Fortianitas
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Les regalo una historia cortita, parte de una compilación que no tiene nombre aún, pero que pronto verá la luz. Esta abre una serie de cinco cuentos, todos ellos cortos y de historias de narcos en el norte de México. Que se diviertan. Por cierto, es la versión sin correcciones, me la encontré entre mis cosas hace rato. Y la pongo así, para que vean que soy medio imbécil a veces.


Perdigón

¿Qué quieres de la vida?, le preguntó la mujer antes de morir. Él no tuvo el valor para responder. El suelo se pintó carmesí por su sangre derramada. Tenía un tiro en la cabeza, del tamaño de un perdigón. La escopeta con la que le dispararon ahora está a kilómetros de donde ellos se encuentran. La habitación, que antes fuera recinto de felicidad marital, ahora está llena de fantasmas. Seguramente muchos no lo saben, pero él la amaba. Ella nunca lo supo. Él siempre se ha considerado un cobarde aunque tiene el valor de matar a diez hombres en menos de un minuto.

¿Y qué tal si no vale la pena? Los años al servicio de un capo sólo para que la mujer de sus sueños volteara a verlo y la perdió por culpa del narco. No, la vida no puede ser así. No puede ser tan poca cosa. Entonces, por pura curiosidad, atisbó el patio frontal de su casa a través de la ventana. El BMW z3 lucía impecable. También tenía una fuente. La compró para ella, pues siempre quiso una. Cuando seamos ricos cómprame una fuente, así podremos tener pájaros y opacar los ruidos de la ciudad; también puede acurrucarnos en la noche, cuando sólo cantan los grillos y ya no hay autos en las calles. Compró la casa, la fuente, el auto, la ropa, la vida misma, todo para ella. Y alguien la mató.

Nunca supo quién, pues el perdigón que acabó con su vida atravesó una pared y se introdujo en su cabeza. El orificio de salida fue horrible. Cuando intentó ver al asesino, los hombres ya se habían marchado. Estaba de vacaciones, así que alguien de su propio cártel tuvo que dar el aviso.

Tres sujetos armados hasta los dientes ingresaron en su hotel. Primero mataron al recepcionista. Luego fueron hacia la piscina, donde había mujeres y niños. No les importó. Los únicos que lograron ocultarse fueron él y la mujer, pero también ella cayó. Los hombres se fueron sin más, luego de la masacre. Lo único que recuerda de la ocasión es el rostro inexpresivo de ella, una vez que cayó. Y el reguero de cadáveres por todas partes. Llamó a todos sus colegas para avisarles de lo sucedido, pero nadie contestó. ¿Una emboscada? Imposible, es de los hombres de confianza del jefe. Los gritos de los inocentes huyendo para salvar la vida los borró de su memoria. Sufrimiento innecesario a estas alturas. ¿Qué quieres de la vida?, se dijo él. Ella se fue hace dos años. Tenía esa vida por ella, pero ahora todo es huir pues siempre hay alguien que quiere se cabeza, ya sea del cártel para el que trabajaba o el contrario. Hasta el día de hoy, no sabe quién lo quiere muerto.

Hace una recapitulación de su vida en dos minutos. Todo en el narco era por ella, y ya no estaba. Ya no tiene sentido seguir viviendo. Toma su arma secundaria, una nueve milímetros Pietro Beretta, y la introduce en su boca. There’s no point in livin’ if you can’t feel alive, piensa mientras recuerda esa canción de Garbage que a ella le gustaba. Soy un cobarde. Puedo matar a diez hombres sin tocarme el corazón, pero no pude decirle a ella cuánto la amaba. Todo se resume a este último acto de autoinmolación, con el que quedarán redimidos los pecados. Vivir la vida de narco nunca fue lo mejor. Esta vida no es de lujos, le dijo el jefe el día que lo reclutó; esta vida es cansada, uno siempre está alerta, durmiendo con un ojo abierto y una escuadra bajo la almohada. Lo que dicen de que hacemos lo que queremos, que tenemos casas y carros chingones, es pura pantalla. Uno puede tener todo eso, pero la vida ya no es igual; está seguro que quiere entrarle compa. Pensó en ella, en la vida que quería. Segurísimo, bato, le respondió. Entonces todo se fue a la mierda. La vida real no era más que una simulación barata, como esa película El Infierno.

Pero por qué tiene que terminar así. Tiene el dedo en el gatillo, a punto de volarse los sesos. Piensa en ella. ¿Qué quieres de la vida? La quería a ella. Pero, por otra parte, si se quita la vida ahora, le dará lo que quiere a sus enemigos. No. Ella debe tener su pago por la sangre derramada. No puede terminar así. Yo sigo en este perro mundo, y mientras sea así quienes la mataron deben pagar. Entonces resurge un nuevo sentimiento. No de amor ni de venganza, sino uno más simple y primitivo: la necesidad de equilibrio.

Se faja la pistola en la camisa y abre la puerta de su habitación. Camina por la sala y ve todas las fotografías que se tomaron juntos. La casa aún huele a ella. Sale a la parte frontal de la casa. El día es hermoso. Las nubes cargadas de recuerdos amenazan con tormenta.
 
Fortianitas
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¿Sólo a veces? No mientas.

Nah. Te entiendo. Desidia. Pereza. Todos hacemos lo mismo.

Hola, por cierto. Te mandé un pm hace ya varios días diciendo que "te leeré mañana", pero se me fue totalmente la cabeza y no volví a pasar por aquí, y de hecho, se me olvidó apuntarme al concurso que se está desarrollando y del que veo que vas a ser juez (ay, ahí sí que me hubiera gustado participar).

Bueno... es un poco tarde, pero no puedo dormir, así que me animaré a leer este breve texto. Dejaré Kántor para después. Narcos en México, ¿eh? Como dijiste en otro tema... "Drako Von Kántor no escribe comedia".

¿Qué quieres de la vida?
Eso me recuerda a "El Mexicano", esa película tan jodidamente mala, la tercera parte de "El Mariachi".

Seh, linda paradoja. Me pregunto entonces por qué no se pegan un tiro todos y dejan de joder...

¿Equilibrio? Mis pelotas. Venganza. Venganza pura y dura, joder. Así tiene que ser. Que paguen los hijos de perra.

Me gusta el final.

Espero impaciente lo siguiente =)