Escrito El cuento de tu nombre

Fortianitas
6
[font=Arial, sans-serif]I[/font]
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[font=Arial, sans-serif]– Hijo, entra a la casa, la comida está lista.[/font]​
[font=Arial, sans-serif]– ¡En un segundo voy![/font]
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[font=Arial, sans-serif]El aire congelado durante varios segundos. Un tímido sol asomándose entre los ventanales de espesas nubes grisáceas cargadas de nostalgia. Un control de pecho exquisito, una media vuelta elegante y una violentísima volea de derecha clavándose justo en la escuadra.[/font]
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[font=Arial, sans-serif]– ¡Goooooooool![/font]
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[font=Arial, sans-serif]Una blanca camiseta deportiva volando por los aires y un incipiente dorso masculino aún en formación exhibiéndose como el que más.[/font]
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[font=Arial, sans-serif]– ¡Siiiuuuuh![/font]
[font=Arial, sans-serif]– ¡Ya deja eso! Entra ya, tu plato va a enfriarse.[/font]
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[font=Arial, sans-serif]Olor a roble y a pino, a mueble fino y piso limpio. Viento cobrando vida, paseándose por entre todo de puerta a ventana. Calor de hogar sin chimenea ni más abrigo que el cariño y arropo del cuidado de aquella y aquel que tu sueño velan ante todo. Y en medio escenario, justo encima de esos libros que en estanterías viven y que en su vida rara vez abren sus piernas para gritarnos todo aquello que guardan dentro de sí, hay un solitario cuadro. Un cuadro de marco sobrio, sin mucho aspaviento ni colores, sólo así. Y en él, un hombre. De mueca extraña, entre sonrisa y molestia. De ojos profundos como el oscuro del cielo en una despejada noche de invierno. Acogedor, magnánimo.[/font]
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[font=Arial, sans-serif]– Madre…[/font]
[font=Arial, sans-serif]– ¿Qué pasa, hijo?[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Quiero saber de él.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Ya te lo he dicho, en su momento te lo contaré.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Quiero saberlo ya. No soy un niño, puedo entenderlo.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Aún eres un niño.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– ¡No! Ya voy a cumplir diez años. Ya estoy grande.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Entonces, ¿seguro que deseas saberlo?[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Claro.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Después de comer te contaré.[/font]

[hr]



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[font=Arial, sans-serif]II[/font]
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[font=Arial, sans-serif]“El amor es una máquina imparable e imbatible que funciona sin cansancio, de tiempo eterno, infinito, yendo más allá de cualquier lógica o regla natural que la más brillante mente del mundo nos pudiera brindar. Lo cierto es que tampoco es infalible, mucho menos perfecto. Quizá (y sólo quizá) el amor sea siempre el primer eslabón de nuestra más larga cadena de errores. Los errores más grandes y dolorosos que solemos cometer. Los más hermosos, también.[/font]
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[font=Arial, sans-serif]No hay un sólo tipo de amor. No podemos reducirlo a aquel que se siente por una pareja. Puede ser por una mascota, por el dinero o a cualquier vicio que podríamos encontrar. En eso último somos expertos. Como también para sentir, para bien o para mal.[/font]
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[font=Arial, sans-serif]Pero, me pregunto yo, ¿qué sería de nosotros sin el amor? ¿Qué colores podríamos percibir si no conociéramos nunca eso a lo que llamamos amor? Probablemente los mismos, pero sin brillo, ese resplandor tan único, tan especial. Cuando decimos el amor lo pinta todo de colores, lo entiendes, ¿verdad? Y los olores, ¿serían los mismos? ¿Habría el mismo sabor en ese platillo que conociste en su compañía? No lo sé, tal vez sí. No, estoy seguro, sería exactamente igual. Lo que cambia, somos nosotros. El amor nos enaltece, nos hace torpes, ingenuos pero genuinos. El amor nos convierte en eso que no deseamos ser pero tanto nos gusta. Nada sería lo mismo sin amor.[/font]
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[font=Arial, sans-serif]Por eso y por todo, tu partida va a romperme el corazón. Por eso también, es que yo partiré primero. Para no sentir el dolor, para no sufrir más. Que el amor a tu corazón volverá y su calidez nunca se apagará. Yo viviré siempre en ti, cariño mío, en ti. En cada uno de tus pasos. En cada caricia que hagas y recibas. En cada lágrima y sonrisa. En toda canción, en todo poema. Allí estaré, y mi corazón sanará. Contigo lo hará.”[/font]
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[hr]
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[font=Arial, sans-serif]III[/font]
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[font=Arial, sans-serif]– Hijo, ¿qué te sucede?[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Quiero hablar contigo.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Está bien, adelante.[/font]
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[font=Arial, sans-serif]Jalón de aire profundo y ardor quemando las entrañas. Ojos enrojecidos, de párpados negros, abatidos. Puños fruncidos, músculos crispados. [/font]
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[font=Arial, sans-serif]– Ya no quiero llamarme así.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– …[/font]
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[font=Arial, sans-serif]Gesto de incredulidad. Mirada entrecerrada. Esbozo de sonrisa.[/font]
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[font=Arial, sans-serif]–… ¿qué?[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Quiero cambiarme el nombre.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Pero… ¿por qué?[/font]
[font=Arial, sans-serif]– No me gusta mi nombre. Lo detesto.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– ¿Es en serio?[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Creo que soy lo suficientemente grande como para decidir cómo voy a llamarme.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Sólo tienes diez años…[/font]
[font=Arial, sans-serif]– ¡No! Ya voy a cumplir once años. Ya estoy grande, mamá.[/font]
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[font=Arial, sans-serif]Risa curiosa y pecho hinchado. De orgullo, de travesuras. El cielo despejado y un sol permeando a plomo como lava candente. El calor no da treguas a marcos memorables.[/font]
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[font=Arial, sans-serif]– Si así lo quieres…[/font]
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[font=Arial, sans-serif]Una huesuda mano femenina acariciando una ostentosa cabellera masculina. Un alejamiento de cabeza y un rostro reacio a ser tomado por algo indigno de seriedad absoluta.[/font]
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[font=Arial, sans-serif]– Quiero llamarme Cruzito.[/font]
[font=Arial, sans-serif]–… ¿qué?[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Sí, me llamaré Cruzito.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Está bien. Si esa es tu decisión, si ese nombre has elegido para ti, me parece perfecto.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Gracias, má.[/font]
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[font=Arial, sans-serif]Una cena que pasó con la tranquilidad usual de un humilde pero acogedor hogar. Ese que de niños pasamos de largo, de jóvenes deseamos liberarnos y de adultos tanto añoramos. Esa sensación a  pertenencia, a nuestro, de nadie más. La noche caída, luna resplandeciente postrada en lo más alto del cielo. Un niño dormido mientras el abanico le susurra los más hermosos e increíbles cuentos que ni el más hábil escritor habría de siquiera imaginar. Un joven recostado, en cama vecina, observando ese yugo cuadrado que a las masas mantiene serenas. Irrupción de una figura materna.[/font]
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[font=Arial, sans-serif]– Joel, quiero preguntarte algo.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– ¿Pasa algo?[/font]
[font=Arial, sans-serif]– ¿De nuevo pusiste la película esa frente a tu hermano?[/font]
[font=Arial, sans-serif]-– ¿Cuál película? No te entiendo.[/font]
[font=Arial, sans-serif]-– No te hagas el tonto, Joel. Sabes bien a cuál me refiero. La del güerito que se hace cholo.[/font]
[font=Arial, sans-serif]-– No, ni idea…[/font]
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[font=Arial, sans-serif]Mirada desviada, trago de saliva. Pupilas dilatadas y abdomen contraído. La mentira es evidente ya.[/font]
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[font=Arial, sans-serif]– No quiero que veas ese tipo de películas frente a tu hermano.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Es que no quería salirse del cuarto, le dije que se fuera pero aquí se quedó. Dijo que iba a dormirse.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Siempre hace eso y lo sabes.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Pensé que esta vez sí se iba a dormir.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Ay Joel por favor… – Suspiro hondo –, ya, no importa. Sólo ten cuidado con lo que ves cuando tu hermano esté presente.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Está bien má, discúlpame. [/font]
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[hr]

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[font=Arial, sans-serif]IV[/font]
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[font=Arial, sans-serif]“Nos dimos todo lo que se nos dio, nos dimos todo eso...”[/font]
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[font=Arial, sans-serif]– No, bastante cursi…[/font]
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[font=Arial, sans-serif]“Nos damos todo lo que se nos da, nos damos todo eso…”[/font]
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[font=Arial, sans-serif]– Mierda… qué asco.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– ¡Cruz! Hazme un paro cabrón.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– ¡No mames! Toca primero, me asustaste.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– No te me agüites, necesito que recojas a Elizabeth.[/font]
[font=Arial, sans-serif]–… ¿Qué?[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Andrea está en una junta y no se desocupó, tengo que ir por ella y además hacer unas compras para la fiesta. Hazme valer.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Valer verga, que para eso eres muy bueno.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Ah, ¿te vas a poner mamón?[/font]
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[font=Arial, sans-serif]Un fuerte brazo izquierdo alrededor de un cuello y un puño derecho clavándose como estaca entre costillas. Risas de la voz más grave y la molestia de aquella aún juvenil.[/font]
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[font=Arial, sans-serif]– ¡No estés chingando Joel! [/font]
[font=Arial, sans-serif]– Recógela y te presto la Lobo el fin.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– ¿En serio?[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Simón.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– No me quieras ver la cara de pendejo, cabrón.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Todo bien, es promesa de carnales.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Fierro.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Nos vemos, ahí te dejé dinero en la mesa para que pidan algo de comer.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– No planeo cuidarla.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– No lo harás. Déjala en su cuarto, no  nos vamos a tardar mucho, según la junta de Andrea es rápida.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Seguro, como si no la conocieras.[/font]
[font=Arial, sans-serif]– Bueno bueno, ¿quieres que te parta la madre o qué?[/font]


[hr]

Continuará...