Fortianitas
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Segundo concurso de Género Fanfiction de Zelda, ¡Acción!

Te mandé la calificación en un correo diferente, poco después de las críticas, porque al pasar de office a gmail, perdí un par por el camino (creo que me paso con John Lennin también). Comprueba si está ahí, y si no, te la enviaré en un mp.
 
Fortianitas
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Segundo concurso de Género Fanfiction de Zelda, ¡Acción!

Ohh, ya. Sí, me llegó un segundo mail, pero como vi que todo era asteriscos pensé que se te había pasado, xD
 
Fortianitas
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Segundo concurso de Género Fanfiction de Zelda, ¡Acción!

Carajo, espero que mi siguiente entrega cumpla las expectativas ._. aunque a mi no me gustó demasiado...creo que mi chance de empezar bien era con la ronda de acción T_T sniff
 
Fortianitas
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RE: Segundo concurso de Género Fanfiction de Zelda, ¡Acción!

Gracias por sus comentarios jueces, trataré de mejorar esos puntos en la ronda 3
 
Fortianitas
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Segundo concurso de Género Fanfiction de Zelda, ¡Acción!

No se preocupen, compañeros, esto comienza. La ronda de comedia es difícil, pero recuerden que aún quedan otras dos. La idea es que la pasen bien =)

En breve publico las historias de esta segunda ronda =D.
 
Fortianitas
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Segundo concurso de Género Fanfiction de Zelda, ¡Acción!

Pues Yo recibí las calificaciones de los cuatro así que por mí no hay problema (Bueno si recibí dos emails pero no me molestó abrir los dos hehe)

En fin, aprecio mucho esos comentarios. Y al menos me divertí el segundo relato y veré como sale.
 
Fortianitas
303
RE: Segundo concurso de Género Fanfiction de Zelda, ¡Acción!

hubiera querido recibir la crítica de la primera ronda antes de mandar la de la segunda ronda xD... hubiera pulido varios detalles que me resaltaron en el correo... ni modo, tendrá que ser para el tercer relato.
 
Fortianitas
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RE: Segundo concurso de Género Fanfiction de Zelda, ¡Acción!

LeVel dijo:
hubiera querido recibir la crítica de la primera ronda antes de mandar la de la segunda ronda xD... hubiera pulido varios detalles que me resaltaron en el correo... ni modo, tendrá que ser para el tercer relato.
Hubiese sido lo mejor, pero mira, no lo llegamos a planear al principio y ahora ya no hay caso :( Un aspecto que pulir para otra edición, eso seguro.
 
Fortianitas
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Segundo concurso de Género Fanfiction de Zelda, ¡Acción!

Branzzo, fue error mío por no explicarme bien. Quería las historias entregadas durante las 48 horas desde el domingo hasta ayer por la noche, pero Soria hizo el favor y me explicó que las de la ronda de acción eran todas esas. Una disculpa.
 
Fortianitas
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RE: Segundo concurso de Género Fanfiction de Zelda, ¡Acción!

Drako von Kántor dijo:
Branzzo, fue error mío por no explicarme bien. Quería las historias entregadas durante las 48 horas desde el domingo hasta ayer por la noche, pero Soria hizo el favor y me explicó que las de la ronda de acción eran todas esas. Una disculpa.

No, no, seguramente la confusión vino de que algunas historias te las mandé dos veces (porque primero yo te envié algunas y luego Hoskar hizo el favor de distribuir el .rar). A ver si esta vez no hay ningún problema :(
 
Fortianitas
131
Segundo concurso de Género Fanfiction de Zelda, ¡Acción!

ÉSTA ES LA SEGUNDA RONDA DEL SEGUNDO CONCURSO DE GÉNERO FANFICTION DE ZELDA.
¡BIENVENIDOS!​

Ya estamos en la segunda ronda. Algunos de sus compañeros han caído. Los enemigos se vuelven cada vez más rudos, las circunstancias cada vez más groseras, pero seguimos en pie, aún y todo, ¡la patria sheikaviana se los retribuirá!

Sé que esta ronda puede ser muy difícil, por eso mismo admiro su valentía, soldados. Espero que sigan con ese temple hasta el final.

Y antes de comenzar con el intercambio de experiencias, les daré algún aviso, instrucción y recomendación:

-Escuchen a sus compañeros con atención, ya que la experiencia de ellos servirá a su propio crecimiento.

-Comiencen a trabajar en el plan para su próxima cacería. La fecha límite de la siguiente entrega será el día jueves 22 de agosto El género siguiente: drama

-Les aviso que como varios de sus compañeros han caído, quizá se vea extraño que del soldado 3 pasemos al 5 (por dar un ejemplo), ya que todos seguirán portando el mismo número =).

Y sin más qué agregar por el momento, dejo sus experiencias ya mismo:

Soldado 1:
Yo que fui el rey del mundo (aunque el mundo no lo supiera), a mí que me temían en cualquier esquina de Hyrule. Yo, de alto carácter, bello, sesudo, de agradable aroma, de sonrisa blanca y reluciente como de piano sacrosanto. ¡Ay!, ¡ayer lo perdí todo! Heme aquí, con mi sombra y mi vergüenza, sin más que la mala fama, sin causar otra cosa en mi gente que no sea una carcajada.

Y todo por tu amor, ¡mi querida nuececita! Antes de amar tu belleza... amaba la mía, por supuesto. ¡No hay otro ser con vida que me hiciera buena mancuerna! Y es que, ojalá y no me tomen por exagerado cuando digo que yo, y nadie más, soy la criatura más hermosa en todo Hyrule.

Pero, ¡ay!, ¡el amor! La conocí un día que fui al Bosque de los kokiris. Yo me encontraba en esos lapsos de alta caridad mía en que paseo y dejo que la gente disfrute de mi presencia. Ese día entré a la Tienda del Bosque buscando algún remedio para mi mal de estreñimiento (pena que me apena desde que apenas era un retoño) y estando en el umbral del lugar, le vi, de pies a cabeza, para no olvidarme nunca de su figura; le vi sus dos piernas, que eran hermosas y recortadas, como columnas de un templo, calzaba un par de botines verdes; después le vi sus dos manos tersas como duraznos, y hacía un nudo con ellas (seguramente por el rubor de haberme conocido); y sus dos brazos, ¡qué brazos más lindos! enfundados por dos mangas verdes que resguardaban su finura; y luego le vi esas dos...ese par de... ¡ojos más bellos! Y tras ella iba un brillante mosco molesto (luego supe que era su hada) que me veía con ojo malo. Le escuché decirle a la jovencita:

—Saria, volvamos a casa, ¡ésta cosa pervertida me arrebata la calma!

A continuación supe dos cosas: la primera, que la dama acudió con rubor a la tienda porque le cayó el mal de los piojos, y le daba vergüenza que la vieran consiguiéndose un remedio; la segunda fue, por supuesto, el nombre que le nombraba a la emperatriz de mis siguientes días, ¡oh! ¡Saria!, ¡qué dicha la tuya que de ti me he enamorado!

Luego hice lo que todo sincero enamorado en su juventud hace: espiarla sin escrúpulo alguno.

Cierta ocasión, mi querida Saria se reunió, en una de las partes más altas del Bosque, con una caterva de escandalosos kokiris, para jugar a la esgrima. Yo los seguí y me oculté en el suelo, a manera de capullo, y andaba echando un soslayo para apreciar lo poco de espadachines que aquellos mocosos tenían. ¡Ja! ¡Pero qué bochorno! ¡Qué entretenida y grosera imagen la de ver a un pequeño inexperto haciendo algo en lo que se cree experto! Ahí estaban dándose de palos en los brazos y las posaderas, sujetando las espadas de madera como sujetando un chupete. ¡Ja! ¡Saria sonreía divertidísima!, seguramente aquellas ridiculeces le divertían tanto o más que a mí. De pronto, sin el menor aviso, salí del suelo y me erguí en la robustez de mi pecho (que es un tallo, pero yo lo tengo por pecho) y con grandes demostraciones de mi ferocidad, los reté a que atacaran con sus espadas.

— ¡Qué te pasa, criatura! ¡Sólo es un juego!, ¿no te das cuenta?

— ¡Qué monstruillo tan necio!

—Yo ya no quiero jugar.

— ¡Puaj! ¡Encima le huele la boca a posadera de zora!

— ¡No nos molestes, criatura! ¡Te acusaremos con Link!

Éstas y otras cosas me dijeron los mocosos, y todos reventaron en sinfónica carcajada. Yo me quedé allí, parado, sin haberles demostrado la fuerza de mi valiente tallo, sin entender nada ni de juegos ni de aquél con quien me acusarían. Saria no me vio siquiera. ¡Ay! ¡Las tripas (si es que las tengo) se me azotaban de tanto coraje!

Una ocasión después, mientras llevaba a cabo mi romántica labor de espía, note que la marabunta de enanos verdes se reunió en un lugar del Bosque para darle lugar a una cosa llamada Foro. ¡La cosa más extraña parida por las diosas! Esta cosa llamada Foro era una conglomeración de muchachitos imberbes que se reunían para charlar acerca de "sus temas de interés". Lo cierto es que el Foro se hizo, supuestamente, para hablar de juegos. Me pareció escuchar que hablarían de un juego en especial (cuyo nombre no importa), pero en llegando al Foro, cualquier enfermo de su pensamiento caía en cuenta que en dicho Foro de todo se hablaba, ¡menos del dichoso juego! Allí veías un círculo de pequeños mentecatos charlando de aquello, allá veías un puño de incultos dialogando de aquesto. ¡Qué charlas ni qué las barbas de mi tía Gohma! ¡Aquí no se charla de nada, sólo se dicen tonterías! Entonces decidí entrar al Foro y acercarme a discutir con los participantes.

— ¡No, no, no, no, no! ¡Tú estás mal! Déjame te ilustro, pequeña sabandija.

— ¡Oh!, ¡qué saben ustedes de juegos, si no han jugado el...!

— ¡Oh!, ¡a esta charla le hace falta alguien inteligente!

Con estas demostraciones de mi grande modestia participé en las diferentes discusiones. Mas luego me di cuenta que, aunque no me lo dijeran, los foreros me iban detestando.

— ¡Ese sucio palo de escoba!, ¡siempre queriendo lucirse!

— ¡Bah!, ¡yo me marcho de aquí! ¡Esta figura despreciable me hincha las... paciencias!

Y sin percatarme del momento, Saria, y todos los demás, abandonaron el lugar. Ella no me volteó a ver siquiera. ¡Ay!, ¡el fondo de la barriga me hervía del descontento!

Luego decidí salirme del Foro. ¡Qué más da! Luego yo haría el mío, o si no, me conseguía un puesto de moderador. ¡El requisito del puesto tal es ser igual o más modesto que yo!

Ya con el corazón medio cacheteado, medité, mientras me comía un kilo de ciruelas-pasa, que quizá en el plan de las diosas no había lugar para este amor. ¡Oh, Saria!, ¡que desdicha para ti! Entonces tomé mis pertenencias, me puse mi sombrero de viajes, y hecho una curva, cabizbajo y meditabundo, caminé hacia la salida del Bosque, silbando triste y consolando a mi corazón.

— ¡Ay! ¡El amor no está hecho para los buenos como nosotros! ¡Ay! ¡Qué cruel destino para el que es una gran persona y a partir de ello se hace su publicidad: nadie lo admira, nadie lo respeta, nadie lo quiere!

En estas lamentaciones iba silbando triste cuando iba cruzando el puente para salir del Bosque. De pronto, una voz consoladora me detuvo. En efecto, era mi amada Saria.

— ¿A dónde vas, criaturita, con ese pesar silbando?

Entonces me tomó de una hoja y me acercó a un tronco de árbol caído. Nos sentamos. Me dijo buenas consolaciones de muchacha inocente y me cantó una canción de gente feliz. Y yo, con las tripas todas contentas, sentía un revoloteo por debajo de mi vientre: el amor.

Saria cantaba, yo la veía, y las ciruelas-pasa se me caían todas de la boca. Estaba prendido de su suave voz. ¡Ya estaba yo por declararme! ¡Nos íbamos a casar y tendríamos hijitos! Pero Saria tenía otros planes: justo cuando ya tenía palabras de amor en la punta de mi lengua, me dijo:

—Invité a un amigo...

Y le vi llegar, era uno más de esos mocosos kokiri.

—Toquemos para nuestro amigo, Link.

Supe que él Link. Y los vi hacer música de gente enamorada, en sus instrumentos soplaban el amor que no les cabía dentro, y cruzaban las miradas para hacerse confesiones. Pero ¡Por las barbas de mi tía Gohma! Yo no me dejaría vencer ¡Este era mi momento! Y mientras me iba rellenando la boca de ciruelas, de pronto me di cuenta que mi ajetreo en la barriga no era amor, y retorciéndome como un gusano, les tomé las manos y les supliqué en voz baja me llevaran pronto al sanitario, pues ya no había tiempo...

En efecto, no hubo tiempo. El pequeño niño verde me tomó entre sus brazos y corrió como sólo un hyliano lo puede hacer, pero no llegamos a tiempo. En las puertas del sanitario tuve mi final.

¡Ay!, ¡el ridículo es una larva que hay estar escondiendo constantemente! Sin embargo, aquí entre las memorias tengo atesorada la última voz que Saria me dijo, mientras todos se reían y un bulto de apestosa vergüenza me escoltaba las raíces, como un niño que se agarra de las faldas de su madre:

—Mi querido amigo Deku Baba: la risa es una niña sabia y parlanchina, dice las cosas que las palabras no pueden (y que a veces no conviene) directamente decir.

Pero he de ver de nuevo a ese niño verde, ¡y he de reírme yo más que él de mí!


Soldado 2:
–¡Por fin!– resuena una voz.

–¡Hoy será el día, el día de mi victoria. Derrocaré a mis enemigos y obtendré la Trifuerza– replicó.

El hombre que hablaba solo dentro de un cuarto, se levantó de su cama, púsose su traje oscuro, tomó una capa y la colocó en su lomo. Era Ganondorf, el rey gerudo. Dentro de su fortaleza en el desierto, toda una temporada había maquinado desde las sombras para poder conseguir tanto como su codicia mandara. Él gobernaba todas las arenas, tanto las que se acoplaban en el suelo, como las que volaban con el viento. Hoy, el golpe final se ejecutaba: había envenedado al guardian del bosque; había sentenciado a muerte a los goron despojándoles su comida; había alterado a los zora usando a su deidad. Todo eso, para conseguir las tres gemas, llaves al reino sagrado y así obtener la Trifuerza, que le consedería su deseo de tenerlo todo. Así mismo, fingió ser amigo del soberano de Hyrule, con el fin de conseguir su tesoro secreto, cuarta clave para las puertas del Templo del Tiempo, única conexión entre este mundo y el otro, que alberga dicho poder dorado. La hipocrecía hoy terminaba y les mostraría a los hylianos su verdadera intención. Ya nada lo dentrendría.

Salió de su habitación real, erguido y orgulloso. Se dirigió al comedor -un soberano no podía conquistar con el estomago vacío-. Abrió las puertas y su gran banquete... no estaba ahí: largas bancas y mesas vacías en toda la sala; ni un alma.

–¡Por las arenas de mis botas!– exclamó –¿¡Dónde estan todos y, más importante aún, DÓNDE ESTÁ MI COMIDA!?

–El almuerzo se sirvió hace un buen rato– habló una voz gangosa.

–¡¿De qué me hablas, anciana decrepita, aseadora inútil, concinera barata!? ¡El Sol recién sale y quiero mi desayuno!– Gritó furioso Ganondorf.

–Su majestad. El astro ya pasó la mitad del cielo. Usted se ha quedado dormido.

–¡Insensatas! ¿Por qué nadie me despertó. Hoy es la invación, el día mas importante de mi vida; el día en que todos se someterán a mi mano; el día en que...– pero no terminó la frase, fue interrumpido.

–Sí, sí, bla, bla, bla. A mi no me pagan horas extras por explicarle cosas. Señor, la última sirvienta que intentó despertarle, terminó en el calabozo por tres meses. Así como es, nadie siquiera se mete a su cuarto real cuando duerme– respondió con mucha indiferencia la señora.

El gobernante quedó pensante, parece que exagero con la sentencia esa vez, debieron ser sólo dos meses.

–Si quiere comer, aún quedan sobras del almuerzo. Le serviré ahora.

–¿Sobras? ¡¿Sobras!? ¿¡Yo, el gran y poderoso Ganondorf, comiendo SOBRAS!?– gritó él.

–Es lo que queda. Tómelo o déjelo– respondío la cocinera anciana, con un habla digno de una persona aburrida y sin interés en absolutamente nada.

Ganondorf no pronunció palabra, pero sus tripas rugieron y eso le bastó a su subdita para moverse y servir. Él, humillado, simplemente se sento en una banca, con la cara amargada como nunca, y esperó paciente. Diez, veinte, treinta minutos; una hora y hora y media pasaron. Finalmente se artó de no hacer nada y se levantó altaneramente, dirigiendo sus pasos a la cocina.

–¡¿Dónde esta mi comida!?– y con ese grito, despertó de un susto a la vieja.

–¡No quiero lavarme, mamá!– exclamó desesperadamente, saliendo de su sueño.

Hubo un silencio incomodo.

–Estabas... ¡¿Durmiendo!?

–Ehh... no, sólo... eh... esperaba el mejor momento para que se caliente su comida– se excuso ella.

Y para su sorpresa, Su Señoría le creyó... o tal vez no, pero tenía hambre y sólo pensaba en comer, después de todo, bastaba con saltarse el desayuno y no quería perder también la segunda comida. Suspiró.

–Esta bien... ¡Pero quiero mi comida ahora o te enviaré al desierto con una botella de vinagre y nada más, para que mueras de sed y tu cadaver alimente la furia de la tormenta de arena!– dijo, para variar, gritando.

Su Majestad volvío a su banca y la cocinera le sirvió la comida helada. No era más que un pollo a medio terminar y algunas papas.

–¡Está frío!– volvió a gritar.

–Pues si usted me hubiera dado un poco de tiempo, le abría tocado más cálido su almuerzo– le respondió.

Y por mucha ira que tuviera, el hambre fué más fuerte y comió sin volver a rechistar. Deboró ese plato y tres más, hasta los condimentos se tragó con tal de saciar su apetito. Al final tragó casi un balde de agua, porque el ají picaba como no esperaba y, aún de saber que lo era, se lo hubiera comido por simple prepotencia, “sólo un débil le teme a un pedazo de planta” fue lo que dijo antes del infortunio.

Salió de la fortaleza con la barriga saturada y una sonrisa mental -porque en realidad su rostro rara vez no está mal humorado, fuera o no su verdadero pensar-. Se dirigió al establo y buscó a la encargada, pero nuevamente, no había nadie, sólo una carta.

“Mi hermana se rompió una pierna después del desayuno. Le atenderé toda la tarde para aseguramerme de su recuperación. Volveré en una semana.”

Es lo que decía el trozo de papel clavado en la madera. Por supuesto, el gobernante no sintió lastima, sino ira, y pegó un rugido al aire. Dio una decena de colericos pasos y llegó a donde guardan su caballo negro. Le arrojó sin más la montura y lo sacó. Ya al aire libre saltó y se le subío encima, pero no bien sujeta la silla, tan pronto quedo arriba, se ladeó quedando boca abajo. Por arrebato, golpeó al caballo con las espuelas y este se puso a galopar. El trote era rápido, y a cada paso que daba el animal, Ganondorf un cabezazo asestaba contra el suelo. Así dio dos vueltas a todo el área de entrenamiento de tiro antes de poderse safar, cayendo de cara sobre la tierra, y las pesuñas del equino le patearon el trasero haciendolo rodar varios metros, done paró de un choque contra el palo que sostenía la nota anterior. Tardó un poco en levantarse, estaba todo magullado y maltradado. El caballo se arrancó y extravió entre las arenas y su capa favorita había sido partida en dos.

Impulsado por la emoción agresiva nacida de su más lamentable pérdida (la capa, por supuesto), lanzó un puñetazo al pilar, rompiendolo y dejando que todo cuanto sostenía cayera sobre él. Entre el montón, un jarrón le golpeó en la cabeza.

Para cuando el rey despertó -envuelto en escombros de madera, greda y tierra- ya se notaba el rojo del atardecer. Se paró en seguida, haciendo a un lado toda materia desechable a su alrededor (osea, todo) y partío para la fortaleza, debía juntar a su gente para emprender la conquista. Entró a la sala de reunión, en donde sus hombres, digo, mujeres de mayor rango le esperaban para iniciar la pelea... o eso creía el, pues en realidad, no había ni un alma (de nuevo).

–¡¿Pero qué es este insulto!? ¡Deberían estar aquí, esperando mis ordenes!– gritó.

Se asomó por la ventana para ver las inunmerables guerreras que alistan en su ejercito, pero sólo avistó tierra y arena ¡Ah! Y un conejo.

–Todas se fueron– hablo la voz gangoza (quién sabe de donde apareció, antes no estaba según el mismo Ganondorf).

–¡¿Vieja chismosa, dónde están todas!?– exigió respuesta.

–Se aburrieron de esperar y fueron al lago para disfrutar el buen día.

–!¿Qué hicieron QUE!?– exclamó anonadado.

–Si usted hubiera sido puntual no habría pasado eso.

Ganondorf estaba a punto de estallar.

–¡Pues dame mi cena y reunelas a todas después! ¡Hoy es la invación!

–Ah, sobre eso... las chicas ya comieron y sólo quedan sobras. Por cierto, no volverán hasta mañana, no querrá que salgan en la noche con tanto mostruo que sale– le explicó, usando su intransversal tono monótono y aburrido.

Su Majestad se quedo sin habla y agachó cabeza con expresión derrotada: ya no aguantaba más. Suspiró.

–Olvidalo... mañana haremos el ataque. Me iré a dormir.

–¿No quiere algo de comer?– preguntó ella sin darle importancia a lo que decía su rey.


Soldado: 4
La valía de hacer el esfuerzo.

Darknut era la sombra de un pasado extinto, pero un competitivo y fuerte guerrero, que hacia defender su honor en las batallas, vigilaba en ese entonces la torre del templo del tiempo esperando a su retador.

Era un extraño dilema para el, pues estaba encerrado ahí, pero la llave de su habitación estaba afuera, oculta en otra habitación.

Medito un rato, solo llego ahí y se le ordeno cuidar el cofre, pero ¿cómo lo pudieron dejar encerrado? Bajo su duro y rígido casco, sus expresiones eran de incertidumbre.

-Nadie que estuviera cuerdo- pensó.- deja la llave de este lugar afuera para obtenerla, si lo que quieren es que no obtenga lo que hay en el cofre. Esto no esta muy bien planeado.

Su armadura rígida comenzó a pesarle así que se sentó. Medito en que eso no estaba bien planeado.

Hablando para el mismo dijo: Además quien coloca tantas trampas, que si se pueden resolver con un poco de ingenio, no le están dando más armas a quien va entrar. Para mi no tiene lógica, solo harán más fuerte a quien viene a buscar.

Se quedo un rato pensando. El quedaría más vulnerable de estar solo esperando ahí. Se levanto y corrió en todo el lugar cómicamente, pero solo consiguió cansarse más. La armadura le pesaba mucho y no podía seguir corriendo de lo pesada que era. Necesitaba ejercitarse si quería hacérsela difícil a quien llegara.

Una ves más se sentó a reposar trato de pensar con calma. Pero recordó que antes de entrar a ese cuarto, había un cofre con un mapa del templo, se pregunto si por lo menos se habían dado cuenta de ello, sus superiores por que si no eso ya estaba muy mal planeado. Y que decir de la brújula.

Más tarde se le había informado que la llave que ocultaba el gran tesoro estaba en el mismo templo en una cámara oculta llena de trampas impasables.

Eso lo tranquilizo un poco pero seguía pensando que era un mal plan. Su jefe de seguro pretendía ponerlo más a prueba a quien entrara. Pero no le pareció justo seguía pensando en su desventaja y en lo fácil que lo vencerían.

Así que busco algo en la habitación que pudiera contentarlo, cerca de la reja que guardaba el cofre encontró unos pergaminos. Al parecer ese lugar ya estaba ocupado antes pues. Y debió de haber sido otro caballero de la orden de los Darknuts por que lo que leyó fue:

“Es increíble que tantas generaciones en nuestra orden, haciendo honor a nuestra propia justicia, pero cada cierto tiempo llega el supuesto mesías de los Hylians, un enclenque verde de quien se dice siempre porta la misma espada y escudo. Y que cada cien años incluye un instrumento diferente en su repertorio de artefactos. Tanto esfuerzo es el nuestra orden y los superiores solo seden al Lord oscuro nos usan cómo eslabones… “

A mi se me narro lo mismo una ves- recordó el Caballero.- Pero ¿entonces?… ¿sólo me quedo aquí a esperar?

Recordó entonces cómo la primera ves que combatió con los inútiles guardias de Hyrule. Para él eran solo un mero adorno con sus armaduras y ellos pensaban que sus armaduras estaban mejor forjadas.
Su padre un viejo Caballero retirado, le conto que un antepasado de ellos había formado parte de la conquista del reino y que tenia una curiosa. A pesar de tener a la princesa y el rey secuestrados en su propio castillo, el reino parecía vivir igual con o sin ellos solo se preocupaban, pero seguían sus vidas como siempre.

En esas épocas el señor oscuro quería dominar Hyrule por sus ricas tierras, y es que en verdad eran ricas, cuando llego a la planicie de Hyrule con una armada de caballeros, en un pastizal había cortado pasto con su espada y emergían rupias y corazones, pero su frio hierro no dejaba poseer aquellos corazones, pero si las gemas.

Cuando por fin comenzaron a conquistar parte de Hyrule se encontraron en una granja, que se resistía a su poder, y quedaron impresionados cuando uno de ellos había pateado con su espada un cuco, y una nube de cucos se les vino encima. No habían hecho mucho pues las armaduras eran muy gruesas para que pudieran perforar sus armaduras.

-¿Me pregunto si ese caballero verde le harán lo mismo?- pensó.- No, quizás sea demasiado amable para llegar a golpear cucos.
“Recuerdo cunado llegue a la ciudad, mucha gente se encerró en sus casas, tomaríamos las tiendas y a pesar de que vendían bombas, armas y demás municiones ninguno se defendió. Era algo curioso muchos pudieron haberse revelado, les faltaba coraje eran demasiado pacifistas. Y de hecho ahora que lo recuerdo, mi padre me conto que en aquella época el mismo individuo verde les había hecho frente con esas armas. Sería muy extraño aun que terminaran vendiéndoselas si es para defenderlos a ellos. Y ahora que lo pienso cómo un soldado así cargaría con tantas cosas, yo tengo suficiente con esta armadura y de por si pesa mucho.”

El Darknut se desespero, estaba cuidando algo por simple orden y que tal si era un arma que acababa con los mismos caballeros, no le parecía lógico, o que tal si ya quien llegara a enfrentarlo sabría cómo hacerlo. Su mente dio vueltas, era muy raro toda esa tarea que se le había designado.
Pensó que eso podría ser un suicidio, pero se sentía seguro de todo lo que había vivido, y observo el cofre detrás de aquella reja. Le parecía que si era un objeto valioso no era preferible que lo tuviera él, se había ganado el rango suficiente cómo para merecerla.
Se levanto e imaginando toda la posibilidad de armas que podría contener ese cofre se ilusiono mucho más. Pensó en un Martillo gigante, un Hacha, una lanza o un mazo, muchos tipos de armas filosas y agresivas se le vinieron a la mente.

Abrió las barras de la celda con su manos y alcanzo el cofre. Lo abrió solo con sus manos que pasaban entre la reja y sintió, el arma la saco y era un Cetro, un simple cetro, en el fondo de su casco su cara tenia gesto de no poder creerlo, eso cómo podría hacer daño.
Lo sostuvo en sus manos y en la parte superior donde salían tres puntas en medio resplandeció una esfera verde de luz. La toco pero no hacia nada y la agito suavemente pero no le pareció nada especial. La agito con más fuerza y la bola de luz se disparó como pelota de tenis a la pared y regreso con un solo bote al cetro.

Esa reacción le pareció graciosa pero no pareciera que sirviera de algo, así que lo que hizo fue jugar con el cetro por toda la habitación. Estuvo jugando frontón en uno de los muros, entonces uno de sus botes callo en una estatua en el marco de la ventana. La luz se esparció desde el hueco del centro entre los relieves de la escultura, haciendo que esta cobrara movimiento, movió amenazante hacia ella el bastón pero no logro nada, la estatua solo vibro en su lugar.

Miro el bastón mientras camino y la estatua lo empezó a seguir, la vio y no le pareció nada útil, así que levanto el cetro y la luz regreso. La estatua se apago y quedo inmóvil de nuevo, era una estatua tiesa y el cetro solo la hacia moverse no le parecía un arma útil. La trato de usarla cómo arma pero no funcionó de nada, una araña pasó por la ventana y camino por la pared hasta llegar al suelo, El caballero miro a la araña e hizo un gesto de travesura, lanzo la luz hacia la estatua nuevamente y la movió para aplastar la araña.

Solo se escucho cómo exploto el pobre arácnido, y el Darknut tubo un momento de felicidad, por haber derrotado a esa araña. Jugo un rato más con la estatua había aplastado uno a uno todo s los jarrones de aquel cuarto.Cuando se aburrió fue regresarla al cofre y seguir entrenando.

La estatua seguía en el suelo y ya no en el marco de la ventana, estaba cayendo la noche cuando se puso a pensar: -Que triste seria si hubiera una araña gigante en algún lugar de este lugar, y unas estatuas colosales la rodearan, no imagino cómo le iría a la pobre. Después comenzó a reír, después de todo somos parte del juego, de este tal señor oscuro. A mi solo me toca esperar-.

En la mañana todo se volvió a regenerar (otras de las cosas curiosas e inexplicables) los jarrones y la estatua volvían a estar en su lugar.
El Darknut escucho desde dentro de su cámara todos los mecanismos que empezaron a moverse en todo el templo y espero paciente, un verdadero enfrentamiento, cómo sea fue entrenado para ser un Caballero Darknut y no pretendía bajar su guardia a quien entrara.


Soldado 6:
La sala estaba completamente obscura, sólo iluminada levemente por unas velas y por un enorme ventanal al fondo de la habitación circular. En el centro, observando una enorme estatua ubicada en un soporte cerca de ventanal, yacía inamovible el mítico Darknut vestido de armadura negra sin dar ninguna expresión. Solo pasaba el tiempo como una brisa y él esperaba un tiempo preciso.

Y esperaba…

Y esperaba…

Y el tiempo nunca se aparecía…

Giraba su cabeza disimuladamente y regresaba a su posición cada vez que sospechaba que alguien venía a visitarlo. Estaba inmóvil.

-“Mis piernas están entumidas”- pensó- “Mi cabeza necesita aire….” ¿Por qué no me he muerto ya?”… “Ah claro: el tiempo no pasa aquí” De pie siguió haciendo su filosofía como lo hacía desde mucho tiempo atrás.

-Supongo que debo quedarme aquí y esperar-dijo en voz alta. Al cabo de un largo suspiro dijo: Al carajo esto, ¡Tengo hambre!

Se movió de su lugar en el centro de la sala y caminó torpemente hacia la puerta tras de él, no por el peso de su armadura sino porque había ya olvidado como caminar y con cada caída que sufría estrellándose contra el suelo, su armadura se desprendía. El casco estaba completamente abollado cuando decidió por fin quitárselo parra poder encontrar la puerta sin recurrir al tacto. Dio un ligero golpe y esta se abrió.

-Vaya., ya ni me acuerdo como es esto-dijo al encontrarse con la primera sala-Suerte que me dieron el mapa-El Darknut buscó por toda su túnica sin encontrar nada

-Claro… el maldito cofre…-Avanzó hasta toparse con una enorme reja y ahí no hizo más que confundirse

-¿Y bueno, aquí que hago?-El caballero se quedó frente a la reja observando a dos Armos inmóviles, y recordó un papel que había encontrado en sus bolsillos mientras buscaba el mapa. Al sacarlo y desenvolverlo se dio cuenta de que ahí estaban los “Scripts” del juego

-Ajá… esta puerta se abre matando a los Armos y también puede ser destruida con la estatua. Bueno no hay de otra”-El Darknut regresó de donde vino mientras pensaba en lo ridículo que sería que alguien devolviera la estatua a su lugar correcto y luego regresara aquí por nostalgia. Una vez en la sala, corrió hacía un cofre en el otro extremo de la sala.

-¡Siempre quise hacer esto, ya era hora de divertirse!- Sacó del cofre el Dominion Rod, objeto del cual él estaba encargado de su seguridad y luego lo utilizó en la estatua. Esta reaccionó gracias a la magia del objeto y comenzó a moverse a la par que su amo.
Después de una larga y aburrida espera de ver como una campana se llevaba a la estatua y la regresa en la siguiente sala, no costó mucho para que el Darknut encontrara la libertad pero para su sorpresa, había un centenar de arañas pequeñas que revoloteaban. El guerrero dio un brinco y corrió hacia una pared de la derecha siendo seguido por su colega de mármol hasta que este lo aplastara en aquel borde. Le costó un rato salir de ese estrecho lugar y matar a las arañas con la estatua estando él lo bastante alejado. Se sentía poderoso con esa estatua. Sin embargo, para ahorrarse un acertijo del templo, abandonó la estatua a su suerte sabiendo que era más un estorbo que algo útil y que realmente no era tan divertido como pensó que podría ser.

Se deambuló por el calabozo buscando una salida, y más importante, comida, hasta dar con una sala bastante iluminaba donde reposaban tres Lizalfos, Ellos al ver lo que parecía ser su líder desde hace tiempos inmemorables tomaron posiciones bastante rectas.
El Darknut se les acercó bastante aliviado al saber que no era el único con razonamiento en el lugar.

-Este lugar es demasiado sencillo de resolver, créame ¿Quién lo diseñó?-Los Lizalfos no supieron responder y antes de que uno moviera su labios de reptil el Darknut lanzó un nuevo comentario, no sin antes tirase al suelo y patalear como niño chiquito

- ¡No es justo!- gritaba- ¡A ustedes lo mandaron en grupo y yo soy el único que no tiene ni un asqueroso compañero! ¿Enserio califico para subjefe?- Su furia lo obligó a desenfundar su espada y los Lizalfos comprendieron, al revisar sus propias hojas con los Scripts de juego, que el Darknut era ahora más ágil (Sin contar su extrañeza al considerar lo ridículo que era tenerlo fuera de su sala sin usar algún hack); acto seguido, iniciaron el dialogo.

-Hey, tranquilo viejo-dijo uno de los Lizalfos tirado su hacha de metal y alzando los brazos-“Todos la pasamos difícil aquí, ¿Crees que diario tenemos chistes nuevos? Hemos explorado este lugar buscando la salida y ya nos hartamos de molestar a los Beamos, sin contar que no hay mujeres. No hay nada que hacer- El hombre de la espada, se puso de pie secándose las lágrimas.

-¿Tienen comida?

-Pues si, está por...-El Lizalfo fue interrumpido por el soldado que, anonadado, contemplaba una ventana de fácil alcance.

-¡Tengo que salir de aquí!-El Darknut corrió desenfrenadamente hacía la ventana mientras sus acompañantes lo intentaban detener.

-¡Espera!-Gritó un segundo lagarto-¡Las ventanas no tienen “Box Collider”!

Su alerta fue inútil porque el Darknut ya se había lanzado a la ventana, atravesándola sin destruir ningún solo vidrió. El caballero obscuro entro en un espacio en blanco.

-¡Es un Glitch!-grito, y se quedó inmóvil dentro de ese espacio por unos minutos hasta ser devuelto al escenario correcto totalmente en shock.

-Ya lo habíamos intentado antes-bramó el tercer Lizalfo- Este lugar es un tumba.

-Si, ya me di cuenta. ¿Y qué se puede hacer para salir?

-Pues tienes que ir por una estatua de metal ubicada en una plataforma bastante alta, casi en la punta del calabozo, o al menos eso parece, y depositarla en este panel que ves aquí.

-Ya veo. Y por lo que veo no han intentado conseguirla

-No. No se puede-El Lizalfo rió-Pero una vez sucedió algo chistoso cuando hicimos una torre nosotros y luego nos caíamos porque cada quien fue con su armadura y el peso era demasiado. Luego no quedamos arrojándole jarrones intentando bajarla-Lo último encendió un foco en la mente del Darknut.

-Oigan-preguntó ¿Y si lanzamos un jarrón de estos entre nosotros para divertirnos?

-Quien lo rompa lo paga-respondieron al unísono y acto seguido pasaron una buena parcela de tiempo lanzando ese jarrón para divertirse mientras reían y lanzaban maldiciones al arquitecto del calabozo.

En una atajada accidental, el Darknut no fue capaz de sujetar el jarrón, por lo que este calló al suelo sin romperse. Aliviado, él pensaba en lo resistente que era ese jarrón.

-Estos son de los que si están hechos para durar-dijo jocosamente, mientras lo veían rodar y rodar. Para su sorpresa el jarrón rodó hasta llegar al panel y milagrosamente accionarlo. La puerta que conducía a la salida se abrió.

-No ya enserio-dijo el Darknut desconcertado-¿Quién carajos diseñó este templo? ¡Ni si quiera debes recorrerlo todo! ¿En que estaban pensando? ¡El acertijo no sirve! ¡No sirve!

Uno de los Lizalfos alzó el brazo y dijo por lo bajo- Pues, a la mera y nadie se da cuenta…

-Bueno más les vale que así sea, ahí luego le ponen rupias para que los destruyan. Yo por mi parte quiero salir de aquí.

El majestuoso guerrero dio las gracias a sus amigos por haberlo mantenido cuerdo y permitirle ser feliz por primera vez en mucho tiempo y continuó su viaje para buscar la salida. Llegó a la sala principal donde sabía que podía ir al Templo del Tiempo original por lo que su emoción iba en aumento. Ya podía escuchar unos canticos recitando una melodía milenaria y trascendental. Se detuvo en seco pensando: “Me gusta el misticismo pero vamos ¿De donde salen esos cantos?” Justo antes de que se dirigiera a la salida cruzó caminos con una diminuta hada azul que revoloteaba por aquí y por allá sin nada que hacer. Ésta al verlo le dijo: “Por Nayru, esto es muy vergonzoso”, y continuó su camino perdiéndose de vista. Él por su parte no le puso reparos, siguió caminando recitando lo canticos en loop mientras atravesaba un iluminando y sencillo templo, avanzando hacía su libertad.

Cuando por fin dejó su prisión inmortal se vio invadido por un enorme bosque, la vegetación destruyendo todo lo que había a su paso y ruinas de algo sin estructura, lo mejor era que sentía y podía respirar el aire.

El hombre dio un largo y relajado suspiro acto seguido dijo: Mejor vuelvo, allá adentro hay comida-Y regresó a resolver todo el desastre que habían causado, al fin y al cabo tenían todo el tiempo del mundo.


Soldado 7:
Llega el momento en la vida de un organismo en que tiene que cumplir la regla más básica de vivir, que curiosamente es la muerte: única y exclusiva regla que nadie puede eludir ni sacarse de la cabeza. Pero claro, justo antes de morir, o al menos unos días antes de ello, el ser; la mente, el cuerpo, tienen que aprender una última lección de vida… la cual es: la vida es dura. No lo suficiente como para no disfrutar las sensaciones de comer la fruta prohibida, pero tampoco lo suficiente como para tratar de evitar la muerte.
Eso le pasó a un espécimen que aprendió una última lección justo antes de… bueno, ya saben. Se trata de la Baba Deku, no una cualquiera que brota de vez en cuando del suelo y finge que no siente nada, girando sobre su propio eje. ¡No!, ésta Baba era diferente, no por su color de piel o porque sus hojas eran más verdes que las de otras Babas… no, lo que la diferenciaba de otra Baba Deku era que tenía un deseo. Curioso ¿No crees?, que quizás el ser más insignificante de todo Termina, luego de Tingle, sea un ser que… tenga un deseo, el deseo de sentir, de soñar, de amar.

Ésta es la historia sobre la vida y las lecciones que cada organismo del planeta debe aprender. ¿Qué?... ¿Quién soy yo? Digamos que soy “Eso”, si, la voz en tu cabeza que de vez en cuando te habla y te dice que sería mejor para ti. Si, esa misma que siempre desobedeces y por ello eres infeliz.

Continuemos.

La Baba Deku se levantó como cualquier mañana. Quizás no pudo percibir que estaba a punto de estrellarse una gigantesca y ominosa luna sobre ellos, o quizás sólo lo ignoró. Su vida no era muy complicada; amanecía, salía del suelo –si era necesario-, se volvía a meter. Repetía esta acción durante veinte horas, y luego descansaba. Nada mal para una criatura cuyo destino era hacer nada. Oh, pero esta no era esa clase de criatura… ya lo verán.



-Me pregunto si hoy se va a aparecer. –dijo la Baba Deku justo después de haberse levantado. Al no percibir nada a su alrededor comenzó a tararear una desagradable canción sobre las desgracias de ser él.
Se las escribiría pero no quiero insultarlos a ustedes, mis amados lectores…

(…)

¡Qué rayos!

-¡Oh, mi vida, por qué me tratas mal!... ¡Lo siento en mi pesar… las ganas de poder volar! A ti en mi vida, como el mar… -no sé si al leerlo pudieron captar dónde estaban colocadas las aberrantes desentonaciones. Las escribiría yo mismo pero serían demasiados errores gramaticales.

En fin. La pobre Baba se levantaba cada mañana esperando a que otra Baba, a unos metros de él, también se levantara. Cabe mencionar que la otra Baba era hembra… y nuestro querido protagonista sentía un tremendo deseo hacia ella. ¿Amor?, ¿Pasión?, ¿instinto?, no lo sé realmente. Como dije antes, es inusual que una Baba Deku tenga deseos de, bueno, algo.

Durante horas la Baba Deku esperó. Entre que el viento sopló y uno que otro monstruo pasó por la senda, se fue la mañana y llegó la tarde.
Fue muy aburrido observar ese momento, casi me iba de la escena cuando de pronto ella apareció. Emergió de las profundidades de la tierra una Baba Deku; del mismo color y forma, estatura y anchura como cualquier otra Baba que he visto. Dientes filosos como… dientes filosos, y una gracia casi tan inexistente como el hombre del observatorio.

¿Cómo nuestra Baba protagonista diferenciaba a aquella otra Baba como una hembra? No lo sé, pero le gustaba y ese era el punto.

-No puedo creerlo… -casi se ahogó de la emoción, y se dijo a sí mismo. –Después de casi cuatro meses sin verla, al fin aquí esta. Mi amor, mi pequeña flor que florece por la tarde.

Nuestro protagonista era muy romántico, pero demasiado tímido. Ya que aunque ambos siempre estaban a pocos metros, nunca, jamás… en la vida, se han dirigido una palabra. Pero él la amaba y era lo único que importaba. Qué drama. Qué sabor.

-Es mi oportunidad de demostrarle mi entero amor por ella. –se susurró. –Pero… ¿Cómo puedo comenzar una charla? No sé ni qué le gusta, ni cuáles son sus planes para el futuro. Ni siquiera sé si su familia me aceptará. ¿Querrá brotes? ¿O preferirá algo más como ser un matrimonio libre?...

La Baba Deku había utilizado casi todo su léxico haciéndose preguntas a él mismo, cuando de pronto una idea saltó de su raíz y la sostuvo por un momento en sus pensamientos.

-Qué tal si le digo “Hola” -¡Bingo! Acertó nuestro pequeño y desproporcionado protagonista. Nunca subestimen el poder del hola. El hola tiene fuerza y pudor. Recuerdo que cuando conquisté a mi primera novia… bueno, esto no es sobre mí. El punto es que hola puede cambiar el destino de dos almas destinadas.

-“Hola… soy Baba ¿Cómo estás?”, no, no, con más calma. –Esperó un instante –“¡Qué tal! Pude notar que tus manchas son muy bonitas…” no, ¡No!, tonto, tonto, la vas a perder con algo así.

Finalmente Baba Deku tuvo el valor de plantársele enfrente –je jeje-, y tener la confianza de decirle lo que se había guardado en el tallodesde hace mucho, mucho tiempo.
Tomó aire, se lamió sus labios con su asquerosa lengua, sacudió sus hojas para sentirse ligero; el viento lo golpeaba en el rostro y todas las cosas que le iba a decir ya las tenía en la punta de la lengua. Era sólo cuestión de tiempo para que lo hiciera.

-Hol… -Si, sé lo que estás pensando. Que el romance entre esos dos era algo ridículo, imposible, banal, que no pasa. Bueno, yo no soy nadie para decir que esos dos no estaban destinados, quien sabe, quizás su relación pudo haber funcionado. Quizás pudieron haber tenido miles de plantitas carnívoras por ahí en el campo. Pero no, justo antes de que Baba Deku terminará la primera palabra llegó Link, ese chico genial que todos conocen, y asesinó a sangre fría a la Baba Deku hembra. Luego de eso se fue corriendo, dejando con vida a nuestro protagonista Baba Deku. Nunca más volvió a ver al niño genial. Y quizás Baba Deku tenga muchas secuelas, personalmente no lo he querido volver a ver.

Pero así es el amor muchachos ¡Así es!
Y la vida también. Oh, ese pequeño fragmento de universo llamado vida. Esa lección que la vida nos tiene qué enseñar justo antes de morir, o al menos unos días antes de ello. Pobrecito, pero hay que aprender, pequeños, que la vida es dura. La vida es dura.


Soldado 9:
Un pequeño brote se asomó por entre las aberturas de una semilla deku. El retoño se abrió paso entre la tierra, pasando entre gusanos que no se atrevían a mordisquearlo, porque sabían que era una planta diferente. Al fin, después de un penoso camino, consiguió salir a la luz del sol.

Al pasar los días, la planta se iba tornando más verde con el calor del astro rey. Poco a poco se tornó moradita en la punta, formando un pequeño bulbo de lo que sería una bella una bella flor. El color del capullo era de un morado brillante, por lo que muchos animales, e incluso las hadas, miraban curiosos la magnificencia de tan bella planta. Había más retoños cerca de esa planta, todos formando sus corolas moradas esperando el momento para florecer.

¬ Pequeñas criaturas de la creación.- dijo un hada que pasaba por ahí.- Seguramente al florear serán tan bellas, que complacerán a las mismas diosas que las crearon… ¡Oh, ésta, está abriendo! Vamos pequeña, abre tus pétalos con delicadeza para que el mundo disfrute de tu incomparable hermosura. ¡Eso, eso, sólo un poco más! Pequeña florecilla, es hora de que…

-ZAMP-

Y el hada fue engullida por un par de fauces de la Deku Baba recién floreada. Las hadas siempre olvidan que en ese lugar crecen Deku Babas.

Una tras otra, las deku babas abrieron sus fauces, las cuales tendrían que usar ahora que ya no quedaran raíces para nutrirse de la tierra, dada su naturaleza. Pero nuestra pequeña protagonista era diferente a todas las deku babas. No era más morada, ni más grande, ni más feroz, simplemente, ésta tenía un nombre. Pero como no hablo idioma deku baba, yo le daré nombre. Éste era Pedro, la Deku Baba.

Pedro Deku Baba se sorprendió por el sabor del hada en su boca, escupió un par de alitas, y se puso al acecho para comer cualquier cosa que se acercara. A lo lejos podía escuchar los jugueteos de los niños kokiri, pero por el momento no podía adivinar de qué se trataba. Sabemos que las deku babas no tienen ojos; sin embargo, perciben su entorno de muchas formas diferentes, principalmente el aroma de las cosas. Y este sentido lo llevaría a encontrar su verdadero camino en la vida…

…No es que tuviera muchas opciones a donde ir. Pedro Deku Baba estaba condenado a seguir en el suelo, plantado por algún azar del ciclo natural de reproducción de las deku babas, y sin mayor aspiración que comer presas más grandes en cada ocasión. Alrededor había más de su especie, pero nunca se había percatado de ellos o al menos no con demasiado interés. Comer, esa debe ser la razón de ser de una planta carnívora y sanguinaria, por más que también quisiera aspirar a otra cosa. Pedro Deku Baba sabía que necesitaba algo, un motivo, una señal, una inspiración…

Un día, olió algo que se acercaba. Se agachó, poniéndose en posición de cacería.

¬ Pero qué hermoso campo de flores moradas. Hacía mucho que no veía un florecer así. ¡Oh, qué es esto! Pequeña criatura de la creación, florea, anda. Serás hermosa cuando…

-ZAMP-

Y la curiosa hada fue atrapada por las fauces de Pedro Deku Baba. En realidad, sólo una de sus alas. La otra ala estaba en las fauces de otra planta carnívora…

Era la flor carnívora más bella que Pedro hubiera visto antes. O mejor dicho, olido antes. Tenía unas finas espinas a manera de dientes, que la hacían lucir como una sonrisa tétrica que, en el mundo de las deku babas, resulta bastante atractiva. Esta planta jaló ligeramente a su presa, y hasta entonces Pedro Deku Baba cayó en la cuenta de que estaba siendo descortés. Soltó ‘su lado’ del hada, y se la cedió a la deku baba que lo había conquistado de un flashazo.

¬¡¡¡AUXILIO, AUXILIO, ME DUELE, WAAAA!!! TENGAN PIEDAD DE UNA POBRE HADA SIN KOKIRI, NO QUIERO MORIR, NO QUIEROOOO…!!!

-ZAMP-

El hada fue tragada por la deku baba de blanca y espinada dentadura. Mientras masticaba, Pedro Deku Baba la observó detenidamente. ¿Cómo es que no se había fijado en ella antes? Estaban a escasos metros de distancia. Aquella planta seguramente también tenía un nombre, pero Pedro Deku Baba decidió llamarla Carla.

Y entonces, nuestro flamante Pedro Deku Baba encontró su motivación en la vida: amar a Carla Deku Baba. ¿Las plantas carnívoras también tienen sentimientos? Claro que los tienen, sólo que no son muy socorridos. ¿Y por qué una planta se enamoraría de otra? ¿Qué no las plantas se reproducen con polinización, y no entre ‘machos’ y ‘hembras’? Ninguna de estas interrogantes tenía cabida en la mente de Pedro Deku Baba. Junto con amar a Carla, habían sobrevenido otras cosas. Principalmente, un inconveniente:

Las deku babas adultas, como Carla y Pedro, miden en promedio 1.20 m de altura estiradas en su máxima longitud. La distancia que separaba a Pedro Deku baba de su amada, 2.5 m. El pobre Pedro estaba a 10 cm de poder tocar a su verdadero amor, o siquiera darle un beso.

Primero, Pedro Deku Baba tenía que asegurarse de que correspondía. Pasó mucho tiempo bufando, haciendo círculos sobre su tallo, y moviendo las fauces como si quisiera hablar. Pero Carla Deku baba no le hacía caso, o al menos eso parecía.

Pasaron las semanas. El pobre Pedro había probado muchas estrategias. Había capturado hadas para arrojárselas a ella, desmembrado conejos para que ella los masticara más fácilmente, e incluso había intentado reptar hacia ella…aún cuando estar sembrada en el césped, y sin extremidades, le hiciera imposible realizar tal tarea. No podía acercarse, ¡no podía! Y Carla Deku baba sólo observaba los penosos esfuerzos de su enamorado por llamar su atención.

Un día, tal y como había sucedido en días anteriores…

¬ Pero qué bonito campo floreado. El árbol Deku debe de estar feliz por tener tantas flores bellas cerca. Momento, ¿qué es esto…?

El hada se acercó a Pedro Deku Baba, que reposaba, decaído, sobre su propio tallo.

¬ ¿Qué te acontece, pequeña criatura del señor? Se supone que llevo prisa, pero puedo ayudarte. ¿Pedro? Qué nombre más raro es ese para una deku baba. ¡Ah, mal de amores! Pues has confiado en el hada correcta. Sólo tienes que ser tú mismo, y no No tengo mucha experiencia en romance, pero puedo notar de inmediato cuando alguien me nec…¡EPA!!! ¿Por qué has intentado comerme? ¿Tu instinto? ¡Por las barbas de Nayru, si eres una deku baba! ¡waaa, déjame, no me comas!! ¡Las deku babas no se enamoran!
Y el hada salió volando en la dirección opuesta a la que venía. Desolado tanto por la pérdida de su presa como por las últimas palabras de ésta. <<¡Las deku babas no se enamoran!>>. Crueldad.

¡Pero no tenía por qué ser así!, pensó Pedro Deku Baba. Él estaba seguro de que amaba a Carla Deku Baba, y que podría alcanzarla. Sólo tenía que hacer un esfuerzo, un máximo esfuerzo, para llamar la atención de su amada. La ansiedad se apoderaba de él, recorriendo cada una de sus células filamentosas de clorofila y cuerpos de seres vivos a medo digerir. Un escalofrío, comparable al de una eléctrica muestra de amor, atravesó de lleno desde sus cortísimas raíces hasta sus carnosos cuasi labios…y un nuevo impulso nació en Pedro Deku Baba. El impulso de…¡Gritar!

¬CAAAAAAAAARRRRRRRRLLLLLLLLAAAAAADDDDDDDEEEEEEKKKKKKKKUUUUUUBBBBBBAAAAAABAAAAAAAAAAAAAAAAaaaaaaaaaaaaaaa…………

Carla Deku Baba se enderezó, y volteó al origen del grito. Ahí estaba Pedro Deku Baba, erguido, impresionado por haber gritado el nombre de su amada, alzando la voz que ninguna deku baba había expresado.

Y entonces…

Y entonces…Ella…

¬ ¡HYAAAAAAAAAAAAAAAA!!!

…Ella vió a Pedro caer cercenado por una espadita empuñada por un niño de ropas verdes. Como si no hubiera pasado nada, el niño siguió su camino, después de levantar una rupia como producto del corte de la planta.

¡Pero esperen…Pedro Deku Baba seguía con vida!

¿Cómo era posible? Quién sabe. Nuestro protagonista ahora no tenía tallo…¡Pero eso era bueno! ¡Ahora estaba despegado del piso! ¡Podría reptar hasta su amada!

¬ ¡Link! .- dijo un hada llegando atrás del niño.- Aún te falta un poco…

El niño regresó rápidamente.

¬ ¡KYAAAA KYAAA KYAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

Puff. Pedro Deku Baba cayó definitivamente.El niño levantó unas nueces deku, y se fue. El hada sonreía con malicia.

¬ La moraleja de esto…Es que las hadas debemos de vigilar por dónde andamos. – dijo, para después seguir su camino hacia el árbol deku.


Soldado 10:
El día final había llegado. La cúspide de una rivalidad que más allá de dos hombres representaba al bien y al mal. A ese conflicto eterno entre lo correcto y lo que no. Hoy, tras estas montañas que el cielo acarician y al sol ocultan, frente a frente se hallaban uno del otro.

“Finalmente has llegado, Héroe del Tiempo” pensó el hombre de piel morena y cabello cobrizo.

“Hoy todo habrá terminado” musitó el joven rubio de verde vestimenta.

El viento resopló y la tensión iba en aumento. La mirada de cada uno se fijó en los ojos del enemigo. El héroe posado sobre su fiel equino. El villano sobre sus dos piernas. El héroe blandió su arma mientras el caballo relinchaba, aquel, a lo lejos, empuñó sus manos. La pelea estaba por iniciar.

“¡Hoy habré de acabarte y salvaré este reino!”

“¡Yo seré el victorioso y el mal se cernirá sobre Hyrule!”


El caballo inició carrera, su galopar se dejaba escuchar tras el eco del cañón. El villano separó sus piernas, bajó su punto de gravedad y se preparó para recibir el embate del héroe. Luego, la batalla acabó.

En su veloz galope halló su perdición. Uno de sus tobillos se quebró y el héroe cayó al suelo. Primero golpeó el cuello, después la nuca. El equino rodó y la mandíbula del villano se desencajó, como si fuera a salírsele del rostro.

“Oye… ¿estás bien”

Se acercó a pasos trémulos. Lo miró patalear dos veces, mover sus manos una vez y mascullar incoherencias, luego, silencio absoluto. Parado frente a él le observó. Los ojos antes de un azul radiante se habían vuelto grises. Un hilillo de sangre escurría entre las piedras. No daba cabida a lo sucedido. La vista se le cristalizó, los puños apretó y dejó escapar un alarido de frustración. El héroe había muerto pero sin gloria ni honor alguno.

No lo soportaba y una lágrima recorrió su rostro. No era tristeza, tampoco dolor. Era frustración. Con su capa cubrió el cadáver del héroe, se dio media vuelta y su silueta se perdió a lo lejos, entre el claroscuro del atardecer. Nadie volvió a saber más de él.

La leyenda contó que en una cruenta batalla el héroe perdió la vida no sin antes acabar con el villano. Por lo largo de los años esa fue la historia que consagró al más valiente y bravío guerrero que pisó las tierras de Hyrule, Link, el héroe del tiempo.


Soldado 11:
Desde tiempos inmemorables el castillo de Hyrule era reinado por la familia real de Hyrule, la cual gobernaba sobre el resto de razas al ser la más poderosa, los Goron y Zora tenían grandes relaciones con ellos e incluso los Sheikah de Kakariko les servían. Pero un día todo cambió, la llegada del rey de los ladrones causo un gran revuelo, el gran Ganondorf irrumpió en el castillo de Hyrule, junto a su ejército de monstruos y Gerudos, con la intención de ser él el gobernante del reino, y debido a que no había nadie que se le opusiera lo consiguió.

Los años pasaban y el Gerudo al fin había conseguido su sueño, ahora era él quien se encontraba sentado en el majestuoso trono de Hyrule, no había nadie que se opusiera a su voluntad, nadie excepto un joven guerrero de ropas verdes llamado Link. Se escuchaban rumores de como el guerrero quería despertar a los sabios para poder así vencer al rey Gerudo, pero todo esto no le preocupaba en absoluto a Ganondorf, él estaba demasiado ocupado con otras cosas.

En un lugar del nuevo castillo de Hyrule se hallaba Ganondorf, sentado en una gran mesa llena de papeles, junto a sus consejeros, algunos tales como las hermanas Rova o un misterioso Sheikah, además de otros más. El Gerudo parecía algo agobiado por lo que estaba leyendo.

-No sé cómo decirlo, hay demasiados problemas-El gran rey tomó una pausa para intentar serenarse y luego continuar-Señores... Estamos en crisis.
-No se preocupe majestad, tengo una idea que nos ayudará a salir de esto-Dijo uno de los presentes-Se trata de los recortes, podríamos recortar la sanidad, la educación, etcétera, y desviar los recortes a nuestros sueldos, así no tendremos ningún problema .
-¡Debes estar de broma!-Respondió Ganondorf a la vez que se levantaba de su asiento con algo de furia-¡No pienso ser un corrupto señor Rajoy! ¡Es más, no sé ni porque le permití quedarse!
-Ganondorf tranquilízate, seguro que se te ocurre una solución-Dijo una de las hermanas Rova a la vez que se acercaba al rey.
-Si, tienes razón, tal vez debería tomarte unas vacaciones e ir a cazar elefantes... ¡No, este no es el momento! Tengo que solucionar cuanto antes el problema de las deudas.
-También se está el problema del muchacho de verde-Dijo repentinamente el Sheikah-A pesar de estar interfiriendo en su camino y decirle cosas para ver si se acobardaba, parece que sigue adelante.
-No te preocupes Sheik, ese es un mal menor, llegado el momento ya sabes que hacer, mientras tanto debemos ocuparnos de la población. Así que por el momento nos encargaremos de hablar con el resto de razas para que nos ayuden.

Tras acabar de hablar, todos los presentes se pusieron en pie y fueron saliendo uno a uno de la sala hasta que al final no quedó nadie. El rey Ganondorf fue directo a por su caballo, su intención era la de hablar personalmente con ciertas personas, así que una vez montó a "Blacky the Majestic Flying Wonder Horse of Legend That Can Swim" partió en dirección a la Montaña de la Muerte, a la vez que su fantasma iba al bosque Kokiri.

Enseguida llegó a su destino, la Montaña de la Muerte, y fue directo a hablar con los Goron, más concretamente con Darunia, el actual líder Goron.

-Hola gran Darunia.
-¿Qué es lo que goro-quiere alguien como tú?
-Vengo a pedirle ayuda económica, nuestro reino está lleno de deudas y se muy bien que vosotros los Goron tenéis una gran cantidad de Rupias que sacáis de vuestras minas.
-Esas goro-joyas son nuestras.
-Entiendo, pero no le pido que me de todas, sino una pequeña parte que le devolveremos en unos años, cuando nos hayamos recuperado de la crisis.
-¡No!
-Por favor se lo pido, recuerde que hace unos años atrás cerré la Caverna Dodongo como me pidió para que no salieran los Dodongos.
-Sobre eso... Le pedimos al goro-niño que la abriera, resulta que allí estaba nuestra goro-comida favorita, así que terminó siendo algo malo.
-¿Y hay algo que pueda hacer para ayudaros ahora?
-Hmm... Si pudieras resucitar al goro-dragón Volvagia para que lo pueda matar, te daría lo que me pides.
-Pero según tengo entendido ese dragón se comerá a tu pueblo, es muy peligroso.
-¡No! Quiero matarlo yo y que todos me recuerden como el héroe Darunia.
-Está bien... Lo resucitaré en el Templo de Fuego para que así no pueda escapar ni matar a nadie, pero por favor toma esto, seguro que te ayudará.

El rey Gerudo le hizo entrega del Martillo Megatón al líder Goron, para que así pudiera vencer al malvado Dragón. Tras darle dicha arma fue al templo de fuego para resucitar al dragón.

Mientras tanto el fantasma del rey ya había llegado al bosque Kokiri, al entrar fue a hablar con Saria, quien era la que mandaba actualmente sobre todos los Kokiri, y que ahora se encontraba en lo más profundo de los bosques perdidos. Tras una larga hora de estar dando vueltas en círculo, el fantasma al fin llegó a donde se encontraba la pequeña Kokiri.

-¿Señorita Saria?
-Mira por donde, el "gran" Ganondorf no se atreve a venir y tiene que mandar a su fantasma para hablar conmigo. ¿Qué quieres?
-Esto... verás... Me gustaría saber si es posible que usted no diese algo de dinero.
-¿Cómo dices?
-Sabemos que vosotros los kokiris sois unos grandes ladrones y que a todo aquel que se pierde en los bosque acabáis atracándole, tras muchos años de hacer esto tenéis una gran suma de rupias, por eso nos gustaría que nos prestaseis algo.
-¿Y por qué debería hacer yo algo así?
-Le pido que recuerde cuando antaño cumplimos su petición de matar al tirano del Árbol Deku.
-Hmm... Si, eso es cierto, pero aun así el estúpido de Link le salvó y acabó por nacer esa estúpida semilla.
-Pero... Nosotros cumplimos con nuestra palabra.
-¡Eso no fue suficiente! Así que tú personalmente vas a pagar por todo, si queréis el dinero, deberás quedarte en el Templo del Bosque para protegerme a mí ¿De acuerdo?
-Pero señora, eso podrá afectar al resto de Kokiri.
-¡No me importa el resto, son unos ladrones inútiles, así que si quieres ayudar al resto del reino ya sabes lo que tienes que hacer!
-Está bien, como ordenes.

El pobre fantasma acabó aceptando la condición de Saria y fue al interior del templo. Por otro lado, Ganondorf ahora se encontraba hablando con el rey Zora para pedirle también dinero.

-¿Me dará el dinero si congelo el agua?
-Así es, siempre he soñado con poder patinar.
-¿Pero eso no será malo para vuestra raza?
-¿Y qué si lo es? Son mis súbditos, ellos tienen que hacer lo que yo diga, así que obedece al igual que cuando te pedí que mataras a Jabu Jabu.
-Cómo ordene majestad.

El rey Gerudo hizo caso omiso a su petición y congeló todos los Dominios Zora, consiguiendo así el favor del rey, tras esto volvió a su castillo para seguir con sus asuntos e intentar sacar al reino de Hyrule de la crisis.

El tiempo pasó y el rey Ganondorf fue consiguiendo su objetivo gracias a la ayuda del resto de razas, pero el guerrero de nombre Link fue abriéndose camino hasta llegar al castillo de Ganondorf, allí consiguió llegar hasta el mismo rey y derrotarlo en una épica batalla.

-Por fin te he derrotado rey de las tinieblas, ahora libera a Hyrule de su castigo-Exigió el guerrero.
-¿Por qué me haces esto?
-Por todos tus crímenes, casi matas a mis amigos los Kokiris, Goron y Zora.
-No sé a que te refieres, mi fantasma se quedó con los kokiri a petición de Saria, Darunia me pidió que resucitara a Volvagia y el rey Zora me ordenó que congelara sus dominios.
-¡Todo eso son mentiras! Tú has condenado a Hyrule.

El guerrero alzó su espada dispuesto a matar al Gerudo pero una piedra que le golpeó en la cabeza le detuvo, al parecer se trataba de los ciudadanos de Hyrule, quienes habían ido a salvar a su rey.

-¿Qué hacéis? Voy a matar a este malvado y así seréis libres.
-Ya somos libres, el rey Ganondorf nos libró de la tiranía del anterior rey. Gracias a su reinado monstruos y humanos podemos convivir en paz, incluso nos ha sacado de la crisis.
-No puede ser... El secuestró a la princesa Zelda.
-Por favor, ¿acaso crees que soy tan inútil?

De detrás de la multitud salió la princesa Zelda y se acercó a Ganondorf.

-¿Qué haces princesa? Es peligroso.
-¿Ganondorf peligroso? Vaya chiste más malo. Él es mi esposo.
-¿CÓMO?
-Así es Link, la princesa y yo estamos casados, ella fue quien pidió que salvara Hyrule de la tiranía de su padre.
-Yo... Yo pensé que había algo entre nosotros.
-Por favor Link... Pero si eres el dios de la "Friendzone"

Con esas últimas palabras, el guerrero se quedó hecho polvo y terminó por marcharse de Hyrule.
 
Fortianitas
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Segundo concurso de Género Fanfiction de Zelda, ¡Acción!

Y otras dos que no cupieron
Soldado 13
Cuando el mal comenzó a gobernar sobre estas tierras, poderosas criaturas fueron invocadas para detener a cualquier intruso que intentara conseguir los objetos sagrados que podrían erradicarlo. Es así como, en las profundidades de esta mazmorra, una bestia ancestral habita y permanece al cuidado de una de las ocho Esencias de la Naturaleza.

Ocultándose en una enorme habitación donde puede mover su enorme cuerpo sin ninguna dificultad, el feroz dragón de escamas verdosas vigila la única entrada a la cámara en la que se halla. Pocas fueron las personas que lograron ver su rostro, pues la guarida es un enorme laberinto lleno de trampas y acertijos. Pero Gleeok, como el monstruo se hacía llamar, había sido alertado de la presencia de un joven que se había hecho ya con los objetos sagrados de otros lugares, habiendo venido ahora en la búsqueda del que tenía bajo su cuidado.

El abominable dragón se preguntaba quién podía haber sido aquel sujeto que había logrado avanzar a través de los grandes desafíos que se le impusieron, así que una enorme carcajada fue lo que salió de él cuando vio con sus propios ojos a un chico de ropas verdes, dudando de que se tratara del dichoso hombre del que debía cuidarse.

—¿Eres tú el mocoso que va a enfrentarme? —se refirió la criatura al muchacho que desenvainaba su espada, preparado para luchar. El chico asintió, haciendo un gesto de confusión al percatarse de lo que estaba afirmando.

—Creo que nos han subestimado, hermano. Demostrémosles cuán terrible somos —manifestó una segunda cabeza, al lado derecho de la otra, la cual se conectaba al mismo cuerpo y que no había dado ninguna señal de vida hasta el momento en que salió de entre las sombras, o al menos para su enemigo, quien la vio con asombro.

La cabeza derecha, sin esperar más, realizó el primer movimiento y se lanzó contra su adversario, en un intento de aplastarlo con su peso. El chico de ropas verdes eludió rápidamente el ataque y saltó con su espada hacia él al tiempo en que lanzaba un grito de batalla, uno que se fue apagando cuando la espada rebotó en el hocico del dragón como si de un arma de juguete se tratase, golpeándolo una y otra vez, pero sin éxito.

Gleeok no tarda en levantarse y ruge con braveza a escasa distancia del chico, quien se ve cubierto por la saliva que el dragón escupe, lo que le produce cierta repugnancia y que se refleja por completo en su rostro; sin embargo, aun asqueado, vuelve a centrarse en la batalla y se aleja rápidamente.

Sus enormes pisadas lo delatan y esta vez es la cabeza izquierda quien lanza su ataque: Una incandescente bola de fuego que a duras penas su oponente logra evitar, pero que consigue capturar toda su atención, no previendo el ataque de su hermano. La cabeza derecha se aproxima entre la polvareda levantada por el estallido e intenta atraparlo entre sus feroces colmillos, pero su enemigo lo sorprende al lograr evadirlo nuevamente, aunque sin total éxito, siendo golpeado por su hocico.

La cabeza de Gleeok parece saborear algo por sus gestos, sintiendo una especie de pelota de superficie lisa con su lengua. Segundos después, una sonora explosión se escucha desde su interior, viendo al chico desde cerca y eructándole en todo su ser, observando el dragón cómo se cubre su nariz para evitar el olor mientras siente una nueva textura en su boca.

Rápidamente se levanta y se coloca a la par de su hermano, abriendo su enorme mandíbula y aspirando aire con fuerza.

—¡¡Mi lengua!! ¡¡Ese niñato me ha arrojado algo y toda mi boca quema!! —exclama en su desesperación. La cabeza izquierda observa al muchacho, quien se acerca a lo que parece ser un pequeño saco, recogiendo unas piezas de distintos colores que debieron caerse cuando fue golpeado.

—¿Cómo puede arderte tu apestosa boca si puedes lanzar bolas de fuego por ella? —le recrimina su hermano tras volverse hacia él.

—Well excuse me, princess. Soy un dragón sensible.

—¿De dónde aprendiste eso?

La cabeza izquierda siente un leve ardor en su pecho, enfocándose nuevamente en el chico y observando que ahora está arrojando una de esas piezas de colores contra él, usando algo que parece un tirachinas. Su hermano recibe un leve golpe de su parte para que se enfoque nuevamente en el combate, yendo los dos juntos en busca del chico maleducado que no puede esperar el término de una discusión.

El joven espadachín toma una pieza verde de su saco y se la come, empezando a correr a una mayor velocidad que antes, lo que le permite escapar; sin embargo, ello aún no es suficiente para salvarse de la bestia de dos cabezas, quien lanza de sus dos bocas nuevas esferas llameantes que impactan muy cerca de él, haciendo que salga expulsado algunos metros adelante.

Gleeok, el dragón que no tuvo mejor idea que denominarse con un solo nombre teniendo dos cabezas con dos mentes propias, se lanza contra su víctima, quien se coloca de pie mientras tanto, pero se detiene al observar una capa anaranjada cubriendo su dorso.

—Él… la consiguió —dice estupefacta la cabeza izquierda.

El joven sonríe, lleno de confianza, y extiende el manto mientras se prepara para dar un gran salto y así alzar el vuelo, pero la prenda resulta muy larga para él por lo que tropieza y se da un golpe en el rostro contra el suelo.

La cabeza derecha vuelve a intentarlo y se arroja contra el muchacho, consiguiendo atraparlo en su boca esta vez.

—¿Dónde está el héroe ahora? —piensa mientras se inclina hacia arriba para tragárselo y acabar con todo esto.

Sin embargo, nada cae por la garganta de la bestia y, unos segundos después, un nuevo estallido se produce y sale disparado aquel molesto chico, envuelto en el manto. Extiende una vez más la capa y esta vez logra movilizarse por el aire, para molestia de la cabeza izquierda mientras la derecha da leves soplidos a causa de la explosión.

Es debido a la distracción de la derecha que el muchacho decide subirse a ella, golpeándola con su espada una y otra vez mientras la izquierda la embiste con el fin de quitárselo de encima, lo que únicamente consigue que vuelvan a discutir; sin embargo, una pequeña expresión de dolor se asoma en una de ellas cuando el chico consigue producirle un corte con su espada en su cuello, sujetando la empuñadura de su espada con firmeza y rebanando de un poderoso golpe una parte del dragón.

—Lo siento… hermano… —dice la cabeza derecha antes de cerrar sus ojos mientras cae, para tristeza y horror de quien era su inseparable compañero… mas rápidamente se reincorpora y empieza a flotar por la habitación, disfrutando de la total libertad que ahora posee.

La única cabeza unida al cuerpo toma entre sus colmillos a su enemigo, quien sigue sorprendido por la escena. Gleeok lo lanza por los cielos a gran velocidad mientras su hermano arroja una esfera de fuego que va en dirección al joven revoltoso, quien logra estabilizarse y evadir el ataque haciendo nuevamente uso de su capa. La cabeza flotante lo persigue por los aires, iniciándose una persecución mientras el dragón que aún cuenta con su cuello los persigue con la mirada, lanzando continuamente más bolas llameantes, lo que provoca el enfado de su hermano debido a que algunas de estas por poco logran alcanzarlo.

La cabeza flotante arroja contra su enemigo el mismo ataque, colisionando con uno de su compañero y produciéndose una enorme explosión; no obstante, ello no le detiene de perseguir al chico de ropas verdes, arrepintiéndose pronto de hacerlo al encontrarse con su hermano e impactar bruscamente entre sí.

La cabeza izquierda se siente adolorida por esto, no percatándose de los movimientos del muchacho hasta que el corte en su garganta es efectuado, cayendo al igual que su hermano.

—Je, je, je, ahora juntos podremos ir tras él —manifiesta, lleno de seguridad, mas pronto se percata de cómo unas llamas comienzan a consumir su escamosa piel.

—¿¡Pero qué!? —Se muestra sorprendida la otra cabeza, también siendo consumida por el misterioso fuego, el cual igualmente se extiende por el cuerpo que ambos abandonaron.

El chico de cabello rubio, quien cayó sobre el resto del dragón tras su último ataque, no parece verse afectado por las llamas, pero pronto nota que estas no se llevan consigo el esqueleto de la bestia. Ambas cabezas desaparecen y solo la estructura ósea del cuerpo se mantiene en pie; el chico cae a través de la abertura de dos costillas, desprendiéndose de su espada y atorándose sus piernas en el tórax del dragón. El esqueleto empieza a moverse a voluntad, corriendo a toda prisa por la amplia habitación mientras su enemigo permanece atrapado en él.

El joven suelta un suspiro hondo tras haber intentado en vano liberarse —Excuse me, princess.

—¿¡Es acaso una frase famosa!? —se pregunta la consciencia de la que era la cabeza izquierda.


Soldado 16:
Cruzaba el desierto luego de volver de una larga charla con el Rey de Hyrule. Tonto Rey, me estaba ganando su confianza, y pronto sería el momento de poner mi plan en acción. Pero antes, tenía que esperar a que ese niño me abriera las puertas de aquel reino, para conseguir lo que quería. Tal vez parecía sólo un niño, pero sus métodos eran buenos para conseguir las llaves del reino, pues hasta ahora había conseguido dos de tres; yo, a la fuerza, no había conseguido nada.

Iba muy sumergido en mis pensamientos sobre mis planes, cuando repentinamente noté algo extraño, a no más de 15 metros de mí estaba un oasis, y a su lado descansaba sentado un misterioso hombre… que parecía ser gerudo. ¡Pero yo soy el único hombre gerudo! ¡¿Quién se cree ese feo, gordo, viejo y narizón hombre para pisar mi desierto?! Fue lo que pensé, mientras corría hacia él lanzándole bolas de magia oscura. Quedé sorprendido al ver que sin dificultad alguna desvió todos mis ataques.

-¡¿Quién demonios eres tú?! ¡Dime tu nombre! –exigí, furioso.

-Pero qué descortés y paranoico eres, chico –me respondió con un tono de arrogancia mientras me veía con una sonrisa de autosatisfacción dibujada en su rostro.

-¡Que me digas quién eres!

-Ganondorf, Ganondorf –contestó fríamente.

-Ése es mi nombre, no lo gastes. Ahora, ¿me dices el tuyo? –le dije, tratando de sonar más amable. Estaba intentando ser paciente.

-Ganondorf, Ganondorf –volvió a decir, ahora con un tono de burla.

Y siguió repitiendo lo mismo una y otra vez, hasta que perdí la paciencia y, en lugar de estallar, como hubiera preferido, guardé la compostura y le seguí la corriente; mejor eso que discutir con este anciano inútil.

-¿Y qué haces aquí, tú que osas usurpar mi nombre e invadir mis tierras?

-Te recomiendo mostrar más respeto a quien viene a mostrarte tu destino, chico. Tienes varias posibles decisiones en este momento, y vengo a mostrarte sus resultados.

-¡¿De qué demo…

Antes de que pudiera terminar mi frase comenzó a sonar una horrible y aguda melodía, y el oasis desapareció. El sol también se fue, y el desierto, todo simplemente dejó de existir y aparecí por un instante en un ambiente totalmente vacío, pero fue tan rápido que antes de darme cuenta había aparecido en un enorme cuarto cuya única iluminación era la que emitían cuatro antorchas, cada una en una esquina del cuarto. A mi lado estaba el anciano, a quien vi rápidamente retirarse de los labios un objeto azul y guardarlo en su bolsillo.

-¿Qué es eso que chupabas, abuelo? –pregunté en tono de broma.

-Tocaba, no chupaba –me dijo seriamente, aunque no sé si fue idea mía, pero creo haber notado que por un momento su voz se quebró, como si se hubiera avergonzado. –Mejor deja de preguntar tonterías y mira allá. Toma en cuenta que ellos no nos ven ni nos escuchan.

Me señaló una escena que se desenvolvía frente a nosotros. Un horrible cerdo con un tridente corría por toda la habitación, mientras un niño vestido de verde lo perseguía con su espada. Eché a reír ante tan graciosa escena, pues el cerdo corría sobre dos patas y se tambaleaba tanto que parecía que apenas se podía mantener en pie.

-¿Quién es ese cerdo tan estú….

-¡Tú! ¡Eres tú! –me interrumpió el anciano –como dije, vine a mostrarte tu destino. Eso es lo que te sucederá siglos en el futuro si… ehm… ¿cómo era? –se quedó pensando unos minutos hasta que pareció recordar-, si derrotas al niño hada antes de que consiga abrir las puertas del reino donde reside aquel poder que deseas.

-¿Qué balbuceas, viejo? ¡Eso no tiene ningún sentido! ¿Cómo diablos me convertiría en un cerdo? ¿Y por qué mataría al niño antes de que lograra lo que espero?

-Decisiones, Ganondorf, de eso te hablé al inicio, éste es el resultado de una de tus decisiones. ¿Que cómo te conviertes en eso? Eventualmente, luego de haber derrotado al niño, te hiciste con el poder que deseabas, y aquel reino se convirtió en tuyo, pero quedaste atrapado en él hasta que un amigo tuyo decidió ayudarte a escapar de ahí, pero sus planes fueron arruinados por otro niño hada quien te asesinó y se hizo con tu poder –tomó aire y continuó-. Luego, tus nanas te revivieron, pero el mismo niño hada anterior te mató una vez más. Cientos de años después ocurrióesta escena que acabas de ver. Es incierto cómo volviste a este mundo y por qué en esa forma, pero eso es lo que pasó. Y adivina qué-, me dijo respirando una vez más y señalándome de nuevo al cerdo-. Mira cómo mueres una vez más a manos de otro niño hada.

Me quedé atónito ante su explicación. ¿Éste no controla lo que fuma o simplemente me juega una broma? No sé quién en su sano juicio se creería la sarta de bobadas que me acaba de decir. El niño hada, en efecto, termina con la vida del cerdo.
Antes de que pudiera reclamar, sonó otra vez la espantosa melodía y esta vez frente a mí se libró una batalla entre un niño… no, un joven hada, y un hombre gerudo que se parece mucho a mí, pero mucho menos guapo y más viejo. Vi cómo el joven hada le dio una tremenda paliza, haciendo las mismas lentas piruetas una y otra vez, sin que el gerudo lograra defenderse ni una sola vez.

-¿Supongo que ése soy yo? –le pregunté a Ganondorf. Él asintió con la cabeza-. ¿Qué decisión debo tomar, entonces, para convertirme en un retrasado mental que no puede esquivar unas piruetas de malabarista de circo de quinta?

-Esto pasa si el niño hada descubre tus planes y se los cuenta al rey. Eres encerrado por cientos de años, hasta que por alguna razón misteriosa el poder que buscas despierta en ti y logras escapar. Usas a una de tus marionetas para encerrar a este mundo en el crepúsculo y blablabla, no voy a entrar en detalles de lo que es material para una historia malísima que nadie se creería. El punto es que otro niño hada te vuelve a mandar directo al inframundo.

-Así que en este destino vuelvo a ser aniquilado pero no me convierto en cerdo… interesante, suena mejor que el primero, definitivamente –dije con sarcasmo rascándome la barbilla. Él sólo hizo una media sonrisa.

Esta vez volteé a verlo atentamente y noté que era él quien tocaba esa melodía con un instrumento azul, pero antes de que me diera cuenta ya lo había guardado. Ahora llegamos al lugar más extraño de todos. Estaba sobre una torre, y a todos lados que volteaba estaba rodeado de agua, como si estuviera en una gran burbuja. Incluso llovía. Una vez más me había llevado al campo de una batalla. Ésta, a diferencia de la anterior, era mucho más entretenida y emocionante. El niño hada, como siempre, ahora contra… contra el anciano. Admití en ese momento que el anciano era hábil, pues estaba haciendo al niño batallar, bloqueando casi todos sus ataques y dándole unos buenos golpes. Sin embargo, el niño no se quedaba atrás, pues había logrado golpearlo fuertemente varias veces.

-Me intentas decir que tú eres yo en otro destino, ¿verdad?

-En efecto, pero por ahora presta atención.

Hice caso y seguí viendo la pelea, volteando justo en el momento del golpe final. Gracias a la ayuda de una niña lograron dejar paralizado al anciano, y el niño aprovechó ese momento para encajarle la espada en la cabeza. Miré perplejo al anciano a mi lado, al que no estaba siendo convertido en piedra con la espada clavada en su cabeza, mientras comenzaba a llover mucho más fuerte.

-¿Y bien? ¿Cuál es la decisión para el destino en el que no cuido las cantidades de alimento que ingiero y envejezco rápidamente, abuelo? –le pregunté en tono de burla.

Él no se lo tomó con gracia, suspiró y, mirando al suelo, me respondió-. Terminarás aquí si sigues con el plan que ideaste.

-¿Estás tratando de ayudarme a cambiar mi destino? –pregunté con curiosidad.

Comenzó, poco a poco, a reír, aumentando cada vez más el volumen de sus carcajadas. Lo miré y me dio pena ajena, ¿así de patético me veo cuando río? Debo ser realmente molesto cuando lo hago.

-Te equivocas –dijo finalmente–, vine a decirte que hagas lo que hagas… estás perdido.

Y diciendo esto finalmente desapareció, dejándome aquí en la torre, mientras el aguacero se hacía cada vez más fuerte. Detrás de él, sin embargo, dejó el objeto que tocaba, una ocarina azul. No logro recordar la melodía, pero desde entonces intento hacerlo, para salir de este mundo. Quizás algún día logre viajar a diferentes mundos como él, y, siendo el humor de las diosas tan retorcido como he visto, a lo mejor logro crear un cuarto destino para mí.
 
Fortianitas
9
Segundo concurso de Género Fanfiction de Zelda, ¡Acción!

4 Ganondorf
3 Deku Baba
2 Darknut
1 Gleeok

...curioso número. Así mismo, me es curioso como ahora, de las 10 historias, varias son considerablemente más cortas que en la ronda anterior; supongo que por muy difícil que sea escribir humor no requiere tanta linea para desarrollar la historia xP

Ya me las leí casi todas, en general me gustan, pero pocas me hacen reír a carcajadas =P

Lo que si me parece destacable es que, así como los dos fics de Darknut se agarran de la misma base, pasa eso también con dos de las tres Deku... Inteligencia colectiva, de seguro :linksurp:

PD: Calabozos diría que fue la que más carcajadas me sacó =P
 
Fortianitas
0
Segundo concurso de Género Fanfiction de Zelda, ¡Acción!

No las he leído todas, pero las que llevo hasta ahora, no me han provocado gracia :/ Me permito compartir una definición de comedia que me dio el maestro Alejandro Licona:

La comedia es colocar a los personajes en una situación que, para el público, es absurda; sin embargo, para el personaje representa un problema bastante intenso, sin importar lo ridículo que suene.

Espero que esto aplique para los fics también :P si bien no es necesario que nos hagan reír, la situación debe cumplir con estas características para ser comedia sin caer en el chiste fácil :)

Para el autor de Calabozos...tuvo una idea buena, pero me costó trabajo leerlo por faltas de acentos. Además, creo que estuvo buscando hacer reir y hay una que otra situación forzada. Ya que lea los demás los comentaré. Mucho éxito a todos ^_^
 
Fortianitas
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RE: Segundo concurso de Género Fanfiction de Zelda, ¡Acción!

YakioMidna dijo:
No las he leído todas, pero las que llevo hasta ahora, no me han provocado gracia :/ Me permito compartir una definición de comedia que me dio el maestro Alejandro Licona:

La comedia es colocar a los personajes en una situación que, para el público, es absurda; sin embargo, para el personaje representa un problema bastante intenso, sin importar lo ridículo que suene.

Espero que esto aplique para los fics también :P si bien no es necesario que nos hagan reír, la situación debe cumplir con estas características para ser comedia sin caer en el chiste fácil :)

Para el autor de Calabozos...tuvo una idea buena, pero me costó trabajo leerlo por faltas de acentos. Además, creo que estuvo buscando hacer reir y hay una que otra situación forzada. Ya que lea los demás los comentaré. Mucho éxito a todos ^_^

Es que a lo mejor el problema es querer ver la comedia (o quizá a la literatura en general) como algo estático, que cabe en una definición. ¿Nunca te has preguntado por qué a los musulmanes no les causó gracia cierta película que se elaboró hace como un año, aquélla donde el guión implicaba burlarse de Mahoma y Alá? ¿Nunca te ha dado duda por qué Mao mandaba matar a todo aquél que hacía chistes sobre el comunismo? ¿Alguna vez te has percatado que las comedias de Aristófanes difícilmente pueden hacer reir a alguien que no tiene un leve conocimiento de la Grecia clásica?

Vale la pena que el lector se comprometa con la profundidad que implica una lectura como una comedia, tal como se comprometería con otro género serio. La comedia no se trata de hacer cosquillas; es, quizá, algo más elaborado.
 
Fortianitas
9
Segundo concurso de Género Fanfiction de Zelda, ¡Acción!

Se suele ver a la comedia como la escoria de la literatura, lo mas simple y fácil de hacer, cuando en realidad es bastante exigente...

Y bueno, más allá de la definición que puede o no tener una comedia, es innegable que su propósito suele ser causar gracia al lector.

Jym Carrie merece un oscar =T