahmid-, pero tenía una tendencia terrible de no ver lo que estaba más allá de su nariz.

    -¿No será que Gladius nunca te trató muy bien y todavía ahora sigues resentido? -pregunta el príncipe respondiendo a su sonrisa con una propia-. Tal vez lo que dices que no veía eran tus deseos internos de ser admirado por él... ¿quizá para suplir por las carencias en tu hogar?

    Ghalib se echa a reír.

    -Creo que te confundes de persona, mi buen amigo -Ghalib no se deja intimidar y continúa su respuesta-. En eso soy distinto a todos los demás, en que me doy cuenta de que las "figuras paternas" solo nos corrompen y nos quitan nuestra identidad para reemplazarla con la de ellos. ¿Por qué uno querría imitar a los viejos? Es obvio que el mundo no funciona y es culpa de ellos. Deberíamos tratar de hacer las cosas de manera distinta, si no bien podríamos mejor buscar una manera de dar nuestra propia vida para extender la de nuestros padres.

    Tahmid niega con la cabeza un instante y se recarga de nuevo en su silla.

    -Dejemos tu manera de proyectar tus problemas para otro día, me interesa que sigamos con el tema original -el príncipe se aclara la garganta y sigue hablando-. Como te decía, no estoy muy seguro de qué le podemos sacar a este asunto. Y es por eso que hemos acudido a ti. Tú tienes tres de las tablas en tu posesión y has sido su único guardián durante más de ocho años. Si alguien se puede imaginar qué les veía Gladius, eres tú. Petuel y Katzir han dicho una vez tras otra que esas cosas no tienen nada de especial y eso que llevan la mitad de sus vidas analizándolas de cada manera que se les ocurre. ¿Cuál otro podría ser el interés tanto de Gladius como de tu padre?

    La reacción de Ghalib de nuevo es soltar una risotada.

    -¿Y se supone que lo que digan esos dos debe significar algo? Ninguno de los dos es ni la sombra de lo que eran hace treinta años. Katzir es un viejo estirado que no distinguiría una broma ni aunque bailara desnuda frente a él y Petuel... Bueno, francamente, me sorprende que le sigan permitiendo arrastrarse hasta la sala de reuniones del Consejo con ese bastón que nunca suelta. Yo hace tiempo que lo habría metido en una pecera y lo hubiera puesto de adorno en la Sala del Trono... o en lo profundo de una mazmorra.

    El príncipe ignora el comentario e insiste con sus preguntas.

    -¿Has averiguado algo sobre las tablas que no sepan Katzir y Petuel?

    Ghalib le echa a Tahmid una sonrisa.

    -Si supiera, ¿por qué habría de decirte? ¿Qué te califica a ti para encargarte de este asunto?

    -Creo que es lo que Gladius hubiera querido.

    -Repite mi pregunta pero dirigida a él.

    -¿Nuestra amistad?

    Ghalib se echa a reír sin contenerse. Al ver eso, el príncipe suspira y echa la cabeza atrás.

    Acciones
    -Libres.
     
  18. Soria

    Fortianitas recibidas:
    129
    Después de dar mi opinión sobre la historia que contó el abuelo Duncan, el humano Kiogh hace su comentario:
    -¿Enfermo? - pregunto con los ojos bien abiertos -. Me gusta decir que son tarados, ignorantes, o simplemente desdichados, pero no estoy segura de decirle a una persona que está enferma sólo porque yo piense que obre mal. Pero bueno, entiendo lo que quieres decir. ¿Y desdeñar? No, compañero, yo no desdeño. Podré expresarme como una cabrona, pero nada me interesa más que la integridad moral de todos los seres pensantes de esta tierra. Yo creo que esas personas no están enfermas, y que el miedo a la muerte es el último de los problemas... pero, ¿miedo a vivir? ¿a tomar decisiones? Yo creo que como bien dices hay que sobreponerse a ello, y yo intentaría ayudar así tenga que darles por el culo. Pero no veo que te parezca mal que insulte a Darcan, ¿te parece mal su manera de obrar?

    Todo esto lo digo con mi usual manera de hablar, con ese acento animado y ligeramente sardónico, como si estuviera contando un chiste. Sin embargo, mis palabras son muy serias.
    -Y no hay nada que aprecie más de los goron que su fraternidad. Pero aquello no era fraternidad, ¿abrazarse y temblar hasta morir es fraternal? La fraternidad es apoyarse los unos a los otros para superar el conflicto, unir sus brazos, colocar piedras, cuidarse entre ellos. No me parece mal que las personas se lamenten, pero me es sumamente triste que los goron en esa historia, más que ser fraternales, no supiesen por qué vivir, ni tuviesen la convicción de hacerlo.

    -En cuanto a Darcan, me parece que lo que él dijo al final tiene toda la razón: él no hubiera hecho toda clase de calamidades de no haber sido por el pueblo. Si el pueblo goron no lo hubiese reconocido, él no hubiera seguido con sus planes de ser héroe. ¿Por qué quería ser héroe? ¿por qué no convertirse mejor en un motivador, en un aliciente para que su pueblo puediese luchar por sí mismo? ¡Ése es, en mi opinión, el verdadero héroe! Darcan no pretendía ser una inspiración para sus amigos, simplemente pensaba ser héroe para llenar su propio vacío y el de nadie más.

    Y mirando al príncipe directamente a los ojos, termino por decir:

    -Fomentar la dependencia del pueblo me parece el peor de los deseos. ¿En verdad a nadie le parece la táctica de un manipulador? "¡Que no puedan vivir sin mí para que no puedan reemplazarme!" 

    ***
    Me encojo de hombros y niego ligeramente con la cabeza, como diciendo que aquello no es importante. Después escucho lo que tenga que decirme:
    ¡Oh no! Lo que me temía... desciende sobre mí un incomparable alivio, tanto que no puedo evitar dibujar una ligera y vulnerable sonrisa. Pero eso no era lo que me temía, sino el hecho de que las lágrimas, de nuevo, amenazaran con salir. 

    ¿Qué mierdas me pasa? ¿desde cuándo soy tan sentimental? 

    Antes de que el príncipe pueda ver algún visaje de debilidad en mi rostro, agacho mi cabeza, me aparto de él y vuelvo a lugar donde me encontraba. Allá, un poco lejos, confío en el abrigo de la oscuridad para ocultar algunas lágrimas de alivio. Como he vuelto a meter mis piernas al agua, comienzo a chapotear un poco para que el ruido del agua ahogue mis suspiros. 

    -Me alegra que aún confíes en mí - digo con voz calmada y suave -. Te prometo intentar no decepcionarte nuevamente.

    Cuando pasa un poco más de tiempo y me siento más tranquila, vuelvo a abrir mi boca para hablar:

    -En cuanto a lo que me preguntaste antes. Ephrym no dijo nada en especial. Sólo me contó que hubo una violación y no sé cuántas cosas más. Y me insistió mucho en pedirte pormenores, como si fueses el culpable de todas las calamidades. Me dijo que eres un manipulador, y un falso. 

    Apoyo mis manos en la tierra, detrás de mi espalda, y me inclino un poco hacia atrás.

    -Hay algo en lo que he pensado en mi estancia en Santral, amigo. Algo que no me parece normal. Me dio la impresión de que tenías tus detractores en el consejo. Me puse a pensar que, para que al parecer tu propio padre no confíe en ti, y digas que tú también puedas correr peligro, es que hay uno o varios que han estado maquinando cosas en tu contra. 

    Miro el correr del agua por unos instantes, y escucho su relajante murmullo.

    -Pienso que tiene sentido. Imagina que alguien gana más prestigio ante el rey, mientras que el tuyo, el del único heredero, parece desgastarse poco a poco. No es descabellado pensar que alguien quiere quitarte del camino, deshacerse del rey y hacerse con la corona. Claro que nadie haría eso si no tuviera más de un recurso bajo la manga. 

    -Creo que esto de la Resistencia es la maquinación de alguien del Consejo. Quizá simplemente estoy exagerando, pero... o alguien en el Consejo lo ha planeado, o simplemente se está aprovechando de la situación. Pero vamos, parece que Ephrym y Elisia son parte de la parafernalia de alguien, yo apuesto mi bello y bien formado culo a que ese alguien, repito, es miembro del Consejo. Eso explicaría por qué se inflitró un sujeto así sin más en el palacio. 

    Y ahora sí vuelvo la mirada al príncipe:

    -Y entonces me ha dado por pensar que alguien te tendió una trampa. Que alguien te sedujo, o sedujo a alguien más, y comenzó a contar a todos su propia versión, aquella en la que tú te aprovechaste de esa persona. Porque... eso fue lo que deduje de las palabras de Ephrym. Además, hablaron mal de ti en Daiton, parecía que le habías hecho algo muy malo a Tanaya... ¿estoy hilando mal las cosas? ¿o acaso eres "culpable" de más delitos? Eso no haría más que reafirmarme en mis sospechas.

    ***
     
    Al otro día, cuando finalmente cruzamos la cueva que alguna vez visitamos el príncipe y mis compañeros, y mis miradas se topan con la Torre de Piedra, tan majestuosamente cerca, siento una emoción indescriptible. Sé que he estado tan cerca de la Torre de Piedra antes, pero creo que nunca dejará de sorprenderme semejante edificación. Cuando el príncipe nos presenta la base militar de la Torre de Piedra, sus palabras aumentan mi impresión. Levanto la cabeza y miro la Torre de Piedra que da la impresión de perderse en las nubes, y cómo parece que se nos vendrá encima en cualquier momento. Mi corazón late muy rápido, y sólo cuando el vértigo me hace tambalearme ligeramente en la silla aparto la vista de la majestuosa torre. 

    Después comenzamos el camino a la Antigua Ikana, y no dejo de sonreír como si fuese una inocente quinceañera. Cuando por fin atravesamos la muralla y entramos a la ciudad, me quedo enmudecida contemplando los plantíos, las plazas, a las personas e incluso la estatua, que no me parece muy agradable que digamos. Pero no importa, el palacio y todo cuando veo a mi alrededor me tiene embobada y, por esta ocasión no tengo palabras para expresar mi embeleso, ni preguntas para formular.

    Y por fin vemos a la eminencia, la cual recibe al príncipe con una gran risa. Oh, parecen muy amigos. Cuando el sujeto se burla de las ropas del príncipe, aprieto mis labios para esconder una sonrisa y ahogar una risa. Definitivamente deben ser amigos para que se traten así. Yo tengo amigos a los que llamo cariñosamente "rata de burdel", y ellos me prodigan iguales títulos afectivos. Parece que el sujeto es gracioso, me gusta... aunque no me gusta mucho cuando se planta como una vieja que acaba de trapear el piso, impidiendo que los nenes entren a la casa, insinuando que nosotros somos las mascotas del príncipe. ¡Joder! Un defecto demasiado acentuado. Es una pena para alguien tan gracioso.

    Y tenía yo razón, porque el sujeto sólo pone sillas para los humanos. Jeje, este tipillo me toca las narices, pero me da pretextos para molestarlo. Si el príncipe no hubiese traido sillas para nosotros, creo que hubiera aprovechado la oportunidad de sentarme a los pies del príncipe, cual perro fiel... o quizá a los pies de Ghalib para molestarlo un rato, sí, sería gracioso.

    Y entonces el príncipe y el tipejo se ponen a hablar y confirmo que, efectivamente, son amigos. No parece que intenten ofenderse el uno al otro a manera de ver quién es mejor, sino que lo hacen por mera afición. Pero el tipo parece tener una lengua muy suelta, pues critica e insulta la memoria del señor Gladius sin miramiento alguno. Y no sólo eso, dice unas cosas muy poco graciosas sobre meter al viejillo zora en una pecera. Seguro que no lo dice para que todos podamos reír, porque no causa gracia alguna.

    ¿Qué clase de sujeto será? Parece alguien un poco acomplejado, que dice negar la admiración de la gente hipócrita, especialmente de los mayores, pero es como si dijera lo contrario, como si en lo más profundo anhelara la admiración, o mínimo la aceptación, convirtiéndose en un dolor en el culo para hacerse notar. Digo, yo soy un dolor en el culo, pero este sujeto me ha ganado. No sé siquiera si merece mi desprecio o mi compasión. 

    La risa de este Ghalib me vuelve a la realidad. Parece como si el príncipe hubiese contado un chiste muy gracioso al apelar a la amistad de ambos. Jejeje, debo admitir que me hace gracia.

    Debería quedarme callada, debería. En verdad sé que debería, pero no puedo, yo también quiero reirme un rato... es una pena que nadie más vaya a reirse conmigo.

    Levanto una mano, como pidiendo la palabra, y con un tono afectado de sumisión y humildad, digo:

    -Maestro Tahmid, ruego perdone mi imprudencia al hablar cuando usted me ha dicho muchas veces que no lo haga. Ya sabe, frente a personas importantes en temas importantes. Pero confío en que el señor Ghalib aquí presente no sabrá de lo que hablo, puesto que no ha de conocer la lengua de los zora. Pero hay una duda que me asalta: ¿Por qué este pequeño, literalmente, cabroncete hijo de puta no aprovecha la oportunidad de cooperar con usted para ir un paso más adelante de su padre? - Vuelvo la mirada a Brizala y sonriendo digo - oh, éstos son apenas algunos de los muchos insultos que pude leer en tu mente - después vuelvo la mirada al príncipe, sin mirar ni una sola vez al Ghalib -. Sé que no me corresponde a mí pensar, maestro, pero la duda me embarga. Seguro que esta mariquita sabe que no puede dejar que su padre vaya un paso más adelante que él, pero me pregunto si es lo suficientemente inteligente para hacer uso de nosotros. ¿Será que no se cree capaz? Lo sé, señor, es una pregunta atrevida, con gusto recibiré la azotina que tenga dispuesta para mí - digo, mientras sonrío maliciosamente -. ¡Ah! Y le ruego, maestro, que si le traduce todo esto al señor acomplejado, cambie "el cabroncete hijo de puta" por "distinguido señor Ghalib".

    Demonios, Adyna, ¿qué necesidad tenías de decir todo eso? Seguramente ninguna, pero será divertido aprovecharme de mi "condición de mascota" para insultar al sujeto, que seguro a él le dará igual, pero no dejará de hacerme gracia.

     
     
  19. Säbel

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    En la fogata

     
    -En realidad es un asunto delicado, Adyna. Y más profundo, tiene que ver con el poder del conocimiento y el uso que se le da a eso - respondo tranquilamente.

    Me enderezo un poco en mi asiento, mirando a todos mis compañeros, antes de retomar la palabra:

    -Justamente algo parecido hablaba con el señor Navon cuando llegamos a los gajes de nuestra profesión, y me dijo algo que nos podría ilustrar un poco más: el conocimiento no es malo ni es bueno, depende el uso que le demos. Y quienes tenemos el conocimiento también adquirimos una gran responsabilidad; para que lo entiendan mejor, pondré un ejemplo.

    -Como curandera yo tengo un conocimiento amplio sobre la vida, el cuerpo y el funcionamiento del mismo que no todos tienen, y podría usar ese conocimiento para causar muchísimo daño si eso me trajera algún beneficio que pesara más que mi conciencia. Creo que pueden deducir hacia dónde se dirige esto, ¿no es asi? - hago una pequeña pausa, evaluando sus reacciones - Es probable que al principio Darcan tuviera buenas intenciones, pero en el camino se dejó corromper porque el agradecimiento de la gente quizá lo hacía sentir poderoso y valioso, al ser el único que conocía el mundo más allá de su cueva. Eso se volvió tan fuerte que poco le importó hacer daño a los demás. Y a la larga terminó generando una relación de dependencia en donde su pueblo simplemente no podía vivir sin él y por eso le perdonaban todos sus crímenes.

    Bebo un poco de agua, antes de acomodarme nuevamente:

    -Efectivamente lo que deberíamos criticar aqui es el obtener un beneficio pasando por encima del dolor de los demás. Que la gente pierda la cabeza por sentirse poderosos y por eso causen daño, justificándolo como si fuera algo bueno. Podríamos criticar también la ignorancia del pueblo, pero no toda la gente desarrolla una mente perspicaz y astuta de golpe. Y en todo caso, ese pueblo goron también resultó dañado por lo que hacía su líder, aunque quizá de una forma menos evidente y a un plazo mayor que el pueblo sin nombre o aquel de donde salió el zora de la historia.

    = = = = = = = 

    Con Tahmid

    -Probablemente los hermanos no sabían nada del plan, y quizá su nobleza los hizo pecar de inocentes y se tragaron el cuento completito, aunque para eso la muchacha debía ser alguien a quien ellos apreciaban. O por lo menos eso me dio a entender Ephrym, porque aunque se esforzaba por ocultarlo, se veía afectado al relatarme la historia.

    -Olvida eso, a veces para mi ustedes los humanos son muy iguales y Ephrym se parece mucho a su hermana - digo con una sonrisita de pena, haciendo un gesto con la mano para quitarle importancia - Volviendo a lo de su maestro, me pregunto si quizá había alguien más tras él, moviendo los hilos. Es decir, es natural que existan grupos de oposición porque todos pensamos diferente, y siempre habrá alguien con quien estemos en desacuerdo, así es el mundo. Pero lo que ya no es natural es que hagan cosas con toda la intención de hacer daño. No sé... ¿has pensado en la posibilidad de que emboscaran a tu amigo sabiendo de antemano quiénes eran ustedes? Porque acusar a alguien de una violación y usarlo para justificar una revuelta armada ya son palabras mayores.

    = = = = = = = = 

    En el viaje


    -Mmm... no, me parece que no recuerdo esa leyenda. ¿Cómo es que va?

    = = = = = = =

    En la Antigua Ikana, con todos

    Bien decía mi abuela que los viajes ilustran. ¡Y esto es fantástico! Grabo todo lo que veo y escucho en mi mente con detalle, incluyendo la historia que nos cuenta Tahmid sobre sus ancestros y la advertencia sobre la persona que vamos a visitar. ¿Asi que el tal Ghalib es hijo de ese consejero tan odioso? Y además de eso tiene la lengua floja. Pero no puede ser tan imbécil, ¿o si?

    Lo cierto es que cuando llegamos a donde está, una vez más es como si la vida me diera una bofetada por bocona. Decir que Ghalib es simpáticamente desagradable es poco. Y siguiendo el consejo de Tahmid, me dispongo a concentrar mi mente en el viaje, en la ciudad, en lo que acabo de ver... mi mente termina divagando tanto que termino pensando en cosas que resultaban un gran misterio para mi en la niñez, como el por qué los cangrejos andan de lado o cómo es que se le metió el agua a los cocos.

    Pero al parecer Ghalib se esfuerza por ser aun más excéntrico de lo que ya es, su mención sobre el maestro Navon y la pecera me causa un conflicto interior. Es como cuando ves a alguien caerse aparatosamente frente a tus ojos: te preocupa o quizá hasta te enoja, pero a la vez no puedes evitar reirte como desquiciado, de esas ocasiones en donde simplemente no puedes dejar de hacerlo. Me limito a suspirar profundamente, mordiéndome la boca por dentro para obligarme a no soltar una carcajada.

    Y luego Adyna no me ayuda nada. Aprovechando que tengo las manos en el regazo, me pellizco discretamente una pierna, con la fuerza suficiente para no hacerme reir. En parte por lo que dice, pero en parte porque no creo que sea tan ingenua como para fingir que Ghalib ignore completamente el lenguaje de los zora, siendo el encargado de un museo que bien pueden visitar varios de mi raza.

    Carraspeo un poco antes de hablar, para acabar con todo intento de risa descontrolada que me pueda dar:

    -Maese Ghalib, quizá le interese escuchar más sobre el cofre. Yo fui quien descubrió en dónde estaba y quien lo recuperó con ayuda del general Rae - digo con tono neutro pero alegre - Cuando llegamos a Launa hubo un ataque pirata, y por cuestiones que ahora mismo no vienen al caso terminé escondida en una cueva con un manantial. Para mi desgracia llegaron un par de piratas, y mientras buscaba en dónde esconderme di por casualidad con una cámara oculta en la cueva, en donde reposaba este cofre.

    -Mi compañero de escondida, otro zora joven, parecía muy interesado en este cofre, y tuve que usar mi magia y hundirlo, al cofre, para convencerlo de que nos largáramos. La verdad temía que en un ataque de valentía el muchacho se escondiera bajo mis faldas y tuviera que encargarme sola de un par de mujeres armadas hasta los dientes. Lamentablemente más tarde pescaron a uno de mis compañeros  - carraspeo al ver de reojo a Fegaer, creo que acabo de darle material a Ghalib para joderlo - y lo obligaron a recuperarlo, y en la misma cueva se encontró al chico zora con el que yo estaba. Total que para esto el general Rae y yo buscábamos a nuestro compañero y nos topamos con las piratas en su huida, lo cual obstruimos para recuperar esto.

    Miro un momento a Ghalib, parpadeando tan lenta y elegantemente como un gato mirando el ambiente, antes de seguir hablando con el mismo tono:

    -Supuse que los ataques pirata en Launa eran una tapadera para asuntos relacionados con este cofre, eso y la persistencia del otro zora me hizo suponer que tenía algo importante dentro. Y pensando sobre el tema de las piratas fue que el general Rae concluyó lo mismo que yo. Ante mi sugerencia de que podría ser un artefacto mágico fue que pensó en el tema de las tablas, supongo, porque esa misma noche nos habló a todos sobre una de las leyendas de las Tablas de Piedra.
     
  20. Furanku

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    [hr]
    Durante la noche antes de partir

    Llego a mi pieza finalmente, después de haber estado todo el día en la biblioteca prácticamente. Ya Tahmid nos ha dicho que dejaremos el castillo, así que supongo que no tendré otro momento para estudiar el libro. Lo tomo con mis manos, me recuesto en la cama y lo leo exhaustivamente. A veces me siento, lo dejo apoyado en la cama y sigo leyendo, para luego al rato recostarme nuevamente, pero de lado y así, hasta acabarlo.

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    Cuando termino de leer, miro el techo. Mañana después de levantarme le pediré a alguna maiden sirvienta de Tahmid que vaya a devolver el libro a la biblioteca. Es posible que nos despierten, aprovecharé esa instancia. Y sino, pues buscaré antes de irnos, confío en que me levantaré temprano. Perdido en pensamientos como ese y lo que acabo de leer, lentamente concilio el sueño.

    [hr]

    -Esta bien, gracias por tu tiempo. ¿Qué pretendes hacer ahora, James?

    Personalmente, creo que ya terminé lo mio. Entro a la biblioteca y no hubo mucho que pudiera hacer. Sin embargo, si James decide esperar, lo haré con el, por respeto.

    [hr]

    Cuando vuelvo a la fogata con Kyrek, notó como siguen discutiendo sobre el mismo tema relacionado a la historia de Duncan. Es curioso los diferentes enfoques que se le puede dar a un mismo relato. No digo nada, en vez de eso, disfruto escuchando su pequeña cizaña verbal. En algún momento tal vez se me escapó una ligera sonrisa, no estoy seguro.

    Luego, las cosas se tranquilizan y finalmente termino durmiendo. Uso las mantas, que tenía en mi mochila, para dormir en el suelo, viendo el cielo estrellado. Lentamente caigo en sueño.

    Abro los ojos y vuelvo a la realidad. Tabit y Kyrek me despiertan, y al nuevo integrante Kiogh también. La verdad, ya no recuerdo que estaba soñando, pero esta claro que es nuestro turno de guardia. La noches silenciosa y no se siente ruido más allá del escurrir del río. Me siento en la orilla y remojo mis pies. La sensación de agua es tan agradable...¿Deberíamos interactuar? O solo enfocarnos en lo que nos acomete. Lo cierto es que la noche es calma y dudo que algo llegase a pasar, pero siempre se debe estar atento. Aunque... me es extraño, ¿por qué Kiogh pidió sin vacilación tener guardia conmigo? ¿Qué fue lo que lo motivo? ¿Hay algo en mi de su interés? Hago una ligera pausa en mis pensamientos. Ni modo, sólo hay una forma de salir de la intriga. Desvío la mirada buscándolo hasta fijar mis ojos en él. Luego, sin levantar mucho la voz -los demás duermen- le pregunto.

    -Dime, Kiogh... ¿Por qué quisiste hacer guardia conmigo?

    [hr]

    A la mañana siguiente reanudamos la marcha. La torre se ve más cercana que nunca. Avanzamos un buen rato hasta llegar a una cueva, el único paso. Ingresamos y no es complicado notar que la luz es poca. Entonces, ingreso mi mano en mi bolsillo y saco la varita de él, conjuro Luz sobre la punta de esta y la alzo levemente. Supongo que será suficiente para mantener un andar confiado mientras la luz natural escasea. Bravlio, por cierto, pregunta sobre una leyenda... creo haber leído alguna vez sobre ella, algo de un músico, pero no tengo más que vagos recuerdos. Briza, sin embargo, se adelanta y pregunta por ella, así que no veo la necesidad de que yo también lo haga, con uno que pregunte contará la historia que gustoso escucharé.

    [hr]

    Y finalmente estamos llegando. Ya se pueden ver los muros de la Antigua Ikana. Una vez dentro, y de todo lo que podemos ver, el monumento que el príncipe explica es lo que más me llama la atención. ¿De verdad fue un rey tirano y perverso? A este punto de la historia, poco importa la verdad... pero me pregunto cuán verdad es la historia que se cuenta sobre el motín que alzo el antepasado de Tahmid. Después de todo, se dice que la historia la cuentan los ganadores.

    ¿De forma que nos encontraremos con otro miembro Kiran? Interesante, además al parecer será un trato diferente, pero siento que no del todo agradable. ¿Será aquel hombre de aquellos cuya forma de expresarse es poco moderada e hiriente, pero que a fin de cuentas termina siendo alguien muy útil y leal? Es una incógnita cuya respuesta no será completa hoy, pero sin duda tendré al menos un fragmento de verdad.

    Oh, y no me equivocaba, aparentemente insinúa que las mascotas somos nosotros. Será racista de seguro, tendrá el arcaico pensar de que sólo la raza humana es lo suficientemente inteligente o digna de ser tratada como persona. Sin embargo, es notorio como tiene un trato muy familiar y cercano con el príncipe. Cosas así y con esa intención no se dicen a menos que realmente haya confianza. Y mira que el trato no cambia después, solo ofreciendo sillas al grupo humano... que desagradable. Pese al disgusto, no me es nada difícil esconder mi interior y mostrar mi faceta más seria. Simplemente me siento en silencio y sin darle importancia. La conversación sigue continuando y lo que puedo entender es que es un hombre con muchas amarguras, con cierto desprecio hacia la realeza... su actuar es comprensible, entendiendo eso, pero no correcto. A este punto, me decanto a clarificarlo como alguien desagradable y, en lo posible, evitar tratos con el -sobre todo si no se es humano- pero... el príncipe le tiene confianza, así que me tragaré mis impresiones y confiaré también (aunque dudo que alguna vez llegase a ser mutuo). Por lo demás, el comentario de la pecera fue bastante degradante, tanto al viejo curandero como para la raza entera... pero en lo más profundo, creo que algo de gracia me causo. Pero, definitivamente, no tanto como el comportamiento irónico que manifiesta Adyna, en su evidente descontento al trato inferior que nos da. "Idioma zora" eso no existe, y lo sabe, simplemente quiere insultar directamente, siendo "indirecto". Es una escena hilarante y extraña a la vez. No manifiesto risa alguna, aunque por dentro me da bastante gracia la protesta de la zora... ¿Cómo reaccionará Kiran?

    Oh, me ha vuelto a recordar a ese zora... cien problemas menos hubieran sido si él no hubiera llegado en esa ocasión. Y además soy el único zora varón del grupo, no será raro que Kiran intuya que yo fui aquel del infortunio. Y al final todo concluye en una carcajada burlona... tengo la impresión de que es sincera, pero al mismo tiempo, terminará cediendo a los deseos de Tahmid.