Fortianitas
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Ya había puesto esto hace mucho, pero cuando se cayó el foro no recuerdo hace cuanto, todo eso se perdió. Lo pongo para los nuevos usuarios y para que los viejos lo recuerden. Disfruten.


[undefined=undefined]El tiempo[/undefined]

Faltaban tres minutos para el fin del mundo. Él, que no sabía nada sobre sí mismo y nunca se lo había reprochado, estaba lleno de dudas. La computadora esperaba del otro lado del salón, en la pantalla se desplegaba un cuadro de diálogo que le pedía la contraseña. Jamás le dijeron qué era o para qué ingresarla, pero las instrucciones eran precisas: Tienes que hacerlo, para eso fuiste hecho.

Corrió hasta la computadora y se sentó frente a ella. Cuando iba a pulsar las teclas se detuvo porque le surgió la pregunta más importante de su vida: Quién soy. Hasta entonces fue la interrogante más cautivadora. El cronómetro, asesino global que todo lo puede, estaba en la recta final del último minuto. Dudas. Números que sentencian a la muerte. ¿Y al final todo se resume a esto? Decidió no hacerlo. En lugar de ingresar la contraseña envió un correo electrónico a todo el mundo que decía:

“En este momento, antes de que todo termine, sepan que fui el único capaz de responder la pregunta:
Dios ha muerto. Yo soy el nuevo Dios.”

Quiso ver el sol, pero ya era demasiado tarde. El cronómetro marcó ceros. Sólo él conoce el verdadero final, pues todos los demás desaparecieron.




[undefined=undefined]El Asesino[/undefined]

La noche era un borrón en el viento. Se movía de un lado para otro. Insegura. Insatisfecha. Insalubre. La chica tenía mirada de querer comerse el mundo cuando se le acercó. Él estaba tan metido en su cerveza que ni lo notó. Afuera, la Ciudad estaba en vela por el asesino. No fuera a ser que también a ella la matara en un descuido.

-¿Me invitas un trago?- preguntó la chica.

Sin voltear a verla esbozó una sonrisa sincera. Luego dijo:

-Eres una prostituta. Todas ustedes son iguales.

Ella se agarró las tetas y se levantó la falda para exhibir el pubis. Toda una guerrera.

-Todos los hombres son iguales.

Se sentó junto a él y pensó en el suicidio, en la guerra de Corea, el comunismo y los países del tercer mundo pero ninguno de esos temas sería de su agrado. Tenía manos de pianista, pero sus ojos hablaban de mil y una noches en El Cairo.

-¿Has leído en los periódicos sobre el Asesino de las Flores? La policía cree estar tras una buena pista. Yo pienso que están lejos de atraparlo.

Él habló. Dijo que seguía con fervor la noticia. En sus notas concluía que al asesino le gustaban las prostitutas porque son inteligentes y rara vez se interesan por alguien más. El asesinato era un acto de purificación y las flores eran para desviar la investigación, no un último tributo a la muerte como se creía.

Conversaron durante horas mientras el rock y las baladas melosas llenaban de ruidos la noche. Pasaron de música y motocicletas a la violencia de los monjes tibetanos. Era deliciosamente brillante.

Entonces le hizo la pregunta más importante de su vida:

-¿Qué clase de flores te gustan?

La chica quedó anonadada.

-Tú eres mi Flor de Loto.



[undefined=undefined]La última canción[/undefined]

Tierra que vuela. Que llora. Que duele. Que duerme. Jardín de turbulencias. Tierra anciana olvidada por el polvo. Huesos de los que ya no están. Tierra ausente de tiempo. Rio de versos infinitos. Bóveda de lo desconocido. Efímera canción de lo eterno. Hacia dónde huyes cuando el universo te encierra. Tu vida no es más que el andar de un lado a otro, acosada por Apolo, guiada por Zeus. Batalla de hombres y dioses. Helena de la Vía Láctea. Hacia dónde huyes cuando Casandra no existe. Tierra que mata. Que muere. Que vuelve. Que teme. Hacia dónde huyes cuando tus hijos lloran. Hacia dónde…




[undefined=undefined]Día de muertos[/undefined]

Soy la novia de Culiacán, dijo la novia de Culiacán.

Yo soy Valentín Elizalde, dijo Valentín Elizalde respondiendo el saludo. Luego se acomodó el sombrero.

Yo soy Malverde, dijo Malverde, pero nadie le creyó.

Estás pendejo, dijo uno, Malverde hace un chingo que se murió. Tú no eres más que un pinche imitador buscando fama.

Pendeja tu madre, güey, respondió, enojado, Malverde. El Valentín también está muerto y nadie la hace de pedo.

Soy la novia de Culiacán. Se me perdió el novio.

Pa qué soy bueno, chula, dijo Valentín, usté nomás diga y yo estoy puesto pa lo que se ofrezca.

Estaban frente a la puerta de Catedral esperando que el padre les diera la Extremaunción, pero hace tiempo que todos están muertos.

Yo tengo una yaquecita que quise mucho en Sonora, cantó Valentín, pero nadie le hizo caso.

Uno prefería el rock así que lo ignoró. Ni Malverde ni la novia de Culiacán conocían la canción. La gente que caminaba ni los volteó a ver.

Ah cabrón, si con esa canción me hice famoso. Las morritas se emocionaban un chingo. Valentín se sacó de onda.

Estás muerto, pendejo, dijo Malverde, la gente ya ni se acuerda de ti. En cambio, yo tengo mi propia capilla.

Uno no sabía de quién reírse. Todo el folklore que tenía enfrente le daba nauseas; lo suyo era la buena música.

Ojalá algún día podamos ir hacia adelante.

Soy la novia de Culiacán. Alguien ha visto a mi novio. Se acomodó el vestido blanco y le sonrió a sus acompañantes.

Entonces, en medio de las carcajadas de uno, alguien dejó una piedra a los pies de Malverde al tiempo que una Hummer se detuvo en la Obregón, justo frente a Catedral. El estéreo tocaba La Yaquecita. Uno no lo podía creer.

Y de mí nadie se acuerda, preguntó la novia de Culiacán.

Estás pendeja, dijo uno. Estás fea, vieja y gorda. Ya pasaste de moda.

La gente aplaudió.

Uno sacó su pistola y se dio un tiro, pero no pasó nada. Ya estaba muerto. Su opinión no contaba.
 
Fortianitas
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Creo que es una serie de cuentos muy bien construida, cada uno con su espacio temporal y estilo definido. A esto le sumo que son historias cortitas, pero que dejan un largo tiempo a reflexión, siempre me ha gustado ese tipo de fantasía.

Curiosamente, tus cuento atrapan, aunque el final, por ese inmenso velo de misterio, quedan un poco flojos en el desenlace, presiento que hay que meterle algo con qué sostener la tela.

Me recuerdan tus textos a un autor mexicano llamado "Antonio Ortuño" dale una revisada.

Estos textos tiene mi aprobación.
 
Fortianitas
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Vaya, gracias por la recomendación, tomaré nota. Por lo demás, no es así como una serie, cuando empecé a escribir quería escribir doce cuentos cortos, pero por circunstancias de la vida nunca pude hacerlo y todo quedó aquí. Así que más bien los considero como el estómago de algo que nunca se concretó.

Qué bien que te haya gustado.
 
Fortianitas
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Claro, fueron un buena lectura. Aquí hay buenos escritores, sólo hace faltan hacerlos hablar.

Cuando, decía serie me refería a "compilación" pero vale, se entiende todo.
 
Fortianitas
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Tío, sé que eres muy descuidado, y tal, pero moléstate en corregir los títulos, ¿no? xD

Me ha encantado el primero. Poético, grandioso, misterioso y troll al mismo tiempo.

Tenía manos de pianista, pero sus ojos hablaban de mil y una noches en El Cairo.

Ésto me encanta. Los extraños contrastes, cambios bruscos que de pronto asocian informaciones, ideas y sensaciones diferentes, extrañas, pero que curiosamente encajan bien, como piezas de un puzzle no diseñadas para unirse, pero que se unen.

Bueno, esta vez el final era predecible, o eso creo. Me ha recordado a Sin City (la película, todavía no he leído los cómics, muchas tareas pendientes; aún así, pierdo tiempo aquí, vaya elemento que soy...).

Hacia dónde... adoro esa frase en suspensión, con ese deje melancólico de un futuro que no se conoce y que trata de ser adivinado en la oscuridad... Aunque por lo demás, no llama la atención, tratándose de ti. Eso sí, me ha sorprendido lo... clásico que has sido (en cuanto a helénico). No es que no suelas serlo, pero esta vez ha sido más de lo habitual, me da la impresión.

Ay, lo siento, pero el principio del último más me inspira a al risa que a otra cosa, con esa jerga. No puedo evitarlo, me recuerda a demasiadas bromas con mis amigos sobre telenovelas baratas. Menos mal que impones seriedad con esta gran frase:

Estaban frente a la puerta de Catedral esperando que el padre les diera la Extremaunción, pero hace tiempo que todos están muertos.

Y el final me inspira nuevamente una macabra carcajada, pero esta vez viniendo a cuento.

@John Lennin: Sí, tienes mucha razón. Para mi gusto, Drako es de los buenos (e indiscutiblemente de los mejores de aquí, si no es el mejor).

De todas formas, Drako... vuelve a lo tuyo. Me han gustado tus relatos, pero no sé, no me convencen tanto como lo que sueles escribir. Son entretenidos, curiosos, divertidos, plagados de esas frases poéticas, profundas (o que lo parecen), grandilocuentes y hermosas que tanto me gustan, que tanto adoro, pero... no me enganchan, no me atrapan tanto como el retorcido universo de Kántor.
 
Fortianitas
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Que no enganchan? Son minificciones, tienen que terminar rápido, no creo que den tiempo de "engancharse" estas historias. Más bien son como momentos, flashes de algo, un golpe y ya. Lo que pretendía era jugar con los finales, y creo que lo he logrado.
 
Fortianitas
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Mmm, bueno, supongo que me he expresado mal. Me refería a "enganchar", "atrapar" en cuanto a "encantarme, encandilarme, apasionarme". Que prefiero mil veces Kántor, vaya xD.