Literatura ¿Qué estás leyendo?

Glen

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Fortianitas
635
M4L3 dijo:
Leéis Juego de Tronos con el miedo a que el autor se muera y no termine la saga?
Ilusos.

Glen dijo:
M4L3 dijo:
Es mucho más divertido y ameno que El Señor de los Anillos, un libro que tiene sus méritos en cuanto a la creación de una nueva mitología y a la concepción actual de "fantasía", pero que como libros en sí son un poco coñazo.

Eso sí, nada supera al Silmarillion. De lejos miles de veces mejor que el Hobbit y ELSLA.
Pero el Silmarillion... ¿no es nada ameno para leer no? por lo que me han dicho debe ser algo denso
El "problema" (para algunos) es que trata demasiadas historias, demasiados personajes relacionados entre sí, y abarca un periodo de tiempo de la historia de la Tierra Media y de Arda muy largo, y a veces puede ser difícil entablar relación entre distintos hechos. Pero yo me lo leí de un tirón y no sólo me gustó, sino que me encantó precisamente que abarcase TANTAS historias; hace que el mundo esté más "vivo", que realmente sientas la mitología detrás del mundo de Arda.
En su momento pensé en pillarme ese libro.. si este verano me veo con la motivación suficiente quizá me lo lea :D
 
Fortianitas
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Qué estás leyendo?

Pues que va, si son muchos, pero si no lo acaba ni modo. El silmarilion es muy bueno, pero pesado de leer, por eso mismo que dices male. Lo tengo que releer
 
Fortianitas
2
Pesado? Pesado es El Señor de los Anillos, que tiene un ritmo horrible y se pasa Tolkien la mitad de la trilogía describiendo el territorio por el que pasan los protas.
 
Fortianitas
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Si es pesado para una lectura prolongada, tiene tantos eventos que no los digieres rápidamente, lo lees un rato y lo tienes que dejar para disfrutarlo. Y luego mucha gente lo quiere acabar rápido y por eso se vuelve pesado.
 
Fortianitas
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A mí el Silmarillion me parece sencillamente la obra cumbre de Tolkien y uno de los prodigios de la imaginación más grandes de la literatura universal. Pero si sólo se ha leído El Hobbit y ESDLA es imposible disfrutarlo, y además hay que tener en cuenta que Tolkien no pensó en el Silmarillion como un libro único, aunque por motivos editoriales acabara siendo así.

Los sucesos de El Hobbit y ESDLA ocurren hacia finales de la Tercera Edad, casi al final del mundo, que sucede durante la Cuarta Edad (aunque hay muy poco escrito al respecto). El Silmarillion narra toda la historia de la Primera Edad: la creación de Arda (la Tierra), las razas, la historia de Melkor, Sauron, los anillos, etc. o sea, sienta las bases mitológicas de todo lo que se desarrolla en los libros de la Tierra Media que, resumiendo, son 6 novelas, 12 libros de relatos y 2 poemarios. El Silmarillion vendría a ser la pieza central de toda la saga, una especie de Biblia de la Tierra Media, y por tanto no puede ser juzgado como una novela corriente. De hecho, la intención de Tolkien era incluir apéndices en cada tomo de ESDLA donde se fuera explicando la mitología de Arda, en vez de hacerlo en un único libro; pero como decía antes, por diversos motivos editoriales y comerciales no fue así, aunque se mantuvieron los reducidos apéndices y árboles geneálogicos que vemos en la ediciones actuales.
 
Fortianitas
131
No, si no digo que el Silmarillion sea una obra menor de Tolkien, sólo que personalmente me pareció un poco más pesado de leer (no sé si pesado sea la palabra que deba usar).

Quizá es por lo que dices, Ginko, que no hay que leerlo pensando que es una novela en sí mismo.

La creación de Arda fue lo que más me gustó =P
 
Fortianitas
2
El hecho de que La Rebelión de Atlas sea el segundo libro más influyente para los senadores republicanos estadounidenses, sólo superado por La Biblia, no debería ser sospechoso, no...
 
Fortianitas
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¿QUÉ? ¿De verdad? XDDD No sabía eso. De todas formas me voy a callar ya, que realmente no lo he leído. Ni pienso hacerlo de momento. Cuando esté en silla de ruedas y sufra terribles dolores, o en la cama del hospital agonizando, el médico no dirá "desconéctenle", dirá "léanselo".
 
Fortianitas
2
Pues el pisapapeles más famoso de Ayn Rand se llevó terribles críticas en su día, hasta que los libertarios y los conservadores americanos la rescataron del olvido. Lo cual no es normal, la tía era... era... era.
http://rationalwiki.org/wiki/Ayn_Rand

¡Mírenme! ¡Odio la Seguridad Social pero la utilizo cuando estoy enfermita!
Qué malos los socialistas que atacan mi individualidad
y me hacen pagar impuestos injustos y malvados,
¡viva el capitalismo y viva yo, que molo un huevo!​
Rational Wiki dijo:
To save you reading over a thousand pages of turgid prose, here is Atlas Shrugged. No "spoiler" alert is necessary:
-A dark and lonely handsome 'hero' invents a perpetual motion machine.
-When someone mentions the slogan "from each according to his ability, to each according to his need" he and his bazilllionaire 'friends' wail like babies, and flee in a huff to live in the mountains.[14]
-All the decent folk who helped them make those bazillions of dollars running trains, forging steel, etc., are left behind to rot.
-The world is like North Korea, but quite a bit less fun. Lucky for our heroes, their mountain hideout is a land of colourful plenty, and is hidden away from the world using a form of holographic projection that is never fully explained.
-Everyone in the world is miserable except them, as they are busy driving their trains up and down in their incredible mountain hideaway away from the Gubmint.
-They have romance-novel sex with other capitalist boors, but can't commit due to being too busy.
-Everyone else is wrong and they are completely correct.
-They pop up suddenly in public and punish the miserable hordes by lecturing them in interminably boring speeches that go on and on and on for about one hundred pages and have only one point: "You need me, I don't need you, and I refuse to make bazillions of dollars anymore, so you're all fucked. Ha Ha!"
-The world goes to hell in a handbasket, except for them, 'cos they're in their seekrit mountain hideout, which can't be seen from the air, so it's, like, seekrit. And they have trains, after all.[15]
-The reader contemplates suicide after over 100 references to the word 'torture'.[16]
-The reader falls into a deep coma. The survival rate is estimated at 3%-5%.

A number of conservatives apparently hold Atlas Shrugged in high regard, which is strange, since they've already got a foundational text that is even longer and more boring (and almost as preachy). Rush Limbaugh frequently refers to it.[17] Glenn Beck started reading it in early 2008,[18] but in 2010, it became painfully clear that he had finished only the first few pages and didn't even get those right.[19] It taught these guys "conservative love,"[20] but unfortunately, not how to rap.

The book probably would have been much shorter if ol' Ayn had laid off the speed.[21]
 
Fortianitas
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Yo entiendo que la mujer estuviese afectada, precisamente por eso no me la tomo en serio. Porque hay cosas que se tienen que escribir en frío. Su "doctrina" está llena de contradicciones, ¡y ella misma se declaraba seguidora de Aristóteles!

Por otro lado, estoy con los cuentos de Benedetti, que no me están gustando mucho (quiere usar un lenguaje realista y acaba cayendo en lo vulgar, y además es bien poco original), pero he leído uno que me ha llamado mucho la atención:

Uno de los pocos nombres reales que aparecen en mis primeros cuentos ("idilio", "Sábado de Gloria") es el de Margaret Sullavan. Y aparece por una razón sencilla. Es inevitable que en la adolescencia uno se enamore de una actriz, y ese enamoramiento suele ser definitorio y también formativo. Una actriz de cine no es exactamente una mujer; más bien es una imagen. Y a esa edad uno tiende, como primera tentativa, a enamorarse de imágenes de mujer antes que de mujeres de carne y hueso. Luego, cuando se va penetrando realmente en la vida, no hay mujer de celuloide -al fin de cuentas, sólo captable por la vista y el oído- capaz de competir con las mujeres reales, igualmente captables por ambos sentidos, pero que además pueden ser disfrutadas por el gusto, el olfato y el tacto.

Pero la actriz que por primera vez nos corta el aliento e invade nuestros insomnios, significa también nuestro primer ensayo de emoción, nuestro primer borrador de amor. Un borrador que años después pasaremos en limpio con alguna muchacha -o mujer-, que seguramente poco o nada se asemejará a aquella imagen de inauguración, pero que en cambio tendrá la ventaja de sus manos tangibles con mensajes de vida de sus labios besables sin más trámite, de sus ojos que no sólo sirvan para ser mirados, sino también para mirarnos.

Sin embargo, el amor de celuloide es importante. Significa algo así como un preestreno. Frente a aquel rostro, a aquella sonrisa, a aquella mirada, a aquel ademán, tan reveladores, uno prueba sus fuerzas, hace la primera gimnasia de corazón, y algunas veces hasta escucha campanas, y como, después de todo, no se corre mayor riesgo (la imagen por lo general está remota, en un Hollywood o una Cinecitá inalcanzables), uno se deja soñar, desinhibido, resignado y veraz, aunque el fondo de tanta franqueza sea un amor de ficción.

Margaret Sullavan había sido eso para mí. Es claro que, cuando escribí los cuentos, ya no era por cierto un adolescente. Aunque todavía daban en los cines montevideanos alguna que otra película de su última época, y aunque por supuesto no me perdía ninguna, yo ya había pasado más de una vez en limpio aquel borrador de amor, y en consecuencia podía verlo con distancia y objetividad, pero también con una cálida nostalgia, con una alegre gratitud, como siempre se mira, a través del tiempo esmerilado, a la mujer que de alguna manera nos ha iniciado en el viaje amoroso.

No obstante, sólo años después advertí con precisión qué lugarcito había ganado en mi vida la incanjeable, maravillosa protagonista de Y ahora qué y El bazar de las sorpresas. En enero de 1960 estaba con mi mujer en Nueva York. Una tarde nos encontramos con cuatro amigos uruguayos y decidimos cenar temprano e ir luego a un teatro del Village donde se representaba Our Town, de Thornton Wilder, en la notable versión de José Quintero. La pieza llevaba ya varios meses en cartel, pero no era fácil conseguir entradas en las horas previas a cada función; de modo que, mientras los otros se instalaban en un restorán italiano de ruidosa clientela, yo me largué hasta el teatro a ver si conseguía localidades para seis.

De entrada me sorprendió que el boletero no tuviera aspecto de tal, aunque si alguien me hubiese obligado a una definición, no habría sabido decir cómo era el aspecto de un boletero inconfundible.

Éste era joven, delgado; tenía unos anteojos de armazón oscura y cristales de miope; su aspecto era de estudiante de letras o de primer clarinete. El vestíbulo del teatro estaba desierto y eso estimuló mis esperanzas. Pero la razón de esa paz era muy simple: no había localidades. Cuando pregunté si existía alguna remota posibilidad de conseguir seis entradas ("sólo seis entradas, señor"), el muchacho levantó la vista de un ajado ejemplar del New Yorker y me miró con tajante desprecio: "¿A esta hora seis localidades? ¿En qué mundo vive? El tipo tenía razón. Yo no estaba nada seguro del mundo en que vivía. Pero me sentí como un provinciano al que rezongan porque no se atreve con la escalera mecánica o con el teléfono público. A pesar de todo, no me fui enseguida. Me quedé unos minutos mirando las fotografías del elenco, tal vez con la secreta esperanza de que alguien viniera a devolver seis entradas, ni una más, ni una menos.

Entonces sonó el teléfono. El muchacho hizo un nuevo gesto de fastidio, ya que debía interrumpir otra vez su lectura del New Yorker, o quizá porque estaba cansado de repetir con voz gangosa que no había localidades. De pronto su rostro se transfiguró.

Se quitó los anteojos con un gesto rabioso, y dijo casi sollozando: "¡No! ¡No! ¡No puede ser!" Después colgó, con un gesto brusco y desprendido, tan maquinal como marginal, y hundió la vencida cabeza entre los dedos flacos y temblorosos.

Yo era el único testigo de aquella congoja.

Pese a la agresiva respuesta que me había propinado, pensé que podía sentirse mal y me acerqué. Le toqué apenas un brazo, sólo para que notara mi presencia. Le pregunté si le sucedía algo, si había recibido una mala noticia, si lo podía ayudar, etc. Entonces levantó la cabeza, y me miró con los ojos sin cristales, como a través de una ventana con lluvia o de un recuerdo inmóvil.

"Murió Margaret Sullavan". Lo dijo lentamente, marcando cada sílaba, como si quisiera dejar bien claro que se sentía indefenso, que se sentía desgraciado, y que no se estaba mandando la parte.

Entonces fui yo el que dije, en otro estilo y en otro idioma, claro, como para mí mismo y para nadie más. "No, no puede ser." El muchacho no entendió las palabras en español, pero seguramente comprendió mi asombro, mi tristeza. Me recosté contra la pared, porque necesitaba algo en qué apoyarme. Nos miramos el boletero y yo: él, un poco asombrado de haber hallado imprevistamente a otro viudo de Margaret, allí, en el teatro, al alcance de su mano huesuda; yo, apenas consciente de que en ese instante se extinguía el último rescoldo de mi ya lejana adolescencia.

De pronto el boletero se pasó una mano por los ojos, a fin de arrastrar sin disimulo las lágrimas, y me preguntó con la voz entrecortada, pero ya no gangosa: "¿Cuántas entradas dijo que quería? ¿Seis?"

Abrió un cajoncito y extrajo seis entradas, unidas por un alfiler, y me las dio. Le pagué, sin decir nada.

Darle una propina en aquellas circunstancias habría sido un agravio; algo absolutamente descartable entre dos viudos de la misma imagen. Nos dimos la mano y todo, como dos deudos. Casi como hubiera podido sentirse James Stewart, pareja de Margaret en tantas películas. Cuando salí en dirección al restorán italiano, yo también me froté los ojos, pero en mi estilo: no con la palma sino con los nudillos. En realidad, no conocía cuál podía ser el grado o la motivación del amargo estupor del boletero, irascible y cegato. Pero en mi caso si que lo sabía: por primera vez en mi vida había perdido a un ser querido.

Pa quien se identifique.
 
Fortianitas
1
M4L3 dijo:
El hecho de que La Rebelión de Atlas sea el segundo libro más influyente para los senadores republicanos estadounidenses, sólo superado por La Biblia, no debería ser sospechoso, no...
"El hombre elige, el esclavo obedece. ¿De que lado aseguras estar?"
-Ayn Rand

Si es un libro bastante pesado y largo.
 
Fortianitas
2
Majora dijo:
M4L3 dijo:
El hecho de que La Rebelión de Atlas sea el segundo libro más influyente para los senadores republicanos estadounidenses, sólo superado por La Biblia, no debería ser sospechoso, no...
"El hombre elige, el esclavo obedece. ¿De que lado aseguras estar?"
-Ayn Rand
"Yo también puedo extraer frases descontextualizadas y atribuírselas a famosos filósofos"
-Sócrates