Escrito ¿Por qué te gusta la miseria?

Fortianitas
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Me desperté sobresaltada esta mañana y te vi ahí, con el rostro inexpresivo a un lado de mi cama. Sostuve tu mirada por un momento y terminé volviendo mi rostro y escondiéndolo en las sábanas.

No te rendiste.

Me acosaste toda la mañana, me acompañaste a misay seguiste mis pasos furtivamente sobre la cera. El sol te calentó el rostro como a mí, el viento acarició tu piel como a mí, oíste las aves como yo. No creas que no me di cuenta, no me subestimes, puesto que lo sé, lo siento… te siento.

Sí, aunque en muchas ocasiones no parezca, aunque luche en contra de este sentimiento, percibo cómo te me metes en la mente, cómo penetras en mi piel… A veces, odio eso.

No, no te odio, pero tu irresistible presencia me domina, me hace sentirme mal, tonta, despreciable… inservible.

No te despegaste de mí ese día, me torturaste con tu exquisita presencia y aunque traté repetidas veces evitarte, terminaste por acorralarme y entonces, te vi nuevamente a los ojos.

¿Sabes cuál es el efecto que tienes en mí?

¡Claro que lo sabes! Por eso me obligaste a ver la profundidad de tus ojos, a ver esa inmensa bondad incontenible.

Una vez más, no pude sostener tu mirada, me cansas, me rindes…

La desvié, pero tú no permitiste que el efecto se terminara; tomaste mi mentón y levantaste mi rostro, entonces ahí estaban, esos enormes ojos penetrantes. Me estudiabas, me escrutabas el alma y eso no puedo soportarlo.

“Basta” te grité, pero tú seguiste sondeando mi ser. Yo odiaba eso, odiaba que lo supieses todo, que encontraras la podredumbre de mi ser… no quería que olieras mi pestilencia.

Te aparté de un empujón, entonces tú me cediste el paso y te pasé de largo.

¿Sabes qué es lo que me fascina de ti? ¿Sabes qué es lo más bello en ti?

¡Evidentemente lo sabes! Tú lo sabes… pero te lo digo de todos modos: tú nunca me lastimas. Por más que te desprecie, por más que te humille y te diga que no quiero saber nada de ti, tú estás ahí, me sigues, me observas y no me obligas, no me golpeas, no me azotas contra el suelo… Me confundes ¿sabes? Te trató tan mal y cuando te dirijo una furtiva mirada, el amor que se lee en tus ojos no se desvanece.

Me embriagas, me matas…

Pero esa vez fue diferente. Me engañaste, esperaste a que diera dos pasos y finalmente sentí tus dedos helados entorno a mi brazo. Me volteaste con brusquedad y yo… sonreí.

Te miré fijamente, esperé con paciencia. Esperaba que tus ojos me fulminaran, esperé con tranquilidad casi con un ansia voraz, el golpe que enrojecería mi cara. Esperé que me jalaras los cabellos, que me escupieses el rostro, pero tú… tú me mirabas aún con amor.

“Golpéame” te grité “Humíllame, anda, quiero que me des lo que merezco”

Tú no borraste la sonrisa afable que parece aderida a tu hermoso rostro, tu belleza me cegaba…

Te escupí el rostro, te empujé, te golpeé el pecho y tú… tú soportaste mis golpes, mis escupitajos, mis humillaciones, mis palabras hirientes. Abriste nuevamente los ojos y ensanchaste tu sonrisa… por increíble que pareciera me sonreías aún y tus ojos me repetían una y otra vez: “Te amo, te amo, te…”

“¿Vas a verme así todo el tiempo?” Te pregunté con violencia. Yo sentía mi rostro enrojecido, lleno de ira “¿Por qué lo haces?” Te pregunté nuevamente con tono suplicante.

Extendiste tu mano y la posaste en mi mejilla, la acariciaste con cariño, con ternura y yo no opuse resistencia. De verdad lo quería, de verdad quería que me acariciaras el rostro, que besaras mis manos, mi frente…

“¿Por qué te gusta la miseria?” Me preguntaste y tu voz sonó dolorosa, triste, como nunca creí que la escucharía.

“A mí…” No me dejaste acabar, tus ojos me callaron en un instante y tú proseguiste: “¿Por qué te gusta sentirte miserable? ¿Por qué te gusta el lodo? ¿Por qué te gusta la putrefacción? ¿Por qué no te gusta ser feliz?”

“Es lo que más quiero” protesté y tus ojos reprobaron mis palabras.

“No lo es” me gustaba cómo se movían tus labios, me gustaba su color y tu perfume natural me enloquecía “Te gusta sentirte sucia, te gusta la tristeza, te gusta estar sola”

“¡No es cierto!” te grité con furia, mis lágrimas salieron prontas. ¡Cómo odio no poder ser fuerte, cómo odio llorar cuando no quiero hacerlo! “No es cierto” repetí “No me gusta estar sola, pero tú me abandonaste, te fuiste, me dejaste con esta miseria que tanto te desagrada”

“Sabes que no es cierto” me dijiste con paciencia “Tú me apartaste, como lo haces todo el tiempo… cuando trato de abrazarte, me empujas… cuando te digo cosas lindas, me gritas… cuando trato de besarte, me muerdes” Tus ojos estaban afligidos, no soportaba verte así, pero tú… aún seguías diciéndome que me amabas con la sola mirada afligida.

“¿Por qué?” Me preguntaste.

Ya no pude más… en vista de que tú no me golpeabas, yo lo hice. Levanté mis puños y me golpeé las piernas, me mordí los brazos, azotaba mi cabeza contra la pared, gritaba, lloraba… entonces tú me detuviste, me contuviste y, al someterme al fin, me dijiste: “Basta”

Me quedé quieta, me entregué a ti, relajé mis hombros y dejé que mis lágrimas corrieran.

“Basta” repetiste con dulzura.

“Eso quiero” sollocé “Ya no quiero estar triste, ya no quiero llorar, pero esta peste me marea, este barro me pesa, este excremento está en todo mi cuerpo… ¿Cómo puedes abrazarme? ¡Huéleme, bien! ¡Mira mis dientes amarillos, mira mi rostro mal formado, mira la mierda que soy!... ¿Cómo puedes seguir viéndome de ese modo? ¿Cómo puedes decirme que me amas? ¿Acaso no puedes ver?”

Gritaba, me mordía las manos y la desesperación corría por mi cuerpo como si estuviese mezclada con la sangre, como un peligroso veneno.

“¿Cómo puedes quererme? ¿Por qué estás persiguiendo a una estúpida, a una perdedora como yo, a una imbécil que se pudre en su propia suciedad, que no hace nada para limpiarse, que no hace nada por verse bien? ¿Por qué?”

Entonces vi lo que no creí que contemplaría, lo que yo no quería ver… dos furtivas, cristalinas y hermosas lágrimas corriendo por tus mejillas… Estabas llorando…

Llorando por mí.

Quería tocarte, quería abrazarte, besarte el rostro, pero no quería ensuciarte con la mierda embarrada en la cara.

“Yo te amo” me dijiste…

“Lo sé” dije yo “Pero lo que no entiendo es ¿por qué me amas?”

Sonreíste con tristeza y de tus bellos ojos seguían manando lágrimas.

“Porque eres mía, porque eres mi posesión, porque yo te hice. Porque antes de hacerte, imaginé un millón de veces cómo serían tus ojos, cómo sería tu boca… imaginé cómo sería tu perfil, tu cuerpo… No tienes idea de cuánto tiempo pasé imaginándote. Serías hermosa, serías una criatura bella, tendrías tus limitaciones y sí, permití que fueras débil, para que me necesitaras, para que clamaras a mí, para poderte ayudar… no te hice la más inteligente, porque adoro tu esfuerzo por aprender; no te hice la más exitosa porque quería que con mis halagos fuera suficiente para que fueras feliz… no te hice la más brillante, porque quería hacerte brillar, porque quería que tú me lo pidieras… Siempre te lo he dicho, pero tú te niegas a escuchar: Te amo, te amo, te amo… yo veo la belleza que hay en ti, yo sé lo que hay detrás de ese barro, de esa mugre y ¿quién más puede soportar tu olor, sino yo? ¿Quién más puede lavarte? Yo puedo hacerlo, déjame hacerlo… después quedarás limpia, te peinaré el cabello que tanto imagine y que tanto me esmeré en hacer; te vestiré, te pondré un hermoso perfume, y entonces… me tomarás del brazo y caminaremos tú y yo; te enseñaré ese hermoso jardín, te cantaré y, en la noche, veremos las estrellas que dispuse para ti; te acariciaré los cabellos y te contaré historias hasta que puedas conciliar el sueño… sólo… sólo déjame hacerlo, quiero hacerlo, anhelo hacerlo… Te amo, eres parte de mí”

Yo no podía dejar de oír tus palabras, no podía contenerme. Te necesitaba, te anhelaba yo también, estaba harta de mi pestilencia y yo de verdad quería estar contigo…

“Por favor” te dije “lávame… quiero estar contigo, quiero que me lleves del brazo, me enseñes las estrellas que dispusiste para mí, que me cuentes cuentos hasta que terminé por dormir”

Extendiste tus brazos y me tocaste los hombros, como movimiento reflejo me encogí y sentí vergüenza de que me tocaras, pero no te aparté. Me rodeaste el cuerpo y me estrechaste en tus brazos.

“Te amo” repetiste.

“Lo sé” dije yo pero, en el acto, me aparté de ti, puesto que el miedo comenzó a embargarme nuevamente… “¿Y si me ensucio de nuevo? Si me caigo, me enlodo, si vuelvo a apestar ¿Me dejarás de querer?”

Pusiste tu mano en mi mejilla y me dedicaste una de tus tiernas e indulgentes sonrisas.

“Te volveré a lavar, te volveré a vestir y perfumar, no te preocupes”

“¿No te enojarás conmigo?” te pregunté.

“Te amo ¿qué parte de la palabra te amo no entiendes?” dijiste, pero esta vez en un tono divertido. Me parecía extraño que fueses, por de pronto, tan tremendamente jovial.

“Parece que no lo entiendo bien” dije con pena.

“Te perdonaré las veces que me pidas perdón, te comprenderé, te lavaré las veces que me dejes hacerlo, te reprenderé…”

No te dejé terminar, pues me apresuré a preguntar:

“¿Me reprenderás?”

Sonreíste.

“Sí”

“¿Siempre? Por favor, dime que nunca dejarás de reprenderme, de corregirme…por favor, dime que nunca dejarás de decirme te amo”

“Nunca… no me subestimes”

Esta vez fui yo la que extendí los brazos, ésta vez fui yo la que te apretó y se refugió en tu pecho. Tu calor me inundaba, me abrigaba. Tus brazos me apretaron también y nos fundimos en un sólo sentir. Por un momento, sentí que éramos uno, que te unías a mí.

Me di cuenta de que mi suciedad no se te pegaba a la ropa, de que tu fresco aroma predominaba y hacía que mi peste pareciera insignificante… y así me quedé, embriagada con tu presencia, sintiendo tu calidez que se desbordaba amorosamente desde tu pecho y entonces lo escuché…

¿Tu corazón? Sentía tu respiración, pero… lo que escuché, ¿era tu corazón?

“Tú eres parte de mí” repetiste.

Te escuché y comprendí que mi necesidad de ti, de creer en algo más, de tener un amor eterno, era porque la parte que era tuya y que permanecía en mí, deseaba fervientemente volver a ti. Y que esa enorme tristeza que estrujaba inmisericordemente mi corazón, era porque me sentía apartada de ti.

Aún escuchaba el latido de tu corazón, de tu tierno corazón que repetía una y otra vez:

“Te amo”

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No recuerdo el día en que lo escribí (tengo esa mala costumbre) pero ya tengo este escrito dentro de mi pc desde hace algún rato.

Saludos!
 
Fortianitas
6
Sabes, he leído algunos de tus relatos en los últimos días. Este ha sido el primero (y quizá, el más flojo) pero igualmente me gusta, me agrada.

Te diré algo. Por lo que te he leído (sobre todo en los mensajes de cuando realizaste el concurso literario) pude ver (quizá ideas mías) una baja autoestima o una enfermiza humildad. Esa impresión me has dado y en diferentes mensajes también lo he sentido, pero si me lo permites, te contaré una cosa.

No soy un asiduo lector (y me gustaría serlo) mucho menos de lo contemporáneo y peor aún de escritores regionales (de Sonora y cercanías).  No obstante, una tía me regaló un montón de libros de escritores sonorenses, tantos que decidí hojearlos de vez en cuando, preferentemente cuando cagaba (ya que no me gusta meter el celular, me da miedo que se me caiga entre mi mierda). Hubo algunos que me gustaron y otros no tanto; algunos me parecieron rebuscados y otros pura basura, pero, ¿sabes una cosa? Creo que tú escribes mejor que algunos de esos desgraciados.

No tienes grandes arreglos, metáforas profundas, versos excelsos ni personajes novelescos. De ahí mismo radica tu fuerza. No necesitas de artilugios para hacerlo bello y es que no hay nada más bello que lo real, lo palpable. Lo que escribes suena al diario, a lo que podrías escuchar de tu vecina, de tu madre, de tu tío el ebrio impertinente. Tus personajes son como yo, como tú, como cualquiera. Y viven situaciones fácilmente realizables; les aquejan los mismos dolores que a nosotros.

No tengo la menor idea si aún te pasar por el foro o si tus inclinaciones musicales sobrepasan con creces tus escritos que quizá sean mero ocio. Tampoco intento motivarte o darte un empujoncito para que des un paso a algo que tú no quieras. Sólo te diré esto: tú escribes mejor que algunos bastardos sonorenses que he leído.
 
Fortianitas
1
Creo que es la primera vez que leo algo tuyo.

Es una historia muy amena. Donde podemos ver la necesidad inmensa del protagonista y su objetivo definido.

De hecho la protagonista es un personaje mil veces más interesante que el tipo ese del que está enamorada; La manera en la que se muerde las manos, busca expresar lo que siente, como utiliza la mirada en un punto fijo, y sobretodo como busca aferrarse a algo para que ese algo le otorgue la felicidad que ella misma es incapaz de tener.

La suciedad, eso es muy importante en la historia, un personaje sin autoestima, cansado de estar cometiendo errores y de la búsqueda incesante de arreglarlos. Esa suciedad que ella menciona no es más que la pureza de personalidad que ella tiene.

Contrasta mucho con el corte fino y recto de hombre en la historia. Algo ególatra en mi opinión, aunque no hay que descartar que esa confianza es la que tiene a la chica atrapada en los ojos y los brazos. El chico es perfecto y punto, por eso no hay nada de interesante que indagar en el. Porque obviamente el protagonista es ella no el, y aunque esto si bien no es un problema, no es de todo de mi agrado.

La librería se está muriendo, si no es que lleva rato muerta. Si podemos ver más textos por aquí estaría realmente bien.
 
OP
Soria
Fortianitas
129
Jajajaja, muchas gracias por sus comentarios, aunque éste es un texto que escribí hace muuuuuchos años (ya casi 10 D=) y ahora que lo vuelvo a leer, casi hasta me avergüenza jaja.

Sí, no estaría mal desempolvar el subforo =O!